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Discurso de Xavier Panés, presidente de la patronal Cecot, en la 31ª edición de la Noche de la Empresa
Muchas gracias por estar con nosotros un año más en La Nit de l'Empresa de Cecot. En nombre del Comité Ejecutivo y de la Junta Directiva, ¡enhorabuena a todos los galardonados y galardonadas! Y aprovecho para hacer extensible nuestro reconocimiento a todos los gremios, asociaciones, asesores, colaboradores, patrocinadores y, en definitiva, a todos los que formáis parte de esta gran Comunidad empresarial y profesional que es la Cecot. Y muy especialmente a todos los trabajadores y trabajadoras de la casa por el excelente trabajo del día a día.
¡A todos, muchas gracias y muchas felicidades!
Permítanme compartir con vosotros que esta es una Nut de l'Empresa especial para mí. Recientemente, he sido reelegido presidente de la Cecot para un nuevo mandato y quiero aprovechar la ocasión para agradecer a todos los socios y colectivos la confianza que depositáis en mí y os quiero corresponder con una ilusión y compromiso renovado. Una ilusión que sale de disfrutar del buen estado de forma en que se encuentra la casa y del orgullo de todo el buen trabajo hecho por el equipo y por el impacto positivo que tenemos en nuestro día a día ayudando a personas, profesionales y empresas. Trabajo que me inspira y me llena de energía para seguir cuatro años más.
Y un compromiso renovado también por responsabilidad. Por todo el trabajo que nos queda por hacer para nuestra comunidad y para Catalunya. Las ganas de seguir aportando “la mirada Cecot” a nuestra receta de riqueza compartida y de prosperidad. Como sabéis, en Cecot trabajamos para acompañar en los retos del día a día: los más inmediatos. Pero nos gusta también observar con mirada larga y, una vez más, aprovechar el altavoz de La Nit de l'Empresa para trasladaros algunas reflexiones de nuestra conversación interna.
El año pasado, aprovechamos para alertaros de las proyecciones de inviabilidad de la sociedad del bienestar a causa de riesgos demográficos como el envejecimiento de la población, la caída de la natalidad, la inversión de la pirámide de población y por la necesidad urgente de reorientar nuestra economía hacia una de más valor añadido, más productiva y más industrializada. Escenario del cual os seguimos alertando y que seguimos tratando diariamente en los diferentes ámbitos competentes en la materia. Porque, como siempre, esperamos que veáis en Cecot no solo una voluntad de diagnóstico, sino una capacidad de implicación y de pasar a la acción.
"Esperamos que vean en Cecot no solo una voluntad de diagnóstico, sino una capacidad de implicación y de pasar a la acción"
Por eso, este año en La Nit hemos adoptado el eslogan ¡Inconformistas en acción!. Somos inconformistas en acción para sumar y hacer que las cosas pasen. Ahora bien, ahora más que nunca, necesitamos pasar a la acción, con valores. No basta con hacerlo. Hay que hacerlo bien.
Vivimos en un mundo donde cotiza al alza la confrontación, la suma cero, donde van cayendo viejas máscaras de hipocresía, donde crece la deslealtad institucional y, en definitiva, donde perdemos estabilidad y previsibilidad. Un mundo donde el multilateralismo se debilita hacia el proteccionismo y la desconfianza, y donde las grandes potencias económicas ya no se esconden y utilizan su poder más allá del imperio de la ley y de las convenciones internacionales.
Pero no caigamos en la trampa de creer que ahora lo que conviene es desmantelar el orden institucional para "quemarlo todo", para "sacudirlo todo" y para renovarse a través de la destrucción y no a través del esfuerzo y la construcción.
No caigamos en la trampa de pensar que los valores democráticos han caducado y son obsoletos.
No caigamos en la trampa de pensar que hay que abandonar las normas y los valores y que no tenemos poder y que debemos permanecer al servicio de las grandes potencias.
Como bien explicó Mark Carney, primer ministro de Canadá, en su discurso Construir algo mejor en el Foro de Davos de este 2026, es comprensible que ante el escenario actual las naciones reaccionemos con más soberanía estratégica, con más repliegue. ¡Pero la pregunta es si nosotros simplemente también debemos construir muros más altos, o si podemos hacer algo más ambicioso!
Y nosotros decimos: "¡Y tanto que podemos!".
"No caigamos en la trampa de pensar que los valores democráticos han caducado y son obsoletos"
Es el momento de pasar a la acción, sí, pero el auténtico diferencial es pasar a la acción con valores.
Hacer próspera y competitiva una sociedad basada en la calidad de sus instituciones, construida sobre el respeto a los valores fundamentales, a la norma, al estado de derecho y también al deber, a la previsibilidad, a la justicia, a los derechos humanos, a la cultura y, en definitiva, en hacer de la democracia el elemento central de la competitividad de nuestra sociedad.
No nos dejemos desorientar por aquello que no podemos controlar y esforcémonos en el QUÉ y el CÓMO de aquello que sí que nos es propio y, más importante, que sí que nos hace únicos y auténticos. No nos lamentemos por el mundo tal como es y activemos el mundo como nosotros queremos que sea.
Y Catalunya lo tiene todo para triunfar.
Pero necesitamos más visión estratégica, más consenso político, más autoestima y que contemos más con las empresas para trabajar juntos. Sí, con las empresas y empresarios como célula madre de la economía. No nos distraigamos con aquello que no es competencia nuestra y abandonemos las confrontaciones políticas estériles que impiden avanzar en un momento de enorme necesidad.
"No nos distraigamos con aquello que no es competencia nuestra y abandonemos las confrontaciones políticas estériles que impiden avanzar"
Ocupémonos de avanzar hacia la estructura económica necesaria para poder generar prosperidad, empleo de calidad y mantener la sociedad del bienestar del futuro.
Ocupémonos de aumentar la productividad de nuestra economía y de abordar seriamente factores que la deterioran como el absentismo desbocado, la falta de impulso a la innovación empresarial o la fiscalidad no competitiva.
Ocupémonos de los elementos concretos que hacen avanzar el país y superemos ya los estudios y grupos de trabajo que nos han llevado a un sobrediagnóstico inoperante y a una desesperante inacción.
Ocupémonos de definir una política migratoria clara, con el apoyo de las empresas para orientarla al trabajo, con respeto a los valores y a la cultura de nuestra tierra, y a generar beneficio mutuo ofreciendo oportunidades y dignidad a las personas y contribuyendo a la sostenibilidad de la sociedad del bienestar.
Ocupémonos de construir la vivienda y las infraestructuras necesarias para la Catalunya que ya está aquí. Después de años en que se ha demostrado el fracaso de las medidas para mejorar el acceso a la vivienda, generando inseguridad jurídica, espantando la oferta, quitando pisos del mercado de alquiler y dificultando la construcción de obra nueva, ahora algunos se proponen confrontar propietarios e inquilinos y dar voz a las posturas más radicalizadas, en vez de hacer frente común y exigir juntos una Administración más eficaz y eficiente. Al Govern de la Generalitat, a los Ayuntamientos y al Gobierno de España les digo: ¡los empresarios estamos preparados! Dadnos el escenario necesario para invertir y construir, y revirtamos ya la falta de disponibilidad en una Catalunya y una España con una población creciente.
"Dadnos el escenario necesario para invertir y construir, y revirtamos ya la falta de disponibilidad en una Catalunya y una España con una población creciente"
Y a mis compañeros de los sindicatos. Ahora, ¿huelga? ¿Huelga contra quién? ¿Contra el Gobierno? Ah, no, ¿contra las empresas? Inmersas en una espiral de incremento de costes y disrupciones internacionales que dificultan cada día más su viabilidad y continuidad.
¿Hay que recordar que el 99% de las empresas del país son pequeñas y medianas empresas? ¿O cometerán el mismo error de pensar que la economía del país es la del Ibex-35, ignorando la microempresa?
Compartimos la responsabilidad de mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores y trabajadoras del país. Y por eso yo les digo: ¿para cuándo las protestas contra el incremento de los costes energéticos o contra la no deflactación de los tramos del IRPF? ¿Cuándo salimos para pedir la reforma urgente de la administración o la simplificación administrativa? ¿Cuándo toca hablar del establecimiento de medidas que impulsen la reconversión de nuestra economía hacia una de más valor añadido, más productiva y que permita generar un empleo de más calidad?
Antes, yo os decía: ocupémonos de aquello que nos es competente y abandonemos las confrontaciones políticas. Y añado: Y, sobre todo, ocupémonos de dar ejemplo, de inspirar al conjunto de la sociedad con nuestra capacidad de construir juntos a pesar de las diferencias y demostremos que no pueden triunfar los discursos de odio y destrucción, sino los de consenso y construcción.
Nos es indispensable explicar que hay que tejer alianzas y generar confianza para abordar los grandes retos y complejidades de nuestra era, y huir de las falsas promesas populistas, de derechas y de izquierdas, que regalan soluciones milagrosas a cambio del odio, la persecución o el ataque a pilares fundamentales de nuestra sociedad como la propiedad privada o el diálogo social.
"Ocupémonos de dar ejemplo, de inspirar al conjunto de la sociedad con nuestra capacidad de construir juntos a pesar de las diferencias"
Al conjunto de líderes de nuestra sociedad, muchos hoy aquí representados, os invito a hacer un pequeño experimento.
Ahora que iniciamos un período electoral, ¿qué pasaría si los líderes políticos salierais a la televisión y hicierais un llamamiento a la responsabilidad pidiendo, por favor, respeto a las instituciones y a la dignidad de las personas y que se dejen de utilizar expresiones que todos hemos oído hacia el presidente del Gobierno de España o de cualquier comunidad autónoma, hacia los diputados y diputadas de nuestros parlamentos, o alcaldes y alcaldesas?
¿Tan extraño sería? ¿Tan perjudicial sería para vuestra estrategia electoral? ¿Tanto se enfadarían vuestros asesores políticos? ¿Es así, pues, como ahora se ganan elecciones? ¿Este es el precio que estamos dispuestos a pagar? ¿A dar a entender que se puede denigrar al adversario, sea del color que sea, de la institución que sea, para conseguir los objetivos?
Si esto lo hacemos los líderes de la sociedad, ¿qué nos quedará por pedir a aquellos que nos hacen confianza?
¿Dónde queda aquella política, basada en el respeto y capaz de seducir desde la convicción y la argumentación?
En Cecot nos negamos a pensar que esta es la única fórmula y que ya no interesa la concordia, la profundidad y la verdad. No solo en la política, sino en cualquier interacción ciudadana, también en nuestras entidades, en el activismo social, en los equipos de trabajo o con nuestros vecinos.
Por favor, ocupémonos de nuestro país.
Pues no basta con hacer. Hay que hacerlo bien.
Seamos inconformistas y activemos el mundo que queremos que sea.
Y aquí nos encontraréis a los de la Cecot.
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