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Clúster Manager del Clúster Audiovisual de Catalunya

Más allá del K-pop y el K-drama, Corea exporta un modelo audiovisual global

24 de Mayo de 2026
Eduard Gil, clúster manager del Clúster Audiovisual de Catalunya

Venimos de Corea del Sur. La misión empresarial de los socios del Clúster Audiovisual de Catalunya con colaboración de Acció, nos deja una idea central muy clara: el país no solo exporta contenido cultural de éxito, sino que ha construido un sistema completo donde cultura, tecnología, industria y proyección internacional funcionan de manera coordinada. Este es, probablemente, el gran aprendizaje. Corea no improvisa: planifica y escala de manera muy rápida.

 

Durante años, desde Europa hemos observado la Hallyu (la Korean Wave) desde su capa más visible: el K-pop, los K-dramas o fenómenos globales como El juego del calamar (Squid Game, 2021), o la premiada Parásitos (Parasite, 2019), que hizo historia en los Premios Oscar. Pero cuando se entra en el detalle de su ecosistema, se entiende que el éxito no es casual. Es el resultado de una estrategia sostenida en el tiempo, donde el sector público y el privado trabajan alineados para convertir la cultura en un activo económico.

"Corea no improvisa: planifica y escala de manera muy rápida"

En Corea, la cultura es industria. No se trata como un sector accesorio, sino como una infraestructura estratégica de país. Organismos como la Korea Creative Content Agency (KOCCA) no solo dan apoyo al sector, sino que estructuran todo el ecosistema: desarrollo de talento, impulso de la propiedad intelectual, internacionalización y conexión con mercados globales. El resultado es un modelo en el que el contenido no es solo creatividad, sino también negocio. Catalunya, en este sentido, tiene una oportunidad clara. Disponemos de talento, de una industria audiovisual con capacidad, y de una identidad cultural fuerte. Pero a menudo todavía abordamos estos sectores desde una lógica de apoyo y no de liderazgo.

 

El caso coreano demuestra que, cuando la cultura se considera estratégica, se convierte en motor económico. Corea no piensa en productos puntuales, sino en universos escalables. Un contenido no se agota en un formato: se transforma, y crece. El modelo de plataformas como NAVER (el “Google coreano”) lo ejemplifica muy bien, con una cadena de valor que va del webnovel al webtoon, y de ahí a series, películas u otros formatos. Todo forma parte de un mismo ecosistema. Aquí es donde Catalunya tiene un reto estructural. Tenemos buenos proyectos, pero nos cuesta convertirlos en activos a largo plazo. A menudo trabajamos proyecto a proyecto, sin la musculatura necesaria para escalar. El reto no es solo crear contenido, sino construir IP capaz de crecer, y generar retorno.

En Corea, empresas, instituciones, universidades y centros tecnológicos no operan de manera aislada. Espacios como el Digital Media City de Seúl muestran qué pasa cuando todos los actores de la cadena de valor colaboran, se aceleran proyectos y se multiplican las oportunidades. La innovación no es solo una cuestión de talento, sino de contexto.

Catalunya tiene buenos fundamentos, pero aún le falta densidad sistémica. Hay que reforzar la conexión entre creadores, tecnología, financiación y mercados. Sin esta visión integrada, es difícil competir globalmente.

El conocido ppalli-ppalli coreano (“rápido, rápido”) no es solo una curiosidad cultural, sino una forma de ejecución. En Corea, la rapidez es parte del modelo productivo: las decisiones se aceleran, los procesos se simplifican y la respuesta es inmediata. En un entorno global competitivo, el tiempo es un factor clave. Esta velocidad también se entiende en contexto: la actual Corea nace de las cenizas de la Guerra de Corea (1950-1953) y de la ocupación japonesa iniciada en 1910, que dejaron prácticamente el país devastado. En pocas décadas, sin embargo, se ha convertido en una de las economías más avanzadas del mundo y en líder en tecnología y contenido cultural.

Sin necesidad de imitar este ritmo, Catalunya sí que debería asumir que la velocidad es competitividad. A menudo tenemos talento e ideas, pero nos atascamos en procesos lentos; somos especialmente lentos en los sectores creativos y tecnológicos, y llegar tarde puede significar quedarse fuera.

En Corea, la inteligencia artificial no es una hipótesis de futuro, sino una realidad integrada en la producción audiovisual coreana. Empresas como Studio Meta-K, MOFAC o Gaudio Lab muestran cómo la IA transforma todo el proceso: desde la creación hasta la distribución. Reduce costes, acelera los tiempos y abre nuevas posibilidades narrativas.

"En Corea, la inteligencia artificial no es una hipótesis de futuro, sino una realidad integrada en la producción audiovisual coreana"

Este es un punto crítico para Catalunya. La IA puede generar incertidumbre, pero también representa una gran oportunidad. El diferencial no será evitarla, sino saber utilizarla para amplificar la creatividad. Quien sepa combinar talento y tecnología tendrá ventaja. La IA puede automatizar procesos, pero principalmente debe crear nuevos perfiles creativos, nuevos contenidos que no existen y nuevos modelos de negocios culturales.

Corea, a largo plazo, ha construido su modelo con persistencia. La Hallyu (el K-pop, los K-dramas, la K-beauty) no es un fenómeno espontáneo, sino el resultado de décadas de inversión, y apuesta estratégica. Este es probablemente el elemento más difícil de replicar, pero también el más necesario. Catalunya no debe copiar Corea del Sur, pero sí que puede aprender de su enfoque: entender que la cultura es economía, que la propiedad intelectual es clave, que la tecnología es lenguaje y que la competitividad global exige una mirada sistémica.

La misión nos ha permitido ver un modelo diferente muy avanzado, pero sobre todo nos obliga a hacernos una pregunta: ¿queremos ser solo creadores de contenido o constructores de una industria cultural con impacto global? ¿Seríamos capaces de exportar un modelo catalán global con los artistas más internacionales que salen de Catalunya?, todavía hay mucho por aprender del modelo coreano.