Barcelona es una de las grandes cunas heladeras de Europa. Y con eso me refiero a que tenemos la suerte de tener en la ciudad heladerías de muy alto nivel sin caer en las cadenas internacionales. Entre las heladerías de toda la vida que llevan más de un siglo perfeccionando el arte heladero y los proyectos nuevos que están reinventando lo que significa un helado artesano, Barcelona vive un momento dulce y se ha convertido en un mapa delicioso para recorrer barrio a barrio. Aquí van mis seis paradas favoritas: una mezcla de clásicos con solera y descubrimientos más nicho, alguno que he fichado este mismo 2026.
1. La Campana - El Born

Empezamos por la decana. La Campana nació como turronería en Xixona (Alacant) en 1890. Arrancó como turronería de la mano de Francisco Mira Miralles, quien años después trasladó el negocio a Barcelona y abrió en 1922 la tienda de la popular calle Princesa que sigue en pie hoy. Los helados y la horchata llegaron más tarde a su obrador. Concretamente, en los años 50, como forma de dar salida al negocio fuera de la temporada navideña del turrón (si nunca habéis ido a comprar su turrón de crema quemada o sus mazapanes artesanos, es algo que debéis hacer en esta vida). La Campana puede presumir de ir ya por la cuarta generación al frente. Bea y Laura Ferrer Mira, con su madre Maria Dolors, siguen al frente cada día en sus dos locales prácticamente pegados en el Born —Carrer de la Princesa, 36 y Carrer de Flassaders, 15—, este último con terraza.
Sigue siendo una parada obligada en el Born: horchata casera, sorbetes de fruta natural y un helado de crema catalana —no podía ser de otra forma— que es puro recuerdo de infancia. Otros sabores que destacan son el de turrón (de Xixona o Alacant), la stracciatella, el pistacho y el chocolate negro, además de sorbetes de fruta y opciones veganas o sin lactosa. La horchata, con Denominación de Origen Chufa de València y elaborada a diario en su propio obrador, es la gran especialidad de la casa. Como anécdota simpática: el presentador Marc Giró confesó en una entrevista que su parada secreta en La Campana no son ni los helados ni los turrones, sino su bocadillo de jamón, al que va “antes de que vayan los turistas a hacer cola”.
2. Delacrem - Eixample (Enric Granados, Passeig Sant Joan) y Sant Antoni
El turinés Massimo Pignata, italiano del Piamonte, está detrás de esta famosísima heladería desde que abriese puertas en 2010 en la calle Enric Granados con Consell de Cent (hoy tiene también obrador y tienda en el Passeig de Sant Joan, 59). Pignata estudió Historia, pero lo dejó todo por el gelato tras pasar por el mundo del turismo. Desde entonces, esta elaboración dulce (o no tanto) es su obsesión: en Delacrem elaboran helado diariamente con ingredientes de temporada, sin añadir saborizantes ni colorantes artificiales.
Toda su carta es apta para celíacos y tienen también sorbetes veganos. La stracciatella es de culto y el affogato —café con helado de avellana— nunca falla. Si paseas por esa calle en verano, la cola en la esquina con Consell de Cent te dará la pista sobre su ubicación exacta.
En Delacrem elaboran helado diariamente con ingredientes de temporada, sin añadir saborizantes ni colorantes artificiales
3. El Gelat - Eixample (Rambla de Catalunya)

La apertura más reciente de esta lista, en agosto de 2026, y también la más “de autor”. Su artífice es Albert Roca, pastelero catalán con más de tres décadas de oficio, dos veces Mejor Croissant de España (2009 y 2018) y Campeón de España de Heladería Artesana 2022, título que ganó con una propuesta inspirada en la película muda Viaje a la Luna. Según contó en una entrevista, la pregunta que se hizo para crear el helado ganador fue, literalmente: “¿A qué sabe la Luna?”. El Gelat está en la Rambla de Catalunya 2-4 y lo ha abierto junto a Lluís Cintas, cofundador del festival gastronómico OríGenes.
La carta de El Gelat se organiza en tres bloques —Clásicos, de Temporada y Colección— y cambia constantemente: hay creaciones premiadas como el Mango Campeón (mango, té de rosa y nougatine de almendra) o el Citric Game (limón, pomelo, chocolate con leche, jengibre y lima), junto a rarezas de temporada como la sandía con tajín o el helado de cascarilla de cacao. También destacan el helado de Vainilla 3 Orígenes (México, Tahití y Madagascar) y una línea detox de frutas y vegetales. Casi el 45% de la oferta es vegana, según recogía la revista Tapas tras su apertura.
4. Hijos de Nata - Gràcia
Detrás de esta heladería de la Plaça de Gal·la Placídia está Barb, una diseñadora argentina que pasó por Adidas antes de fundar marcas de moda como Tinycottons o Tiny Big Sister; Hijos de Nata nació de las ganas de “emprender algo nuevo” junto a su pareja Gerard y otra pareja de socios, los también argentinos Leo Gibaut (con experiencia previa en una heladería en Sant Cugat) y su mujer. La estética retro chic de colores suaves, muy sesentera, de su monísima heladería, estaba pensada por Barb mucho antes incluso de encontrar el local.
Hijos de Nata es la heladería favorita de la directora de cine Isabel Coixet y del cantante Carlos Sadness
Acaban de conseguir un Solete de la Guía Repsol, que además reveló que es la heladería favorita de la directora de cine Isabel Coixet (fan del sésamo negro con caramelo de miso) y del cantante Carlos Sadness, que se decanta por el pistacho por lo que le recuerda a su infancia. La carta es reducida, de unos veinte sabores, elaborados con leche fresca que llega a diario de la granja Cal Porta (Sant Fruitós de Bages). El negocio, que se ha hecho un nombre en poco más de un año, prepara ya su expansión: un segundo local en la calle Rubinstein, en Sant Gervasi.
5. Pot Helados - Gràcia y Sant Antoni
Pot es un proyecto argentino que ha conquistado Barcelona en tiempo récord. Arrancó en 2019 en Mercedes (Argentina) de la mano de los hermanos Nicolás y María Paz Barnetche junto a María Victoria Aschero, pareja de Nicolás. Cuando decidieron probar suerte fuera de Argentina, eligieron Barcelona: en mayo de 2025 abrieron su primer local en Gràcia (Martínez de la Rosa, 65), en el local que antes ocupaba la heladería Selvática, y en marzo de 2026 estrenaron un segundo local en Sant Antoni (Parlament, 37). El nombre de Pot juega con el doble sentido de “pot” en catalán (el bote de helado) y “pot” en inglés (maceta), ya que su idea original era reutilizar los envases como maceteros.

Su carta es deliberadamente reducida —dieciocho sabores que rotan con la temporada— y apuesta por producto catalán de proximidad: avellana de Reus, pistacho de Lleida y miel de Girona conviven con su gran seña de identidad, el sabayón, hecho con yema de huevo, azúcar y vino dulce (son los únicos en la ciudad que lo sirven). El pistacho es el sabor más pedido de una carta que completan con un delicioso granizado de dulce de leche y una línea propia de alfajores y chocolate artesanal que van ampliando local a local.
6. Paral·lelo Gelato - Gràcia
Esta lista (injusta y parcial, como todas) cierra con otro proyecto italiano, muy distinto en espíritu al de Delacrem, pero que me tiene igualmente enamorada. Lo fundaron en 2017 cuatro amigos de infancia oriundos de San Remo —Matteo Reggio, Gianluca, Francesco Guerrucci y Marco Giancaterino— en la calle Séneca, a la entrada del barrio de Gràcia. Curiosamente, quien se formó como maestro heladero no fue Marco, pese a venir de familia heladera, sino Matteo, que estudió en la prestigiosa Università dei Sapori de Perugia y viene de una familia de productores de huerta. Puede que eso explique su querencia por el producto de temporada y de proximidad.
Junto a clásicos del arte helado como la fresa, el pistacho o la avellana, la carta incluye combinaciones tan atrevidas como sésamo negro, azafrán, yogur con curry, aguacate con lima y tabasco
Se autodefinen como “cazadores de sabores” y no exageran en absoluto: junto a clásicos del arte helado como la fresa, el pistacho o la avellana, la carta incluye combinaciones tan atrevidas como sésamo negro, azafrán, yogur con curry, aguacate con lima y tabasco o incluso el atrevido helado ahumado de queso cheddar con bacon. Como aval, el chef Jordi Roca, de El Celler de Can Roca, la considero como una de las mejores heladerías de la ciudad y la Slow Food Guide la incluyó en su selección de locales que realmente trabajan bajo su filosofía. Además de su tienda original en Gràcia, tienen presencia estable en Time Out Market Barcelona (Port Vell), donde sirven un brioche con dos bolas de helado que se ha convertido ya en un clásico del verano.
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