Tiempo de fichajes

Todos los planes azulgranas estarán subyugados a aquella espada de Damocles conocida popularmente como 'fair-play' financiero

El delantero inglés Anthony Gordon ha firmado contrato con el FC Barcelona | Europa Press
El delantero inglés Anthony Gordon ha firmado contrato con el FC Barcelona | Europa Press
Roger Vinton
Escritor
Barcelona
08 de Agosto de 2026 - 04:55

El Campeonato del Mundo de fútbol ha quedado atrás y, sin ni una pausa para digerir el empacho de partidos que nos ha proporcionado Gianni Infantino, ya nos encontramos inmersos en aquella etapa en que los clubs dedican sus principales esfuerzos a comprar y vender jugadores, un proceso al que los cursis llaman mercato, en una importación absurda del término italiano (al mismo nivel de falta de personalidad de todos aquellos que llaman último baile a cualquier despedida deportiva de nuestros tiempos).

 

En lo que afecta al Barça, de momento el fichaje más relevante es el del extremo inglés Anthony Gordon, que durante el Mundial mostró algunos aspectos prometedores. El club azulgrana ha pagado 70 millones de euros por el jugador, con unos complementos adicionales que podrían ascender hasta los diez millones. Todo un esfuerzo para una economía muy mermada como es la del Barça. Quien más quien menos espera una incorporación en el centro del ataque para llenar el hueco que deja el polaco Lewandowski, porque también parece bastante claro que el rol de 9 difícilmente lo puede ejercer con garantías un jugador que ya forma parte de la plantilla, el delantero Ferran Torres. Por cierto, no podemos evitar decir que se está haciendo muy largo el carrusel festivo de este jugador que, desde que en el minuto 106 de la final del Mundial consiguió el gol decisivo, no ha parado de recorrer el planeta atravesando todo tipo de escenarios bufonescos y con todo tipo de compañías siniestras. En los momentos de sobriedad, la cosa no ha mejorado porque solo ha abierto la boca para desafiar al club que le abona la nómina, en un caso claro de autopercepción mucho más elevada de lo que es el consenso de mercado. Siempre se sospechó que Torres no era el lápiz más afilado del plumier y ahora él mismo parece empeñado en confirmar la buena dirección de estos indicios.

Si decíamos que el show de Torres está durando demasiado, también tenemos que poner sobre la mesa otro caso que ya está cansando a los culés: la sitcom de Julián Álvarez, en lo que parece una reedición de la auca que vivimos el verano pasado con Nico Williams. Es previsible que este año muchos barcelonistas estén rezando para que el caso Álvarez tenga un desenlace análogo al de Williams. Se podría pensar que el subcampeonato del mundo ha revalorizado al jugador argentino, pero su presencia más bien vaporosa durante la competición, unido al comportamiento delincuencial de la gran mayoría de sus compañeros, no han ayudado mucho.

 

Aparte del fichaje de Gordon, ya mencionado, de momento se han producido un par más de llegadas que en ningún caso han causado furor entre los barcelonistas. La primera de ellas es la de Karim Adeyemi, un extremo derecho bávaro que proviene del Borussia de Dortmund y que forma parte de la cuadra de Jorge Mendes. El Barça ha pagado por él 22 millones de euros, más algunos importes adicionales en función de objetivos. Todavía menos conocido es Jesse Bisiwu, una joven promesa flamenca procedente del Brujas y que también juega de extremo, por el cual el club azulgrana ha abonado 8,5 millones de euros. Finalmente, ha vuelto a Can Barça el defensa Héctor Fort después de pasar una temporada en préstamo en el Elche. Sin venir de fuera, porque ya formaba parte del club, tenemos que dedicar unas líneas a Hamza Abdelkarim, el egipcio que la temporada pasada se incorporó al juvenil y que en esta misma pretemporada ha debutado con el primer equipo. Su estreno, contra el Birmingham City, fue un éxito total, dado que marcó los dos goles barcelonistas. No hay duda de que, ahora mismo, es uno de los proyectos más ilusionantes del club. Queda pendiente saber el futuro del lateral João Cancelo, que la temporada pasada jugó en el Camp Nou como cedido y este año podría volver. Y aunque ahora mismo parece que debe acabar de madurar, el gran giro en la trama del verano ha sido el caso Rodri. Cuando se daba por supuesto que acabaría en el Real Madrid, las negociaciones entre el Balón de Oro y los blancos se han roto repentinamente y su nuevo destino parece ser el Barça de Flick. Estaremos atentos porque, si se confirma, sería un duro golpe al honor de los blancos (además de un buen fichaje, claro).

A la marcha confirmada de Lewandowski y a la previsible de Torres, se ha unido la del portero alemán Ter Stegen, a quien en estos últimos años se le está poniendo cara de bumerán porque, por más lejos que lo lancemos, siempre acaba volviendo

En cuanto a las salidas, a la marcha confirmada de Lewandowski y a la previsible de Torres, se ha unido la del portero alemán Ter Stegen, a quien en estos últimos años se le está poniendo cara de bumerán porque, por más lejos que lo lancemos, siempre acaba volviendo. Ahora parece que va al Ajax, pero nunca podremos estar seguros de la duración de la aventura. También perderemos de vista al inglés Marcus Rashford, debido a que su cesión ha expirado y el club azulgrana ha decidido, acertadamente, no comprarlo.

Pero como siempre, todos los planes azulgranas estarán subyugados a aquella espada de Damocles conocida popularmente como fair-play financiero, pero que formalmente se llama Límite de Coste de Plantilla Deportiva (LCPE). Este concepto es el importe máximo que el club puede consumir durante la temporada en cuestiones deportivas y que incluye el gasto en jugadores, en primer y segundo entrenadores y en preparador físico, además del gasto en filiales, cantera y otras secciones. Los conceptos que se emplean en el cálculo son los salarios fijos y variables, las cotizaciones a la Seguridad Social, las primas, los gastos de fichajes (incluidas las comisiones para los agentes) y la amortización contable de cada jugador. Más allá de una eventual complejidad del cálculo, el problema a menudo radica en los componentes subjetivos de la fórmula que están en manos de los criterios de la LFP. En consecuencia, será difícil no sufrir una vez más.

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