Estos días, la prensa deportiva italiana no habla de otra cosa, y es que el Cas Rocchi ha ocupado el espacio en las páginas de los diarios, que deberían estar destinadas a los equipos italianos en las semifinales de la Copa d’Europa, de donde están ausentes. El caso en cuestión lleva el nombre de un árbitro y hace referencia a designaciones arbitrales favorables al Inter de Milà, así como a presiones sobre los responsables de tomar decisiones en el marco del videoarbitraje (VAR). Por lo que se sabe a estas horas, la Fiscalia de Milà está investigando a diversas personas del entorno arbitral a causa de un acuerdo de principios del mes de abril de 2025 que sirvió para designar un árbitro bien visto por los neroazzurri en un partido que les tenía que enfrentar con el Bolonya. El responsable de las designaciones era, precisamente, Gianluca Rocchi, que es quien da nombre al caso. Adicionalmente a esto, el mismo Rocchi parece que en alguna ocasión había influido a los miembros de la sala de VAR para que tomaran una determinada decisión.
A la espera del desenlace del caso, cabe tener en cuenta que Italia tiene una larga tradición de tomar medidas duras contra la corrupción en el fútbol. Los más veteranos recordarán que la gran estrella del Campeonato del Mundo de 1982, Paolo Rossi, logró ser el máximo goleador del torneo después de haber jugado solo tres partidos de liga en las dos temporadas anteriores. El motivo fue la sanción que le fue interpuesta por el caso conocido como Totonero (apuestas negras, en italiano) y donde él estaba implicado de lleno mientras era jugador del Perugia. La trama de partidos amañados, iniciada en 1979, salió a la luz por algunos incumplimientos de los jugadores, una circunstancia que hizo perder mucho dinero al organizador, un tal Trinca. Fue él quien lo denunció a la Fiscalía, provocando con ello la detención de trece futbolistas, además del presidente del AC Milan, un club que aún no era propiedad de Silvio Berlusconi. Las sanciones a los jugadores se situaron en una horquilla entre los tres meses y los seis años, y AC Milan y SS Lazio fueron descendidos a Segunda División.
El caso más grande de corrupción en el fútbol italiano se produjo ahora hace veinte años y fue llamado 'Calciopoli', una denominación claramente inspirada en el asunto 'Tangentopoli', que afloró a comienzos de los noventa durante la operación de investigación 'Mani Pulite'
El caso más grande de corrupción en el fútbol italiano se produjo ahora hace veinte años y fue llamado Calciopoli, una denominación claramente inspirada en el asunto Tangentopoli, que afloró a comienzos de los noventa durante la operación de investigación Mani Pulite (Manos Limpias). Volviendo a lo que nos ocupa, el Calciopoli consistió en maniobras para alterar designaciones arbitrales y también acabó con sanciones muy contundentes: la Juventus, el club con más seguidores de Italia, fue desposeído de dos títulos de liga (2005 y 2006) y descendido a Segunda División. Algunos de los daños colaterales más dolorosos del descenso a Segunda de la Juventus fueron las llegadas al Barça de los defensas bianconeri Gianluca Zambrotta y Lilian Thuram.
Con todo, los italianos no son los únicos a quienes no les tiembla el pulso a la hora de sancionar a sus clubes más emblemáticos, porque en Francia hicieron lo mismo con el Olympique de Marsella a causa del conocido como Caso VA-OM (pacto de no agresión en el partido de liga entre el Valenciennes FC y el mismo Marsella) correspondiente al campeonato de liga 1992/93. Las consecuencias fueron dramáticas para los provenzales, que vieron cómo su presidente, Bernard Tapie, acababa en la cárcel y el club era desposeído del título de campeón de liga de la temporada 1992/93, además de ser descendido a Segunda División la temporada siguiente.
Y así llegamos a la excepción española, un campeonato donde nunca se ha detectado un gran caso de corrupción deportiva, a pesar de que demasiado a menudo pasan cosas extrañas delante de nuestros ojos. El único partido anulado por fraude en la historia de la Primera División española fue el que el 27 de abril de 1980 enfrentó a los extintos CD Málaga y UD Salamanca, y que finalizó con victoria visitante por tres goles a cero. Gran cantidad de indicios apuntaban que el partido había sido adulterado, y el comité de competición decidió declararlo nulo y sancionar a varios jugadores. A pesar de que la larga investigación que se llevó a cabo parecía tener buenos argumentos, en mayo de 1981 el Comité Superior de Disciplina Deportiva (actual TAD, Tribunal Administrativo del Deporte) tumbó todo el proceso por falta de pruebas. Un caso que sí tuvo consecuencias penales, a pesar de que se haya hablado poco de él y no esté en el imaginario colectivo de los aficionados, es el que afectó a Osasuna la temporada 2013/14, cuando los navarros pagaron a algunos jugadores del Real Betis para derrotar al Real Valladolid y dejarse ganar por el mismo Osasuna.
Actualmente, en la justicia ordinaria existe el caso del Nàstic de Tarragona, que denunció al árbitro que pitó el partido decisivo de promoción a Segunda División que disputaron contra el Málaga CF en la temporada 2023/24. El árbitro en cuestión, Eder Mallo Fernández, ascendió de categoría justo después de esta polémica eliminatoria, una situación muy similar a la que se dio en la temporada 1991/92, cuando José Japón Sevilla consiguió también el ascenso después de un arbitraje calamitoso que dejó fuera de Segunda División a la UE Sant Andreu. En el partido decisivo de la promoción, disputado en Lugo, el árbitro andaluz ignoró un penalti extremadamente claro sobre Calderé cuando el cuatribarrado se disponía a marcar el gol del empate. Pero el colegiado no tuvo suficiente, porque acto seguido sacó una tarjeta amarilla a Calderé por las protestas y lo envió al vestuario, dado que era la segunda amonestación. El escándalo durante y después del partido fue monumental, con repercusión en toda la península. El ascenso del árbitro después de unos hechos así fue toda una declaración de principios por parte de los organismos que regían el fútbol estatal y una respuesta para entender la mala suerte secular de los equipos catalanes en las promociones de ascenso. Casos de los cuales se ha hablado, pero que han quedado sin ningún tipo de sanción, han sido las posibles compras de partidos que Athletic Club y RCD Espanyol llevaron a cabo las temporadas 2006/07 y 1987/88, respectivamente, para evitar el descenso de categoría. Los blanquiazules también fueron implicados en el mencionado Caso Osasuna, pero su participación fue archivada.
En cuanto a los tiempos actuales, cuesta mucho entender determinadas decisiones de los responsables del VAR, en casos como aquel penalti flagrante de Tchouaméni en un Barça-Madrid disputado en Montjuïc, donde en ningún momento la imagen que demostraba la infracción fue puesta a disposición del árbitro durante la revisión de la jugada, o los goles anulados erróneamente al Barça por fueras de juego inexistentes. Estas decisiones deberían ser objeto de debate público, pero, en cambio, los medios prefieren estirar como un chicle el llamado Caso Negreira, donde cualquiera que se haya zambullido sabe que no existe ninguna sombra de corrupción deportiva.