El miércoles pasado, el diario Financial Times abría toda la portada con una foto de Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo (BCE), anunciando que dimitiría antes del final de su mandato (que expira en septiembre de 2027) para volver a la política francesa. Aunque posteriormente Lagarde lo desmintió, ya ha comenzado públicamente la carrera por parte de diferentes candidatos de diferentes países para sucederla.
El mismo FT mencionado, en la página 2, hacía un largo artículo explicando que el candidato mejor situado a estas alturas para suceder a Lagarde es el español Pablo Hernández de Cos, antiguo gobernador del Banc d’Espanya (2018-2024) y actualmente presidente del Banc de Pagaments Internacionals.
El BCE ha sido la institución más eficaz en la lucha contra la crisis provocada por la covid y se va configurando como el nuevo superpoder europeo: el BCE comenzó a comprar, a partir de abril de 2020, deuda pública de los estados miembros sin límite de cantidad, para proveerles de liquidez suficiente para hacer frente a los pagos originados por el confinamiento de sectores enteros de actividad.
La eficacia de las vacunas hizo el resto y la rápida recuperación económica de la Unión Europea (UE) fue un hecho a partir del otoño de 2021. La Generalitat de Catalunya, por ejemplo, pudo gastar los años 2020 y 2021 casi 5.000 millones de euros más de lo que tenía presupuestados, gracias a las compras masivas de deuda pública española por parte del BCE.
El BCE se ha vuelto muy rápido y eficaz si hay que apoyar a los gobiernos. Tiene una gran capacidad de control de los mercados financieros (las primas de riesgo, que estuvieron a punto de romper el euro en el año 2012, fueron inexistentes en 2020) y de las crisis bancarias: solo hay que recordar la colaboración prestada para resolver rápidamente la crisis de un banco sistémico europeo como Credit Suisse en 2023. Hoy la presidencia del BCE es el cargo más disputado en el ámbito europeo.
"El BCE se ha vuelto muy rápido y eficaz si hay que dar apoyo a los gobiernos, tiene una gran capacidad de control de los mercados financieros y de las crisis bancarias"
Es en este contexto que se entiende mucho mejor una noticia trascendental que sacudió la Europa política y económica el pasado 11 de febrero y que aquí pasó desapercibida: Joachim Nagel, gobernador del Bundesbank (banco central alemán), se pronunció por primera vez a favor de emisiones puntuales de eurobonos, es decir, de deuda pública emitida conjuntamente a escala europea, aunque solo fueran destinadas a financiar algunas inversiones concretas, como el gasto en defensa común de la UE.
Cabe tener presente que Alemania, históricamente, siempre ha sido contraria a este tipo de emisiones de deuda pública mancomunadas, al entender que no pueden compartirlas con países que no son capaces de controlar su déficit y deuda públicos. Este consenso siempre había abarcado todos los partidos políticos alemanes, hasta el punto de que los comunistas de Die Linke hace quince años pedían la expulsión de Grecia del euro si sus colegas de Siriza incumplían las normas de disciplina fiscal del euro.
Solo la gravedad de la pandemia en abril de 2020 hizo que la canciller Merkel, viendo que la caída del PIB en Europa a causa de la covid era tres veces más intensa que la caída del PIB del año 2010 provocada por la crisis financiera, autorizara excepcionalmente la emisión de los fondos Next Generation (750.000 millones de euros en deuda pública emitidos a escala de la UE): era necesario evitar la más que probable ruptura del euro y de la UE, si la respuesta ante la crisis volvía a ser individual, como ocurrió entre 2010 y 2014.
"El candidato español, Hernández de Cos, tendrá que competir duramente con una Alemania que no está dispuesta a volver a dejar pasar la oportunidad de presidir la institución más poderosa de Europa"
También hay que recordar que Alemania tenía que presidir el BCE en el año 2012, cuando se había pactado que al presidente francés Jean-Claude Trichet le sucedería el alemán Axel Weber... pero Alemania lo retiró en disconformidad con el rescate de Grecia, que Francia impuso después de ganar la votación en el BCE unos meses antes de hacer oficial el relevo mencionado.
Alemania prefería el modelo de los EUA: no hay rescate federal para una ciudad o un estado si quiebra por mala gestión, tal como Grecia había hecho (mintió sobre su nivel de endeudamiento a la UE durante cinco años y, cuando la Troika llegó a Atenas, descubrió que la agencia tributaria de Grecia no tenía ordenadores...). Hoy, felizmente, Grecia se está recuperando de manera espectacular, generando superávits fiscales con los cuales está reduciendo rápidamente su deuda pública y protagonizando una espectacular transición energética que la sitúa en el podio europeo justo detrás de Dinamarca.
Hace quince años, Francia hizo descubrir a Alemania que estaba en minoría en el BCE. Fue así como Mario Draghi, un italiano, consiguió la presidencia cuando a Italia no le tocaba tenerla... y Draghi fue un hombre clave en julio de 2012 con su famoso “Whatever it takes”, para tumbar toda la especulación financiera que apostaba por la ruptura del euro.
España, como Alemania, tampoco ha tenido nunca la presidencia del BCE, pero ahora el candidato español tendrá que competir duramente con una Alemania que no está dispuesta a volver a dejar pasar la oportunidad de presidir la institución más poderosa de Europa.
Justo cuando la guerra de Ucrania sigue atemorizando el centro y el este del continente europeo, y cuando el presidente Trump genera cada día más incertidumbre global con sus obsesiones arancelarias, la CDU de Friedrich Merz no quiere repetir el error de la CDU de Merkel, y menos aún en una Europa donde hoy el PSOE de Pedro Sánchez está en clara minoría ante una mayoría de gobiernos de la UE conservadores y de ultraderecha... Macron y Meloni ya preparan el cesto donde irá mucha más lubina que sardinilla, en forma de compensaciones que Francia e Italia querrán cobrar de Alemania para cederle el BCE.