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Bea Mesas (Ibiza, 1988) no esconde que todavía falta mucha cultura del café. Asegura que, a pesar de ser uno de los productos más consumidos cada día, la mayoría de las personas desconocen qué hay detrás de una taza y no siempre se preocupan por la calidad de lo que toman. Por eso, defiende que el café de especialidad debe dejar de ser un nicho reservado a los más entusiastas y llegar al consumidor habitual. "Me encantaría que el consumidor se preguntara qué sabe del café que toma cada día".
Mesas es cofundadora de Incapto, la empresa que puso en marcha en 2020 con Francesc Font y Joaquim Mach para ofrecer una alternativa en grano a las cápsulas de un solo uso, sin renunciar a la comodidad. Seis años después, la compañía ha ampliado el negocio a las oficinas y prepara la entrada en el canal de la hostelería, a la vez que mira hacia Europa con Francia como uno de sus principales mercados. Con una ronda de financiación de 10 millones de euros cerrada en 2026, Incapto quiere acelerar el crecimiento y explorar también la adquisición de empresas cafeteras tradicionales.
¿Qué diferencia hay entre tomar un café y saber realmente qué tienes en la taza?
Creo que no somos lo suficientemente conscientes, cada mañana o en cualquier momento del día, de todo lo que ha sido necesario para que ese café llegue a nuestra taza. A veces, tener un buen café entre las manos parece casi un milagro, porque hay muchos pequeños procesos que pueden hacer que el resultado final no sea bueno y muchas manos por las que pasa antes de llegar al consumidor.
Para hacer un kilo de café tostado, por ejemplo, necesitas siete kilos de cerezas de café. En alguno de mis viajes he tenido la oportunidad de recolectarlas y, a veces, me costaba todo un día conseguir esos siete kilos. Como ocurre con cualquier otro producto agrario, no siempre somos conscientes del esfuerzo que hay detrás del trabajo en el campo. En el caso del café, además, hay un proceso añadido porque no se trata solo de recolectarlo y consumirlo. Lo que recogemos es la semilla que hay dentro de la cereza del café, que habitualmente contiene dos, y que luego se tiene que tostar.
Su relación con el café comenzó en 2009, cuando sus padres adquirieron una empresa cafetera. ¿Cuándo se dio cuenta de que podía convertirse en su camino profesional?
En realidad, me di cuenta mucho más tarde. Cuando mis padres pusieron en marcha la empresa familiar de café, para mí era simplemente un proyecto más de los que habían impulsado, porque siempre han sido muy emprendedores. En aquel momento, como no tenía muy claro qué quería hacer, decidí hacer las prácticas empresariales en Guatemala. Pedí que estuvieran vinculadas a un proyecto de café, porque no tenía ni idea. De hecho, durante la universidad solo consumía el café soluble, la gente que me conoce ahora probablemente no se lo creería.
“El café es uno de los productos que más consumimos y menos conocemos”
Aquel viaje me cambió completamente la perspectiva, tanto de la vida como de la manera de entender el café. En aquel momento no era consciente de hasta qué punto sería trascendental para mí, pero, con el paso del tiempo, me he dado cuenta de que fue un punto de inflexión, tanto en mi manera de hacer como de entender el café.
Este septiembre fue una de las tres finalistas del XXXIII Premio Joven Empresario que concede la Asociación de Jóvenes Empresarios de Cataluña (AIJEC) este año. Enhorabuena.
Es un reconocimiento al equipo, a los tres fundadores y, sobre todo, a todas las personas que trabajan o han trabajado en Incapto y que han hecho posible que la empresa esté hoy donde está. Estoy muy agradecida. La verdad es que es una de esas cosas que no te esperas y fue durante el acto cuando tomé conciencia de lo que suponía tanto el premio como el reconocimiento. Me impresionó mucho ver a todas las personas y las asociaciones que formaban parte del jurado. Realmente, me quedé en shock.
Antes de fundar Incapto, ¿qué echaba en falta en el mercado del café y qué experiencia de su trayectoria anterior la ayudó a identificar esta oportunidad?
Empecé a formarme mucho en el mundo del café y, a medida que lo hacía, me preguntaba cómo podía ser que un producto tan habitual y cotidiano, que consumimos cada día y a menudo varias veces, fuera tan desconocido para la mayoría de la gente. Me encontraba con personas que decían que les encantaba el café y que eran expertas, pero, cuando profundizabas un poco, te dabas cuenta de que en realidad sabían muy poco y que, a menudo, consumían cápsulas o café torrefacto.
Por lo tanto, detectaba dos carencias. Por un lado, había muy poco conocimiento sobre el café que consumimos y, por el otro, no había una manera fácil de acceder a un café de calidad. Existía un nicho, el del café de especialidad, pero era un mercado muy pequeño, casi reservado a los más entusiastas del café, como yo. Lo que yo me planteaba era cómo podíamos conseguir que el buen café llegara a todo el mundo.

Habla de la necesidad de que los consumidores aprendan a valorar la calidad del café. ¿Cómo se puede conseguir este cambio de mentalidad?
Dos terceras partes de la producción mundial de café provienen de pequeños agricultores con explotaciones de menos de cinco hectáreas. El 44% vive en situación de pobreza y el 22%, en pobreza extrema. La única manera de que estas personas puedan mejorar su calidad de vida es conseguir vender su café a un precio más elevado, y esto pasa por producir café de mayor calidad. Pero, para que esto sea posible, también es necesario que haya consumidores que sepan valorar esta calidad. Para mí, el objetivo era precisamente este: conseguir que la gente conociera el café de especialidad y, de esta manera, contribuir a mejorar la calidad de vida de los productores.
El otro día decía que el café molido es el frankfurt del café. A menudo, cuando vamos a comprar, no nos preocupamos lo suficiente por la calidad de lo que elegimos, ni somos conscientes de lo que representa este producto.
¿Y con este objetivo nació Incapto?
En 2020, Francesc y Quim se pusieron en contacto conmigo porque querían crear una alternativa real a las cápsulas. Querían ofrecer la posibilidad de preparar café en grano con la misma comodidad y practicidad, pero sin generar residuos. Cuando me presentaron la idea, les planteé otra cuestión: ¿qué café en grano querían ofrecer? Fue entonces cuando les hablé del café de especialidad y les hice una cata. De este encuentro nació la sinergia entre nosotros.
Incapto revolucionó el sector al promover el consumo de café en grano y cuestionar el uso masivo de cápsulas de aluminio y plástico. ¿Cuál era el principal obstáculo para convencer al consumidor de cambiar un hábito tan arraigado?
La principal barrera era conseguir que el consumidor pudiera moler el café en casa de una manera práctica y sencilla. Por eso, lo primero que hicimos fue buscar una máquina que diera respuesta a esta necesidad y que tuviera un precio competitivo. Cuando empezamos, las cafeteras superautomáticas rondaban los 500 euros, un coste que representaba una barrera de entrada para muchos hogares. De hecho, nosotros no ganamos dinero, vendemos la cafetera prácticamente sin margen, como parte de nuestro compromiso para conseguir que el cliente se adhiera a la suscripción de café. Esta ha sido nuestra manera de reducir al máximo la barrera de entrada y facilitar el cambio de hábitos del consumidor.
“Valorar la calidad del café también es valorar el trabajo de los productores”
El nombre de la empresa (no encapsulado, en latín) refleja una clara voluntad de reducir los residuos del café...
Cuando constituimos la compañía, nuestra idea y misión ya era erradicar las cápsulas, y sigue siéndolo. Lo que ocurre es que, con el tiempo, nos dimos cuenta de que la sostenibilidad no es el principal motivo por el que el consumidor decide hacer el cambio. Quizás todos decimos que nos importa mucho, pero la realidad es que cuesta que alguien esté dispuesto a pagar más por un producto solo porque sea más sostenible. Por lo tanto, aunque la sostenibilidad sigue formando parte de nuestra misión y de nuestro ADN, entendimos que lo que realmente importa al consumidor es la calidad y la posibilidad de mejorar su experiencia con el café. Actualmente, nos centramos precisamente en eso: en conseguir que cualquier persona pueda mejorar su forma de tomar café, tanto en casa como en las oficinas y, más recientemente, también en el sector de la hostelería.
Incapto asegura haber evitado más de 60 millones de cápsulas hasta 2025. ¿Hasta qué punto la sostenibilidad puede ser una ventaja competitiva y cuándo se convierte en un coste?
Para nosotros no es un coste. El 76% de nuestros clientes provienen del consumo de cápsulas y sabemos cuántas cápsulas han ahorrado porque trasladamos el volumen de café que habrían consumido en cápsulas a kilos de café en grano. En nuestro caso, la sostenibilidad forma parte del modelo de negocio. Simplemente, consiguiendo que el consumidor haga un gesto tan sencillo como dejar las cápsulas y pasar al café en grano, ya estamos evitando automáticamente esos residuos. Y tampoco representa un coste para el cliente, porque cada taza de café acostumbra a ser más económica que una cápsula de las marcas premium. Como digo siempre, al final, todo son ventajas.
El café de especialidad acostumbra a asociarse a un producto premium, mientras que vuestra propuesta busca hacerlo accesible. ¿Cómo conseguís equilibrar calidad, precio y rentabilidad sin renunciar a los principios del proyecto?
Para que un café sea considerado de especialidad, debe cumplir unos requisitos de calidad. No puede tener defectos, es decir, granos que puedan afectar el sabor de la taza, como los que han sido infectados por algún hongo o mordidos por algún insecto. Además, debe obtener más de 80 puntos y ser evaluado a partir de diez atributos diferentes. Dentro de este abanico de cafés, nosotros hemos creado tres categorías: tradicionales, aromáticos y exóticos. La gama tradicional permite que cualquier consumidor pueda encontrar un café que se adapte a sus gustos a un precio competitivo.

Además, nuestra estrategia se basa en la venta directa al consumidor, lo que nos permite reducir al máximo los intermediarios, tanto en el proceso de abastecimiento como en la venta. Por eso, apostamos especialmente por el modelo de suscripción a través de nuestra web, ya que es la manera de ofrecer los mayores descuentos y minimizar los intermediarios. Esta es la fórmula que nos permite ofrecer la mejor relación calidad-precio posible dentro del café de especialidad.
Viaja cada año a países productores para catar y seleccionar café. ¿Qué busca y cómo decide qué granos acabarán formando parte del catálogo de Incapto?
Lo que busco, por un lado, es reforzar las relaciones que ya tenemos con los productores. Para nosotros es importante trabajar con buenas personas y, como en cualquier negocio, compartir valores con aquellos que son nuestros compañeros de viaje. Por otro lado, también buscamos que apliquen prácticas de cultivo sostenibles. Hay muchas maneras de producir café, no es lo mismo deforestar un terreno para crear un monocultivo que combinar el cultivo del café con otras plantas, como los plátanos, y mantener árboles que proporcionen sombra y sirvan de hábitat para animales e insectos. Al final, la mejor manera de saber con quién trabajas es visitar las fincas y conocer de primera mano cómo hacen las cosas.
En abril de 2026, Incapto cerró una ronda de financiación de 10 millones de euros. ¿Qué les permite hacer esta nueva etapa que antes no podían abordar?
Nos permite avanzar en dos grandes líneas. Por un lado, en el desarrollo de nuevos productos para entrar en el canal de la hostelería. Ahora ya hemos desarrollado una máquina que, a pesar de tener la estética de una cafetera tradicional, incorpora un barista en el interior. Esto permite que, simplemente pulsando un botón, el café salga siempre exactamente igual, garantizando consistencia, rapidez y una reducción de las mermas. Por otro lado, una parte de la inversión también se destinará a crecer en nuevos mercados y a explorar posibles adquisiciones de empresas en otros países, más allá del mercado estatal.
¿En qué mercado, por ejemplo?
Uno de nuestros principales focos es Francia. Es un mercado muy grande y cercano, que creemos que puede valorar nuestra propuesta de valor, especialmente teniendo en cuenta que ya nos ha funcionado en España. Además, por volumen de mercado, Francia tiene un potencial mucho mayor, aproximadamente cuatro veces superior, y la proximidad también es un factor que juega a su favor.
“El café molido es el frankfurt del café”
¿En qué consiste esta estrategia de crecimiento a través de adquisiciones?
Nuestra estrategia de expansión internacional pasa por adquirir empresas cafeteras tradicionales de otros países europeos. Son compañías que, a menudo, no tienen máquinas conectadas, producto propio, una plataforma tecnológica o una marca lo suficientemente consolidada. Nosotros podemos aportarles todo este ecosistema. Es decir, un portfolio de productos propio, adaptado a diferentes tipos de clientes, una plataforma tecnológica B2B con conectividad de las máquinas y automatizaciones que permiten mejorar la productividad de los equipos.
Si la prueba piloto que queremos hacer en Francia funciona, podremos replicar este modelo y crecer a través de adquisiciones de empresas tradicionales. La idea es ofrecerles una solución integral, con toda la parte de producto, marca, plataforma y tecnología, para que desde el primer momento de la implantación puedan ser más productivas y rentables.
Las cafeteras conectadas también les permiten obtener datos sobre el consumo de café en las empresas. ¿Qué información les aporta esta tecnología y cómo pueden aprovecharla?
Nuestro modelo de negocio para las empresas se basa en máquinas conectadas a internet que envían los datos de consumo a la nube en tiempo real. Esto nos permite, por un lado, hacer viable el modelo de cobro por consumición y, por otro, obtener información muy valiosa sobre el funcionamiento de las oficinas. De hecho, esta conexión nos permitió elaborar el informe sobre teletrabajo, ya que podíamos conocer los patrones de consumo de cada empresa, qué días se consume menos café, cuándo hay más actividad o en qué momentos se producen los picos de consumo.

Después de todo el camino recorrido, ¿cuál es el principal reto que tiene Incapto ahora mismo y cómo te gustaría que hubiera evolucionado dentro de cinco años?
Uno de los grandes retos es el equipo. Al final, las empresas son las personas, y trasladar la cultura que hemos creado los tres fundadores al resto del equipo es una de las tareas más complejas, pero también de las más gratificantes cuando lo consigues. Por lo tanto, este es uno de los grandes retos que tenemos. Por otro lado, la internacionalización no es nada fácil. Uno de nuestros principales focos de cara al próximo año es conseguir que el proyecto de Francia funcione. También será un reto importante integrar las posibles adquisiciones de otras compañías, ya que esto nos permitirá validar si este modelo de crecimiento inorgánico puede ser una vía para escalar el negocio.
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