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Ahora hace dos años, publicamos este artículo explicando el resurgimiento de la marca catalana de ropa deportiva Meyba que, entre otras cosas, había llegado a un acuerdo con la histórica Unió Esportiva Sant Andreu para ser su proveedor de camisetas a partir de la temporada 2023-24. La colaboración con los cuatribarrados consiguió mucho eco tanto en medios de comunicación como en redes sociales y fue unánimemente considerada como una gran operación de marketing. Pero solo tres años después, esta relación se ha desvanecido del todo y el relevo en la ropa de los andreuenses lo ha tomado otra empresa emblemática del deporte catalán como es Munich.
Además, estos días la firma de la familia Berneda ha sido protagonista en los medios porque han llegado a un acuerdo con los acreedores para reestructurar su deuda y también se ha puesto manos a la obra para adelgazar la estructura operativa de la compañía. Los aproximadamente 18 millones de euros de pasivo que acumula la empresa se habían hecho una bola que amenazaba con estrangularlos, así que resultaba perentorio actuar.
Después de una ardua negociación —con expertos en reestructuraciones de por medio— se ha conseguido diferir los pagos y hacer la deuda más digerible. En concreto, la nueva estructura diluye los pagos en un flujo de doce años. De esta deuda, la mitad estaba en manos de CaixaBank y del Santander, y la otra mitad correspondía al Sabadell, Ibercaja y Bankinter, entre otros. Como decíamos, las medidas también han incluido recortes en la estructura de la empresa, especialmente la comercial. Durante los meses de verano, se han cerrado unas diez tiendas de la red propia y la afectación del expediente de regulación de empleo ha llegado a los 45 puestos de trabajo, aproximadamente un 15% de la plantilla. En el ejercicio 24-25 (esta empresa no cierra en diciembre) la facturación fue de 82 millones de euros, mientras que en el último cierre se esperaba una caída de los ingresos que dejaría la facturación alrededor de los 70 millones.
La totalidad de la firma está en manos de los hermanos Berneda Martín (Xavier y David), nietos del fundador, que era zapatero en Sant Boi de Llobregat y que en 1939 empezó a fabricar calzado deportivo. Con el paso de los años, un detalle en forma de letra equis que ocultaba costuras poco estéticas acabó convirtiéndose en el logotipo de la compañía. La marca no fue la original, sino que no aparecería hasta 1964, curiosamente dos años antes de que la capital bávara fuera escogida para organizar los Juegos Olímpicos de 1972 y bastante tiempo antes de que el equipo de fútbol de la localidad se transformara en uno de los grandes de Europa.
La fábrica, que oficialmente llaman taller por su capacidad de elaborar series cortas de manera artesanal, se ubica en la comarca de la Anoia. Una singularidad de las muchas que tiene Munich respecto a sus competidores es que tienen series asociadas a marcas de prestigio, como el modelo Rete, que luce el logotipo de Lexus, la marca de lujo del fabricante japonés Toyota. Otras colaboraciones significativas son las que tienen con los hermanos Torres —cocineros catalanes con estrella Michelin— o con la compañía de aviación Iberia. Tienen tiendas en los centros comerciales Illa Diagonal, La Maquinista, Splau, Glòries, La Roca Village, Oulet Viladecans, X-Madrid, Style Las Rozas, Style Getafe, Style San Sebastián de los Reyes, Espai Gironès, Style Coruña, Garbera (Donostia), Megapark Barakaldo, Illa Carlemany (Andorra), Nueva Condomina, Salera (Castelló), Parc Central (Tarragona), Mallorca Fashion, Sevilla Fashion, Puerto Venecia (Zaragoza), Aragonia (Zaragoza) y numerosos córners en los almacenes de El Corte Inglés. También tienen tiendas propias en el Born (Barcelona), en Igualada y en Fuencarral (Madrid).
A pesar de su prestigio fabricando zapatillas, el universo Munich no termina con el calzado deportivo, porque en los últimos años han desplegado un catálogo muy amplio de complementos que incluye, por ejemplo, camisetas, sudaderas, pantalones e, incluso, mochilas y gorras. De hecho, la moda supone la mitad de la facturación global del negocio. Si hace años que la compañía se diversificó en cuanto al producto, también hace tiempo que lo hizo desde el punto de vista de los mercados, porque dejó de ser un jugador local para convertirse en una firma que opera en diferentes países de todo el mundo (uno de los pilares en el ámbito internacional es Brasil, lo que da una idea del grado de internacionalización de Munich).
A pesar de su prestigio fabricando zapatillas, el universo Munich no termina con el calzado deportivo, porque en los últimos años han desplegado un catálogo muy amplio de complementos
Una iniciativa muy interesante es lo que han bautizado como Second Life, que es un servicio de reparación de calzado. Además de ser una apuesta clara por la sostenibilidad, sirve para reforzar la idea de calidad de su cartera de productos (en otras palabras, a alguien que comprara calzado de baja calidad no se le pasaría por la cabeza llevarlo a reparar). Al principio hemos hablado de la relación nacida hace poco entre Munich y la UE Sant Andreu, pero hay que tener en cuenta que este no es ni mucho menos el único acuerdo con el mundo del deporte profesional porque, por ejemplo, también se encargan de vestir y patrocinar a los árbitros de la ACB de baloncesto en todas sus competiciones.
Hace un año, la empresa tomó una decisión inédita, como fue el fichaje de un director general externo. Se trató de Didier Grupposo, proveniente de la firma mallorquina Majorica, fabricantes de perlas artificiales. Los planes pasaban porque uno de los hermanos Berneda, Xavier, continuara como consejero delegado, pero con el apoyo de Grupposo.
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