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La IndyCar viene a Catalunya: un éxito con raíces profundas

Es muy difícil acceder a las cifras que mueve este circo, pero es mucho más pequeño que la otra gran competición norteamericana, la Nascar, que ingresa anualmente más de 1.700 millones de dólares

El presidente de la Generalitat, Salvador Illa; del Consejo de Administración de Fira de Barcelona y Fira Circuit, Pau Relat; el consejero delegado de Penske Entertainment Corp, Mark Miles; y el conseller de Empresa, Miquel Sàmper, y el piloto catalán Àlex Palou | Circuit de Barcelona-Catalunya
El presidente de la Generalitat, Salvador Illa; del Consejo de Administración de Fira de Barcelona y Fira Circuit, Pau Relat; el consejero delegado de Penske Entertainment Corp, Mark Miles; y el conseller de Empresa, Miquel Sàmper, y el piloto catalán Àlex Palou | Circuit de Barcelona-Catalunya
Roger Vinton
Escritor
30 de Octubre de 2026 - 04:55

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Hace una semana se supo que el Circuit de Barcelona-Catalunya sería anfitrión, el verano del próximo año, de una carrera del circuito americano de la IndyCar, una modalidad muy parecida a la Fórmula 1 europea no muy acostumbrada a los experimentos fuera del continente americano. Esta noticia, importante y positiva, abre la puerta a poner sobre la mesa un buen puñado de asuntos, y el primero de ellos es saber qué es esto de la IndyCar.

 

A primera vista, cuando se contempla una carrera de esta competición llama la atención que los coches son muy parecidos a los que estamos acostumbrados a ver en la Fórmula 1, lo que llaman open-wheel design. Después, cuando lo miramos más de cerca, empiezan a aparecer las diferencias. De entrada, en la IndyCar todos los coches parten de un chasis idéntico —para fomentar la igualdad entre competidores y que aflore el talento de los pilotos— al que después se le añade una motorización que puede ser de Honda o de Chevrolet, pero que en cualquier caso supera los 700 caballos de potencia.

El 7 de marzo comenzará la temporada 2027, con una carrera en Florida, y a partir de ahí se irán enlazando competiciones hasta un total de diecisiete, a un ritmo de dos o tres mensuales (excepto agosto —con cuatro, porque el circuito de Milwaukee tiene doble carrera— y septiembre, que solo tiene la carrera final del campeonato). La visita al Circuit de Catalunya está prevista para el 18 de julio y será la única que se celebre fuera del continente americano. Es una temporada más corta que la Fórmula 1, que tiene 23 grandes premios.

 

Es muy difícil acceder a las cifras que mueve este circo, dado que oficialmente publican muy pocos datos. Lo que sí es conocido es que su patrocinador principal es la firma japonesa NTT. Sean cuales sean los dineros que genera, la verdad es que la IndyCar es mucho más pequeña que la otra gran competición automovilística americana, la Nascar, que ingresa anualmente más de 1.700 millones de dólares, la mayor parte por derechos de televisión. Eso sí, la IndyCar tiene como joya el circuito oval donde se celebran las 500 millas de Indianápolis y que es el embrión de la competición (este circuito, por sí solo, a lo largo del año puede generar más de mil millones de dólares de facturación y también da cabida a la Nascar).

Antes del acuerdo para correr en el Circuit de Catalunya, esta competición ya tenía un vínculo previo con el país que no es menor, y es que el campeón habitual es un catalán, Àlex Palou, que ha obtenido el triunfo final los años 2021, 2023, 2024, 2025 y 2026, todos con los colores del equipo Chip Ganassi Racing, fundado por el expiloto Floyd “Chip” Ganassi Jr.

La semilla de esta competición se sembró en 1911, cuando se celebró la primera edición de las míticas 500 millas de Indianápolis, un circuito que acabó dando nombre a toda la competición. El negocio fue gestionado por la American Automobile Association (AAA) hasta 1955, cuando el United States Auto Club (USAC) tomó el relevo. Su gestión se mantuvo hasta 1979, cuando la mayor parte de las carreras pasaron a quedar bajo el paraguas de la Championship Auto Racing Teams (CART), una entidad que a mediados de los años noventa sufrió una escisión, en virtud de la cual se creó una nueva competición, la Indy Racing League (IRL). En 2008, ambas líneas se fusionaron para crear el circo que existe en la actualidad.

El Circuit de Catalunya había sido la sede ininterrumpida de un gran premio de Fórmula 1 cada año desde 1991, pero ahora tiene que vivir en la alternancia y solo albergará carreras cada dos años

Que la IndyCar pise Catalunya, se mire como se mire, se tiene que considerar una buena noticia, especialmente motivadora después de que el país perdiera la exclusiva de la Fórmula 1 en España en beneficio de Madrid. El Circuit de Catalunya había sido la sede ininterrumpida de un gran premio de Fórmula 1 cada año desde 1991, pero ahora tiene que vivir en la alternancia y solo albergará carreras cada dos años, mientras que Madrid las tendrá anualmente.

No obstante, el montaje en la capital del Estado tiene muchas concomitancias con lo que se hizo años atrás en Valencia y que acabó como el rosario de la aurora. Parece razonable pensar que puedan compartir destino final.

Catalunya y el motor, un matrimonio de larga duración

En el titular de esta pieza hablamos de raíces profundas, con lo que queremos hacer referencia a la larga tradición de motor existente en Catalunya, a diferencia de otros lugares de la península donde organizan eventos de gran envergadura, sin una base de aficionados que lo justifique.

Hay muchos argumentos para demostrar que la afición al motor está presente desde hace más de un siglo, pero hay uno muy gráfico y que rima con la IndyCar, como es el hecho de tener un circuito oval ya desde 1923, uno de los únicos cuatro circuitos fijos del mundo en aquel momento. Desde 1916, y gracias al grupo de entusiastas de la velocidad reunidos alrededor de la Peña Rhin, en Catalunya empezaron a frecuentar las carreras tanto de coches como de motos.

El catalán Àlex Palou celebra el quinto título de las IndyCar Series | Chris Owens
El catalán Àlex Palou celebra el quinto título de las IndyCar Series | Chris Owens
 

La afición creciente empujó a la industria, que desde muy pronto se dedicó a la producción de automóviles, algunos de gran calidad, como los Hispano-Suiza, los Elizalde, los Abadal o los David. Como decíamos, en 1923 abrió sus puertas el Autódromo de Terramar, ubicado entre Sitges y Sant Pere de Ribes, en una época en que en el mundo solo existían otros tres circuitos cerrados: el Brooklands inglés, el italiano de Monza y el mencionado de Indianápolis, en Estados Unidos. Por cierto, la carrera inaugural la ganó un francés, Albert Divo, que conducía un Sunbeam y que superó por muy poco al conde Louis Zborowski.

Aunque el Autódromo de Terramar tuvo una vida corta (como circuito activo, porque la instalación sigue existiendo), la afición no dejó de crecer. Entre los años treinta y los setenta, un escenario habitual de las carreras fue el Circuito de Montjuïc, y en paralelo, en los años cuarenta y cincuenta, se disputaron competiciones en el llamado Circuito de Pedralbes, que tenía la recta principal en la avenida Diagonal. Precisamente allí, el mítico Juan Manuel Fangio conquistó su primer campeonato del mundo de Fórmula 1.

Desde la posguerra y hasta la década de los ochenta, Catalunya fue una potencia mundial fabricando motocicletas, con marcas como Derbi, Montesa, Bultaco, Ossa y Sanglas

El último eslabón de la cadena fue la apertura del Circuit de Catalunya, en el Vallès, que funciona desde 1991. Y aparte de eso no podemos olvidar que desde la posguerra y hasta la década de los ochenta el país fue una potencia mundial fabricando motocicletas. Las marcas principales en aquellos tiempos eran Derbi, Montesa, Bultaco, Ossa y Sanglas.

Lo que le ha sucedido al Circuit de Catalunya se puede extrapolar a otros acontecimientos deportivos, como es el caso del tenis, donde la larga tradición catalana —con un torneo importante celebrado desde 1953— no ha sido obstáculo para que en Madrid inventaran de cero un torneo de categoría superior que año tras año demuestra que allí no hay suficiente afición para sostenerlo.

 

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