El pasado domingo, en medio del escenario más deseado, el Barça consiguió su vigésimo noveno título de campeón de Liga, un hito de gran mérito si tenemos en cuenta las circunstancias tanto internas como externas que marcan la vida del club. Pero vayamos por partes: hablábamos de escenario deseado porque cualquier culé habrá soñado siempre con proclamarse campeón ganando al Real Madrid, que es justo lo que ahora ha sucedido (sorprenden mucho las alegrías que el calendario ha ofrecido al Barça los últimos años, con dos ligas conquistadas en campo del Espanyol y una contra los blancos).
Pasadas las celebraciones más inmediatas, una de las reflexiones que ha frecuentado las páginas de los medios es la que se centra en valorar el ciclo de victorias del club azulgrana desde la llegada de Johan Cruyff al banquillo de la entidad, hecho constatable y bastante evidente. Desde que el neerlandés puso los pies en Barcelona, en 1988, el Barça ha ganado 19 campeonatos de Liga, mientras en las seis décadas anteriores se habían conseguido solo diez títulos. La desproporción es clara y el efecto Cruyff, tanto desde el punto de vista de criterio deportivo como de mentalidad, está fuera de duda. Pero en realidad hay más razones para este aparente cambio de tendencia y aquí ya no llegan la mayoría de analistas.
El enfoque que proponemos desde estas páginas es casi inverso al pensamiento general: que el Barça gane casi siempre tiene más de retorno a la normalidad que de una ruptura estructural de la tendencia. Para entender esta aproximación una de las tareas que resulta imprescindible es abrir el foco y contemplar el panorama deportivo del Estado, sobre todo en lo que se refiere a deportes de equipo; si hacemos esto, comprobaremos que en la gran mayoría de competiciones tienden a ganar de manera sistemática los clubes catalanes. Es una realidad que se impone tozudamente desde la noche de los tiempos y que solo se ha podido desmenuzar a través de factores ajenos al deporte, y muy especialmente a las injerencias políticas. Cuando ponemos la lupa en el caso del fútbol, debemos tener en cuenta que el Campeonato de Liga no es la competición fundacional de este deporte, sino que nació tres décadas después de los primeros torneos oficiales, de los que hablaremos más adelante.
Si miramos el palmarés actual de la Liga, observaremos que existe una gran brecha de títulos a favor del Real Madrid, que tiene 36, mientras que el Barça se queda en los 29, lo cual hace pensar -si no se profundiza- que los de la capital de la meseta han tenido un dominio sostenido sobre los catalanes, pero el detalle de las cosas nos explica otra historia. Para entenderlo, hay que viajar atrás justo 100 años, hasta 1926. Allí está el origen del problema que todavía hace sombra sobre el fútbol español y que afecta a algunos pocos clubes, entre ellos, el Barça. Aquel año se aprobó el profesionalismo en el fútbol español y muy pronto surgieron iniciativas para montar una competición con sistema de todos contra todos, a diferencia del Campeonato de España, que por una serie de razones, se había disputado desde sus inicios, en 1903, en forma de eliminatorias. Solo un año después de la legalización del profesionalismo, los principales clubes españoles empezaron una serie de reuniones para organizar una liga profesional.
En la gran mayoría de competiciones estatales, tienden a ganar de manera sistemática los clubes catalanes, menos en el Campeonato de Liga
En mayo de 1928, el presidente del FC Barcelona, el aristócrata Arcadi Balaguer i Costa manifestó sus preferencias por modificar el Campeonato de España y pasar a organizarlo en un formato de todos contra todos, en vez de hacer una competición nueva. Esta voluntad no tuvo recorrido y es que justo un año antes los promotores de la Liga (Barça, Real Madrid, Arenas Club, Real Unión de Irún, Real Sociedad y Athletic Club) habían acordado que su competición sería un Torneo de Campeones particular y quedaría al margen de los Campeonatos de España y de los campeonatos regionales, donde continuarían participando.
Con esta vocación, en septiembre de 1927 se estrenó la liga, donde solo participaron los clubes que habían sido campeones de España en alguna ocasión. La iniciativa fue muy protestada por el resto de clubes, que decidieron organizar su propia competición. Ambos torneos quedaron inacabados, pero el segundo, el de los clubes pequeños resultó un caos monumental. Por el contrario, el primero, el de los campeones, tuvo cierto orden y el Barça estaba a punto de ser campeón cuando algunos clubes dejaron de disputar sus partidos. Esta situación debería haber servido para que las palabras de Balaguer de mayo de 1928 se hubieran tomado en consideración y en vez de crear una nueva competición, se hubiera transformado el Campeonato de España en un sistema de liga.
La guerra entre clubes grandes y pequeños se resolvió creando una competición con tres categorías, de manera que podían participar un total de treinta clubes. Así pues, la temporada 1928/29 se empezó a disputar la segunda edición del Campeonato de Liga (primera edición, si no tenemos en cuenta la que quedó inacabada la temporada anterior) y desde entonces el fútbol español ha sufrido la anomalía de tener dos campeones por temporada, el de España y el de la Liga. Durante las primeras ediciones, el Campeonato de España continuó teniendo más prestigio que la Liga, pero con el paso del tiempo la situación se fue invirtiendo, hasta el escenario actual, en que el Campeonato de España es considerado una competición de segundo nivel y llamada erróneamente Copa del Rey.
Decimos que se hace de manera errónea porque el nombre de la competición continúa hoy siendo Campeonato de España, mientras que la Copa del Rey es solo el nombre del trofeo que se pone en juego. Es uno de los muchos goles -nunca mejor dicho- que algunos colaron durante la Transición a la democracia. A lo largo del franquismo, las autoridades futbolísticas respetaron la continuidad del Campeonato de España, y simplemente le añadieron el subtítulo Copa de Su Excelencia el Generalísimo. Con la llegada de la democracia, en vez de eliminar este subtítulo y recuperar la denominación original de la competición, se hizo una simple sustitución de personaje y donde decía Generalísimo pasó a llamarse Su Majestad el Rey. Además, los medios empezaron a olvidar del todo aquello de Campeonato de España. Si explicamos todo esto es para dejar bien claro que el título de mejor equipo de España no se inicia en 1929, sino en 1903 y, por lo tanto, a los títulos de Liga hay que sumarles los títulos de Campeón de España anteriores a aquella fecha. Con este criterio, la diferencia de títulos entre Barça y Real Madrid se acorta de manera sensible, porque pasa a 37 para el Barça y 41 para los blancos.
Pero recuperemos ahora la tesis que exponíamos antes relativa al hecho de que en un entorno de normalidad quien tiende a dominar las competiciones es el Barça. Desde la aparición del fútbol y hasta mediados de los años cincuenta, los dos clubes dominadores del fútbol estatal -con mucha diferencia- son FC Barcelona y Athletic Club. Es medio siglo de historia que en ningún caso se puede despreciar. Esta tendencia fue rota de manera abrupta por la aparición del Real Madrid, que en 1947 construyó un gran estadio y en 1953 expolió al Barça quedándose a su estrella Di Stéfano. Los blancos pasaron a ser el gran elemento de propaganda del Régimen, apoyados en todo tipo de privilegios y ayudas. El grueso de títulos de Liga de los blancos está muy concentrado: en el período 1961-1969 quedaron campeones ocho veces, mientras que la etapa 1975-1980 lo fueron en cinco ocasiones. Aquí es donde se forja la diferencia de títulos respecto al FC Barcelona, no en una tendencia a lo largo de 120 años. Alguien puede hacer la observación de que los títulos ganados más allá de 1975 ya no llevaban sello franquista, pero la verdad es que hay que ser muy ingenuo para no tener en cuenta la inercia que traía la dictadura y que la desintoxicación de las instituciones no se puede hacer de manera inmediata.
La conclusión del relato es que esta era de victorias azulgrana ni son una anomalía, ni responden únicamente a un cambio interno del club desde 1988, sino que se trata de un retorno a la normalidad. El circo del fútbol continuará organizado desde Madrid y, por lo tanto, los blancos continuarán recibiendo ayudas, pero cada vez les cuesta más alcanzar al Barça. Esta es la realidad.