Hace más de dos décadas que Josep Oliver Alonso (Girona, 1946) decidió dibujar el territorio en el que hoy nos encontramos. Lo hizo con la publicación del libro España 2020: un mestizaje ineludible, a raíz del impacto de la caída de la natalidad iniciada ya hace más de medio siglo, y todavía hoy sostiene muchas conclusiones. ¿La primera? “Si no hay inmigración, no hay crecimiento”. Oliver es economista y catedrático emérito de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), y cuenta con una amplia investigación en los ámbitos de la productividad, el mercado de trabajo, la demografía o la inmigración, entre otros.
En cuanto a la gestión de esta última, el economista apunta que “tenemos el país que tenemos y tenemos el sistema administrativo que tenemos”, a pesar de que, en clave europea, el asunto tampoco es especialmente favorable para Oliver: “Hemos decidido protegernos como si fuéramos un barrio rico con gente armada para que no entre nadie”. Con la inmigración situada nuevamente en el centro del debate político, económico y mediático a raíz de los últimos episodios registrados en Ceuta, el economista atiende a VIA Empresa para reflexionar sobre “el mucho trabajo por hacer” que Catalunya tiene en los ámbitos mencionados.
¿Cree que hoy en día es debatible si la inmigración es necesaria o no?
Debatible como concepto sí que lo es, porque hay mucha gente que está en contra. Yo diría que si queremos crecer económicamente de manera razonable, si queremos aumentar los ingresos públicos para poder mantener el creciente envejecimiento del país y, por lo tanto, los cuidados de las personas mayores y las pensiones en los próximos 25 años, nuestra demografía, la de los nacidos en España, no lo permite. Entonces el debate no es si queremos inmigración o no, o si la necesitamos o no, es si queremos crecer.
Hay, sin embargo, quien es partidario del decrecimiento.
Si tomamos el período 2017-2025, en estos años, en Catalunya se habrán generado en torno a 600.000 nuevos puestos de trabajo, de los cuales el 96% o 97% han sido ocupados por inmigrantes. Por lo tanto, sin esta aportación de mano de obra nueva y este crecimiento del empleo, del consumo, de la inversión y de los ingresos públicos que ha generado la inmigración, la situación económica de los últimos años, que es claramente mucho más favorable que la media de Europa, no existiría. Por lo tanto, el debate creo que siempre se debe plantear sobre si estamos dispuestos a aceptar algunos costes de la incorporación de una mano de obra muy relevante, porque tenemos una demografía fatal para continuar creciendo, o si no queremos crecer, porque es cierto que hay gente que es partidaria del decrecimiento.
"El debate no es si queremos inmigración o no, o si la necesitamos o no, es si queremos crecer"
En la actualidad, ¿cómo se regula en Catalunya?
Bien, aquí no hay diferencias con el resto de España, es decir, el grueso de la inmigración que llega a España y, por lo tanto, a Catalunya no viene con un contrato de trabajo, tal como se había intentado a inicios de siglo y como parece que ahora el gobierno español quiere también favorecer. Aquí, hace veinte años, con la excepción de algunas empresas que consiguieron trabajadores con una cierta cualificación, no funcionó, aunque se deberían hacer esfuerzos para que funcionara. Por lo tanto, ahora mismo, el grueso de la inmigración que llega, lo hace con visados, que no son de trabajo, pero no llega como lo ha hecho en Ceuta. Un gran porcentaje llega por los aeropuertos, con los papeles perfectamente en regla para estar aquí uno, dos, tres, seis meses, o lo que sea. Para estudiar, para hacer turismo o por diferentes decisiones y, una vez aquí, a partir de un período de economía sumergida, de elementos familiares, y de una cierta estancia y de diversos procedimientos, esta inmigración se va regularizando hasta conseguir un contrato legal de trabajo.
Diversos informes, como el Fénix, o think tanks, como el Cercle d’Economia, reclaman una verdadera política migratoria. ¿Por qué no la tenemos?
Por diversos motivos. El primero es que tenemos un tejido productivo de muy pequeña y mediana empresa. El 90% de los puestos de trabajo están ocupados en microempresas, y la posibilidad que estas tienen de contar con programas de captación de mano de obra cualificada en el extranjero es muy limitada. ¿Por qué no lo hace la administración? Pues porque aquí hay aspectos burocráticos, o que quedan demostrados con el famoso catálogo que publica el ministerio de Trabajo de ocupaciones no cubiertas, que son siempre las mismas. Además, hemos adoptado esta visión liberal de la inmigración, en que aquí viene quien quiera y ya lo regularizaremos más tarde. Por lo tanto, también hay una cierta desconfianza sobre si la administración lo podría hacer razonablemente.
¿Considera que hay una falta de entendimiento entre el sector público y el privado?
Tal como funcionamos, soy muy dudoso respecto a la capacidad de la Administración a la hora de resolver una necesidad ocupacional por parte de una empresa de un determinado tipo de trabajador. Ni el Servei Públic d'Ocupació de Catalunya (SOC) en Catalunya, ni el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) en España es demasiado capaz de ligar oferta con demanda. Por lo tanto, no solo tenemos que tener en cuenta la inmigración, también la gestión del mercado de trabajo.
Le pongo un ejemplo. Si se le estropea un electrodoméstico, y llama a la compañía con la cual está asegurado o busca una empresa para que se lo arregle, la probabilidad de que la persona que venga a su casa haya nacido en España es asintóticamente nula. ¿Por qué? Porque es una de las causas de la inmigración, y porque, por otro lado, nuestro sistema educativo no está diseñado para hacer frente a las necesidades productivas del país. La formación profesional continúa siendo, a pesar de los esfuerzos de la Generalitat, el pariente pobre del sistema educativo.
"Nuestro sistema educativo no está diseñado para hacer frente a las necesidades productivas del país"
Resumidamente, ¿tenemos que regular la inmigración? Sí. ¿Sería deseable? Sí. Pero esto apunta a problemas más serios de intervención entre oferta y demanda en el mercado de trabajo que, hasta ahora, con el paro que tenemos, no hemos sido capaces de gestionar.
¿En qué se tendría que basar esta política migratoria en Catalunya? Una de las medidas que sugiere el mencionado Informe Fénix es apostar por políticas de inmigración selectiva basadas en la cualificación y la demanda.
Es una medida que comparto, y que se aplica en Canadá, o que históricamente se ha hecho en Alemania. Sería deseable. Pero tenemos el país que tenemos y tenemos el sistema administrativo que tenemos, y, con la tasa de paro históricamente alta que hemos tenido, todavía no somos capaces de poner en contacto la oferta y la demanda. Y aunque lo pudiéramos hacer, y aunque pusiéramos un control de fronteras muy estricto, esto implicaría para España controlar seriamente cada año 900.000 entrantes, y para Catalunya 140.000 o 150.000. Y, además, de los 900.000 que entran en el Estado se van unos 400.000, y queda un saldo neto de unos 500.000, mientras el saldo neto catalán es de unos 100.000 o 120.000 inmigrantes. Controlar esto, con el país que tenemos, honestamente, yo creo que no es posible.
Si no lo es ni ponerse de acuerdo...
Claro, después hay quien dice “cortemos esto, porque no queremos tantos inmigrantes”. ¿Cómo que no quieres tantos? (ríe). Esto es discutir sobre el crecimiento económico porque, si quieres menos... ¿estás diciendo que creceremos menos? Escucha, yo podría estar de acuerdo, ¿eh? Si soy una persona pudiente, tengo la vida más o menos asegurada, y lo que me preocupa es la contaminación y las emisiones que generamos las familias, podría estar totalmente de acuerdo con crecer menos. Ahora bien, si yo soy una persona que se encuentra en la banda baja o intermedia de la distribución de la renta y me cuesta muchísimo llegar a final de mes, y me dicen que ahora creceremos menos, pues no estaré muy contento.
"Lo que hay que preguntarse es cuál es el debate de fondo, que es la integración social de una parte de la inmigración"
Y quien dice crecimiento, dice consumo. Tampoco se trata únicamente de la existencia de los sectores subvencionados que menciona el Informe Fénix, ya que si estos sectores están llenos de inmigración y de salarios bajos, hay alguien que saca un beneficio. Y este beneficio se acaba trasladando al conjunto de la economía en forma de mayor consumo, de demanda de vivienda, de inversión... y los que están menos bien pagados también aumentan el consumo y también obligan a aumentar la inversión. Por lo tanto, no podemos decir que los efectos inducidos que genera la entrada de la inmigración quedan circunscritos en un sector concreto. Aquí todo el mundo sale beneficiado por el crecimiento.

¿Cómo se dictamina si un territorio ha superado su capacidad de acogida? ¿Catalunya la ha superado?
Económicamente, no hay debate. Necesitamos inmigración, no hay vuelta de hoja. Si no, no hay crecimiento. Lo que hay que preguntarse es cuál es el debate de fondo, que es la integración social de una parte de la inmigración. ¿Por qué es esto un debate? Pues porque es cierto que las administraciones españolas y catalanas en los últimos 25 años se han dormido absolutamente respecto a las consecuencias sociales de un choque demográfico de esta magnitud. Y esto no es de estos últimos años, en 2005, ya publiqué mi primer libro sobre este tema, titulado España 2020: envejecida o mestiza. Y desde entonces, ¿qué han hecho los gobiernos? Pues “ir haciendo”. El único gobierno que entendió que había un problema social que se tenía que abordar fue el gobierno Maragall, que hacia 2005 lanzó el Plan de barrios, y que ahora ha recuperado la administración de Illa.
¿En qué consiste el Plan de barrios?
Pues en detectar aquellas zonas de mayor concentración de pobreza, con básicamente gente que viene de fuera, y hacer actuaciones. ¿Por qué? Antes le decía: económicamente, la inmigración es un gran beneficio para el país. Pero que sea a escala macroeconómica un gran beneficio, no quiere decir que a escala microeconómica lo sea. Macroeconómicamente, supone crecimiento económico, más empleo, más ingresos públicos... pero, microeconómicamente, si vives en determinados barrios o municipios de Catalunya en que la concentración de inmigración es tan grande que ha alterado el paisaje humano de aquel y que provoca una presión sobre los servicios públicos, entonces tienes un problema como persona individual, no como país. Y esta asimetría entre beneficios macro y costes micro, parece que los partidos de izquierda no los quieran aceptar. Tenemos que entender que hay beneficios agregados y costes individuales, especialmente donde se concentra la inmigración y compite con los nativos de rentas bajas en cuanto al acceso de los servicios públicos, que son sanidad, educación y vivienda.
¿La inmigración incide también en la crisis de vivienda que atraviesa el país?
Hombre, si en los últimos diez años han llegado 600.000 personas nuevas, en algún lugar se tendrán que colocar, ¿no? Si en España llega cada año un saldo neto de 500.000 inmigrantes, pues también se tendrán que colocar. Y esto quiere decir demanda de vivienda, de servicios educativos y de servicios sanitarios que, por supuesto, también necesitan los nativos de rentas más bajas. Allí tienes un conflicto, tal como ha pasado históricamente en el Reino Unido o en Francia.
¿Tiene solución este conflicto?
Pues mi propuesta es clara: si necesitamos a los inmigrantes y su participación en el crecimiento económico nos ayuda a aumentar los ingresos públicos, debemos destinar una parte de estos ingresos públicos directamente en aquellos ámbitos donde estas personas tienden a concentrarse, y así mejorar la oferta de estos servicios colectivos. Pero no en todo el país, sino en estas zonas específicas, porque es allí donde está el conflicto.
¿Cómo explica lo sucedido en Ceuta?
Bueno, yo no tengo más información que nuestra prensa o la europea. Hay una presión por parte de Marruecos... (hace una pausa). Fundamentalmente, lo que hay debajo, y esto nos afectará en los próximos 40 años, es una demografía de estos países africanos en la que hay un porcentaje enorme de gente joven que no tiene posibilidades de ocuparse razonablemente. De hecho, este peso tan elevado de los jóvenes dentro de las pirámides demográficas de Marruecos, del Sub-Sáhara, o de África en general, explica las últimas previsiones demográficas de las Naciones Unidas: ahora el planeta tiene 8.000 millones de habitantes, y llegaremos, parece ser, a los 11.000 millones a finales de esta centuria. Este aumento de 3.000 millones, todo, todo, todo y absolutamente todo, será africano. Por lo tanto, esta presión por parte de muchos jóvenes de Marruecos de querer marcharse y buscar un futuro mejor empieza a ser general en África y lo será mucho más en las próximas décadas.
"Esta presión por parte de muchos jóvenes de Marruecos de querer marcharse y buscar un futuro mejor empieza a ser general en África y lo será mucho más en las próximas décadas"
¿Qué rol debe adoptar Europa ante este horizonte?
La Unión Europea debería estar invirtiendo masivamente en estos países para ayudar a desarrollarlos y fijar la población. Lo que no podemos hacer es esperar, que no haya ningún horizonte, y que la gente se quede allí viendo que se estanca y se muere. La razón de fondo es que, aunque Marruecos crece, no puede absorber razonablemente estos contingentes jóvenes que tiene este país y los otros de su entorno, y nosotros, como europeos, deberíamos estar ayudando.

¿Sostiene la hipótesis de que se trata de un intento de presión al estado español por parte de Marruecos?
Bueno, hay muchos motivos para que nos presionen. Desde la consideración de Ceuta y Melilla como parte del territorio marroquí, hasta cuestiones económicas o, incluso, deportivas. Puede haber muchas presiones, pero yo creo que este no es el tema. El tema es que, nosotros, como europeos del sur y en frontera con África, vemos cómo este continente está acumulando un crecimiento topográfico gigante.
"¿Pondremos fragatas en el Mediterráneo, o ayudaremos a desarrollar sus países [de los inmigrantes]?"
Hoy Nigeria debe tener más de 200 millones de habitantes, y dentro de 50 años será más grande que Estados Unidos, ya que tendrá 600 millones. Egipto ahora tendrá unos 100 millones de habitantes, y llegará a los 200 y pico, todos estos países explotan porque comparten esta estructura demográfica muy joven, y aunque la tasa de natalidad caiga, si tienes muchos jóvenes, por poco que se reproduzcan, aumenta la población. Lo mismo ocurre en Irán donde, hablando de memoria, el 50% de la población tiene menos de 25 años.
Italia ha anunciado la suspensión del acuerdo Schengen y Francia ha reforzado las fronteras.
Esto son fuegos de artificio. Todo el mundo está jugando sus cartas. En Francia, las elecciones presidenciales serán en menos de un año, y parece que tanto la extrema izquierda como la extrema derecha se pueden acabar llevando el gato al agua y discutir entre ellas, y lo mismo en Italia, que también juega sus cartas. Son fuegos de artificio en el sentido de que todo esto no tiene efectos prácticos, Italia tiene tanta inmigración o más que nosotros. No me parece relevante, como sí me lo parece la posición que ha adoptado Europa, en la que ahora no entra nadie, y quien entra lo expulsamos. Para evitar que quieran entrar millones de inmigrantes, ¿qué haremos? ¿Pondremos fragatas en el Mediterráneo, o ayudaremos a desarrollar sus países? Es lo que está haciendo China o Estados Unidos, por ejemplo, pero nosotros hemos decidido protegernos como si fuéramos un barrio rico con gente armada para que no entre nadie. Esto es miope. El problema lo acabaremos teniendo igualmente.
¿Qué Catalunya imagina para el 2050?
Pues lo que le puedo decir es que hay mucho trabajo por hacer. Tenemos que situar la inmigración como un elemento más del futuro del país, esto no lo estamos haciendo bien. Tenemos que mejorar el sistema educativo, una parte de la inmigración no responde a problemas demográficos, sino al hecho de que tenemos un sistema educativo con mucho fracaso escolar, como se acaba de ver ahora con las pruebas PISA, o como se ve en las pruebas de competencias de 4º de ESO, donde se retira una cuarta parte de los estudiantes. Y una parte de la inmigración responde a esta estructura, especialmente por la falta de formación profesional. ¿Por qué esto no se arregla seriamente? Pues porque los intereses de todos los stakeholders de este sistema educativo son muchísimos, como por ejemplo las universidades, que cobran en función del número de estudiantes que entran.
También tenemos que conseguir que la participación de las mujeres, especialmente en el sector privado, tienda a ser similar a la de los hombres. Se ha ido acercando en los últimos 40 años, pero todavía le falta camino por recorrer, porque ahora tenemos que tener no sé cuántas leyes que favorecen la conciliación, pero, en la práctica, dinero efectivo para ayudar a las familias a conciliar y para que la mujer no tenga que abandonar el trabajo, no tenemos. Por lo tanto, aquí tenemos una oferta potencial de mano de obra que deberíamos incorporar. Por otro lado, deberíamos conseguir que la gente realmente se jubile a los 67 años. Si usted mira las estadísticas de la EPA, verá que, a partir de los 62 o 63, la participación en el mercado de trabajo cae en picado. No digo que no haya gente que no está en condiciones médicas de trabajar, pero en todo caso, aquí también tenemos unos remanentes de mano de obra que deberíamos aprovechar e, incluso, quizás tenemos que ampliar la edad de la jubilación. Sé que esto no es nada popular, pero esto de los 67 años no nos lo podremos pagar.
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