• Territorio
  • Gran Penedès Film Commission, el cine invisible

Gran Penedès Film Commission, el cine invisible

La actividad de rodajes en Catalunya aparenta una tendencia a la baja como resultado de una disminución competitiva en relación con otras comunidades autónomas

Set del rodaje 'Frontera' en un bosque catalán | Laura Busquets / ACN
Set del rodaje 'Frontera' en un bosque catalán | Laura Busquets / ACN
1604434214372
Coordinador general de la Mancomunidad Penedès-Garraf
27 de Agosto de 2025 - 05:30

En Catalunya, la industria filmográfica no tiene cabida; al menos, no en determinados organigramas. Se tienen en cuenta los proyectos, las estéticas y, discretamente, la adecuación de platós, así como el doblaje de películas en catalán. Parece que olvidamos, sin embargo, que alrededor de una producción hay toda una cadena de valor de extraordinaria repercusión multisectorial, generadora de negocio.

 

Un rodaje es una fuente de ingresos para una diversidad de proveedores y también para las administraciones públicas, como los ayuntamientos que aplican las tasas correspondientes. Por supuesto, la actividad agregada contribuye sobremanera al PIB del país. La tautología de la fábrica de sueños con la que nos insinuaban el séptimo arte ha dado paso a una factoría igualmente apasionante pero más fenicia.

Antes de comenzar la grabación de cualquier secuencia se habrán gestionado docenas de procedimientos y coordinado numerosos expertos y tantos o más profesionales, buena parte de los cuales viven de ello, desde los localizadores a los técnicos de edición, los operadores y los especialistas de diferentes oficios. Basta con entretenerse leyendo los créditos; a veces, inacabables.

 

La lista de empresas de servicios que intervienen en un rodaje podría llenar uno de aquellos volúmenes de páginas amarillas que nos dejaban en las casas. Comercio, comunicación, ferretería, carpintería, hostelería, imprenta, instalaciones, intendencia, interiorismo, jardinería, alquiler de maquinaria, logística, prevención, restauración, rotulación, sanidad, seguridad, cerrajería, vigilancia...

La producción audiovisual orientada a la publicidad, el cine, el documental, la música o las plataformas televisivas no deja de ser la transición entre una idea y un producto; del numen al negocio. Por lo tanto, estamos hablando de una industria transformadora. Hay una poética a partir de la inspiración y la capacidad creativa, sí, pero también hay una serie de ejercicios prosaicos que dan forma a la genialidad y aterrizan los proyectos hasta hacerlos visibles para los espectadores.

La producción audiovisual orientada a la publicidad, el cine, el documental, la música o las plataformas televisivas no deja de ser la transición entre una idea y un producto; del numen al negocio

Más allá de la bohemia, la cultura del film necesita una factoría transformadora y una correa de transmisión. Así lo entienden diferentes gobiernos que han puesto esmero y recursos a favor de la industria de la producción audiovisual. Como resultado de esta apuesta en estas geografías se han multiplicado los rodajes e, incluso y como consecuencia, se ha logrado la clusterización de la actividad, con el injerto de escuelas especializadas, centros de innovación e instituciones promotoras.

Esto ya viene de muy lejos y de unos cuantos gobiernos anteriores. Confiamos en que se resuelva el entuerto. De momento, hoy en día en el organigrama de la administración autonómica de Catalunya la actividad filmográfica es competencia del Institut Català de les Empreses Culturals (ICEC), organismo del Departament de Cultura. En el caso de la Conselleria d’Empresa i Treball, encontramos la única réplica a cargo de la agencia Acció, que da aliento al Clúster Audiovisual de Catalunya.

En las prédicas del ICEC -por lo tanto, desde la parcela de Cultura- se magnifica lo audiovisual “por el peso de su industria, el potencial como sector estratégico y la capacidad de internacionalización” y añaden que “es prioritario impulsarlo como sector que crea imaginario y referentes, que da a conocer nuestra lengua, nuestra cultura, nuestros paisajes y que dinamiza la economía.” El discurso está bien construido, sin duda; otra cosa es el esfuerzo presupuestario que lo acompaña.

En cuanto al vector cinematográfico, sí que se destinan subvenciones. No discutiremos si se discierne la calidad de las películas y se tienen en cuenta los criterios artísticos. Ellos sabrán cómo lo hacen. Sí que podemos afirmar, por el contrario, que uno de los segmentos más importantes de la producción audiovisual como es el cine publicitario no tiene ningún reconocimiento y no cuenta con el apoyo institucional. Hay que tener en cuenta que la actividad publicitaria nutre de profesionales, sistemas e innovaciones al resto de segmentos filmográficos; es la base del sector, como reconocen las mismas productoras.

Mientras aquí hacemos el pasacalle del ir tirando, otros se han reforzado con inversiones notables que atraen un número creciente de grabaciones y reúnen las grandes factorías de producción. Tenemos suerte de que los creativos se encuentran bastante a gusto en Catalunya. Aquí tenemos el conocimiento y el intelecto; según me explican. No ocurre lo mismo con la actividad de realización de videojuegos, en la que se observa una fuga progresiva de talento en dirección a Madrid. Los formamos aquí y tienen que marcharse fuera para crecer profesionalmente.

En el Garraf ya hace unos cuantos años que funciona una 'film commission' promovida desde el sector privado, de la mano de los ayuntamientos y la agencia de desarrollo comarcal

Las entidades públicas de impulso a la actividad audiovisual y sobre todo a la atracción de rodajes se conocen con las denominaciones film office -de alcance local- y film commission -de ámbitos más extensos. Así, aquí podríamos presumir con la Catalunya Film Commission si no fuera porque cuenta con una plantilla más que discreta y pone en evidencia que no tiene el rango ni la dotación que debería tener si las aspiraciones fueran otras. Lo mismo podríamos decir de la Barcelona Film Commission, sin mayor recorrido y con escasas ambiciones presupuestarias. Esto no desmerece el trabajo que hacen, a pesar de las precariedades.

En el Garraf ya hace unos cuantos años que funciona una film commission promovida desde el sector privado, de la mano de los ayuntamientos y la agencia de desarrollo comarcal. Tampoco dispone de remanentes, pero progresa adecuadamente en cuanto a la captación y gestión de los rodajes, que se han extendido a las comarcas vecinas bajo la pátina audaz de la Gran Penedès Film Commission. Además, Sitges acaba de presentar su film office, que no deja de ser una declaración de intenciones.

Se podría hacer mucho más, francamente.