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De la Catalunya nodal a la Catalunya ciudad

A Barcelona se le acaban los márgenes, pero también a las grandes ciudades, como es el caso Terrassa y Sabadell, y ya no digamos a L’Hospitalet y Badalona

Panorama urbano de la ciudad de L'Hospitalet de Llobregat | iStock
Panorama urbano de la ciudad de L'Hospitalet de Llobregat | iStock
Manel Larrosa | VIA Empresa
Arquitecto y miembro de FEMVallès
Barcelona
07 de Agosto de 2026 - 04:55

Podemos recuperar algunos esquemas de hace veinte años, como el siguiente, donde se planteaba una relocalización del crecimiento de la población de toda Catalunya, en una dinámica dirigida por las nuevas infraestructuras, el Eix Transversal Ferroviari, en este caso.

 
slide3 I PITC (1)

Curiosamente, la previsión de población se ha cumplido y superado, pero la posibilidad de situar 1,5 millones de habitantes en el corredor transversal ha sido inverosímil, como también lo habría sido pivotar sobre una docena de poblaciones. No solamente la línea férrea no existe, sino que la polarización en pocos núcleos urbanos, con unos grandes ensanches, como se proponía, está muy lejos de la dinámica real. Aún más, las periferias de las capitales que se pretendía reforzar estaban muy lejos de admitir esta dinámica de refundación y, particularmente, se pensaba en Igualada, Manresa y Vic.

El criterio anunciado en el Pla d'infraestructures del transport de Catalunya 2006-2026 (PITC), significaba doblar (multiplicar por 2,4) la población asentada a lo largo del eje que une Lleida con Girona. La realidad es que desde principios de siglo, y hasta 2025, la población de todo el corredor ha pasado de los 626.000 habitantes a los 863.000, (un incremento del 34%), incluidas Segrià y Gironès, ya conectadas con la Alta velocidad.

 

A este modelo se le llamaba Catalunya nodal y la dinámica existente nos ha mostrado cómo la realidad no ha sido nada nodal, sino más bien universal, como veremos más adelante. Por el contrario, la vieja idea de la Catalunya ciudad polarizaba sobre las capitales comarcales la función de determinados servicios, pero respetaba la relación comarca-capital y la identidad y dignidad de ambos mundos, entonces rural y urbano, hoy suburbano y urbano.

El retorno a la Catalunya ciudad

Hemos analizado la evolución de la población catalana en las categorías de los umbrales aportados por el Idescat: hasta 500 habitantes, 1.000, 2.000, 10.000, 20.000, 50.000 y más allá. Sin embargo, hemos incluido un umbral de 32.000 habitantes que nos hace más continua la curva de saltos de población y que nos aparece un estadio explicativo de las fechas de 2025 y un cuarto de siglo antes, en 2001.

En 2025 había en Catalunya 45 ciudades que sumaban más de 32.000 habitantes. Su mayoría alcanzaban un mínimo de 20.000 en 2001, con una sola de mayor crecimiento (Calafell, que partía de 13.503 y había llegado a los 32.429). En fecha de 2001 eran 36 las ciudades de más de 32.000 habitantes, por lo tanto, se habían incorporado nueve más. El panorama conjunto era el de la tabla siguiente:

T1

El umbral de 32.000 habitantes revela que la mitad del crecimiento de la población de Catalunya se había localizado en estos municipios y un valor coincidente en los 902 municipios restantes. La mayor dimensión de estas 45 ciudades ha supuesto un crecimiento hasta la cota 122, respecto del 100 de partida, pero en el resto de municipios, la cuota ha sido muy superior, del 148, es decir, casi han aumentado la mitad en más de su población y a un ritmo que dobla el de las 45 ciudades mayores. De los casi dos millones de nuevos habitantes, ha sido casi un millón en cada una de las dos categorías. Estos datos rompen intuiciones y estimaciones comunes muy asentadas, tales como aquellas que sitúan en las grandes ciudades el mayor crecimiento.

Vale la pena afinar más el análisis.

T2

Si en la primera tabla planteábamos por encima o por debajo de los 32.000 habitantes, ahora vemos cómo las tres categorías superiores a los 20.000, a los 32 y a los 50 han operado a ritmos diferentes. El ritmo mayor ha sido en el umbral intermedio, entre los 32 y los 50.000 habitantes, donde el incremento ha sido del 177 respecto al 100 de 2001. Sin embargo, en ritmo absoluto, las ciudades de más de 50.000 habitantes se llevan casi 800.000 habitantes, por más de medio millón (578.000) las situadas por debajo de los 32.000 habitantes. Mientras que el número de ciudades mayores casi no ha variado, porque hemos pasado de 22 a 24 ciudades de más de 50.000 habitantes, las dos categorías siguientes han subido cada una de 7 y 8 casos, en una evolución que sigue un empuje de las menores hacia arriba. Las tres categorías analizadas sumaban 53 poblaciones en 2001 y han subido a 70 en 2025, toda una multiplicidad de ciudades, de las cuales las intermedias (de 20.000 a 50.000 habitantes) eran 31 y han pasado a 46, con un incremento de la mitad en más.

Vale la pena completar el panorama de la evolución urbana con una mirada a los municipios por debajo de los 20.000 habitantes.

T3

A pesar de haber una cierta discordancia entre la fuente de esta tabla y las anteriores, podemos deducir:

  • Hay pérdida de población en los municipios menores de 2.000 habitantes que es significativo en ambos umbrales, hasta los 500 habitantes y de los 500 a los 2000. La pérdida de población se compensa con una reducción del número de municipios, señal de que algunos -del orden del 10% en cada caso- han escalado a la categoría superior. Por suma son 60 municipios los que han saltado a la categoría de más de 2.000 habitantes.
  • Hay un incremento de población en el umbral siguiente (de 2.000 a 5.000) que sería ligeramente mayor que el de los dos umbrales que pierden. En cambio, en número de municipios, el incremento tiende a crear municipios mayores de 10.000 habitantes.
  • El estadio de los 5.000 a los 10.000 gana cuota, que dobla la del estadio precedente (casi 97.000 habitantes, respecto a los 42.000).
  • Las ganancias son significativas desde el nivel de los 10.000 habitantes en adelante (más de 800.000), estadio que incorpora 33 nuevos municipios, que pasan de 75 a 108. Y en esta categoría sabemos (datos de las tablas precedentes) que el incremento ha sido significativo en los escalones por encima de los 20 y los 32.000 habitantes.
  • De los 58 municipios que aumentan de categoría entre los 2.000 y 50.000 habitantes, 53 se sitúan fuera de la región de Barcelona, hecho significativo de un dinamismo que no es estrictamente “metropolitano”.
  • Más allá de los 50.000 habitantes, el número de nuevos municipios ha sido solo de tres, pero con un crecimiento de población del 48% del total catalán, ligeramente por debajo del 54% que suman las categorías inferiores (ya habíamos visto que la frontera de equilibrio se producía en el umbral de +/- 32.000).

Conclusión en defensa de la Catalunya entera, no parcial

En síntesis, hay una vitalidad importante en número de población y número de municipios en el estadio por debajo de los 50.000 habitantes, un hecho que se destaca en los 58 nuevos municipios que han saltado hacia arriba en el umbral de clasificación, conjunto de municipios que suman unos 960.000 de los nuevos habitantes. El único campo de pérdida se produce en pueblos por debajo de los 2.000 habitantes, de forma que este es el umbral que señala la frontera avance/retroceso. En el campo el crecimiento destaca toda la serie de categorías, ya que todas ganan peso y no exclusivamente las de mayor jerarquía. Por lo tanto, se muestran dinámicos un conjunto de 360 municipios en fecha de 2025 (eran 299 en 2001, y se suman 61 en 2025), centrados sobre todo entre los 10.000 y los 50.000 habitantes. Este hecho soportaría una visión de Catalunya ciudad, no solo centrada en una cuarentena de cabezas de comarca, sino en una extensa red de poblaciones, en una difusa calidad urbana y suburbana.

A esta altura podemos mencionar que el número de municipios con estación ferroviaria son 180 a escala catalana. Este hecho alimentaría buena parte de la red de municipios dinámicos, pero no todos ellos, por lo cual las estaciones son un factor relevante de la urbanidad difusa, pero su incremento también lo sería y sustentaría una hipótesis a hacer, antes de la contraria, que por inercia estima que “no hay demanda” en nuevas poblaciones.

En adelante, el crecimiento será más disperso todavía y poder planificarlo y servirlo, por ejemplo con Rodalies, demanda un conocimiento detallado de su evolución, cosa que falta con suficiente detalle

Asistimos cotidianamente a la voluntad (y a una lucha política) de establecer una jerarquía que la realidad niega. Ni Barcelona puede ser un polo único, ni las capitales provinciales, ni las llamadas “ciudades del arco metropolitano”, ni tampoco las capitales comarcales solas pueden ser ningún vector de progreso..., cuando la realidad ampara una Catalunya urbana mucho más extensa. A décadas vista, la realidad nos ha aparecido muy dinámica y móvil y ya no se puede plantear el escenario que se diseñó en los planes territoriales, con un crecimiento más circunscrito a solo algunas ciudades catalanas: destacadamente en Igualada, Manresa y Vic, cuando la complejidad del país se ha revelado más fuerte y fluida.

A Barcelona se le acaban los márgenes, pero también a las grandes ciudades, como es el caso Terrassa y Sabadell, y ya no digamos a L'Hospitalet y Badalona, como también a las capitales provinciales y a muchas capitales medianas. En adelante, el crecimiento será más disperso todavía y poderlo planificar y servir, por ejemplo con Rodalies, pide un conocimiento detallado de su evolución, cosa que falta con suficiente detalle. Y el debate es residencial, de vivienda, pero también debería ser de actividad. Barcelona no puede ser el gran agujero negro del déficit de vivienda y, simultáneamente, el gran sol de la única concentración de los puestos de trabajo. Porque el problema se manifiesta en todo el solar catalán y pide atención no solamente a los grandes, sino también a los menores, tanto en ciudades como en pueblos.

Los datos ponen de relieve una dinámica que reúne la totalidad de Catalunya, que reparte el crecimiento de manera más uniforme de lo usualmente creído. La realidad de la Catalunya entera se opone a la hipótesis de la Catalunya parcial, o nodal, con la fuerza de los hechos. Y, en suma, pide una atención destacada a las poblaciones menores y más incidencia en las de menor dimensión, en un continuo. La Catalunya ciudad es toda Catalunya.

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