El sistema de Rodalies es una oferta de mayor alcance y de más carácter regional que el Metro, que es siempre más urbano o de área. La comparación entre los dos sistemas es ilustrativa en la mirada de las metrópolis de Barcelona y Madrid.
El primer paralelismo es que en Madrid el sistema de Cercanías dobla en número de viajeros a Barcelona con mucha permanencia y continuidad. Si en 1996 alcanzaba 2,19 veces el número de usuarios de Barcelona, en 2024 lo es 2,17, solo dos centésimas menos. Pero el papel del Metro en ambas ciudades no es el mismo, ya que en Madrid Renfe desempeña un mayor papel que en Barcelona. En Madrid por cada viaje en Cercanías había 2,46 en Metro en 1996 y han pasado a 2,80 en 2024. Por el contrario, en Barcelona las cifras son mayores, 3,82 en Metro en el año 1995 y hasta 4,82 en el año 2024. No solamente las cifras son mayores, sino que, como se ve en el gráfico, tienden a un crecimiento mayor y en Madrid la evolución es más lenta y plana.

Los datos de Metro suman los FGC en Barcelona y en Madrid se computan Metro y las extensiones recientes que son equiparables a nuestros FGC. Los servicios de Cercanías/Rodalies son en ambos lugares ofrecidos por Renfe. Más en detalle, podemos ver cómo en Barcelona la evolución de la relación Metro/Rodalies tendía a bajar hasta el 2005, en favor de Rodalies, momento en que varió la tendencia y el Metro se hizo más protagonista.
En suma, la conclusión es que Madrid tiende a crecer más equilibradamente en la relación Metro/Cercanías, pero no a Barcelona que se descompensa en favor del Metro. No obstante, la metrópoli de Barcelona es mucho más extensa que la de Madrid y demandaría una mayor presencia de Rodalies. Madrid llega a Guadalajara, que es un equivalente de Manresa en población y distancia y allí es un brazo solo acompañado por Toledo, un eje urbano más discontinuo y servido por Media Distancia (el 100% de los viajes ya son en Alta Velocidad). Pero, aparte de Manresa, aquí tenemos Vic, Igualada, el Vendrell, Hostalric y las costas del Garraf y el Maresme, talmente como diversas extensiones equivalentes a la de Manresa.
La constatación es que nuestra mayor extensión implicaría mayor proporción de Rodalies respecto a Metro, si es que hemos de ser región metropolitana. Porque Catalunya es un sistema territorial a lo largo de la costa, el prelitoral y los ejes radiales y no es un espacio compacto como Madrid. La ciudad de los cinco millones está efectivamente en Madrid y no en Catalunya. Somos región, no mega-ciudad. Somos más un Piamonte, una Emilia, un Randstad, un Ruhr… que un París o un Madrid. Querer ser Madrid es perder la carrera. Una carrera imposible, ya que nuestra región parte de una orografía muy diferente. Perder la conciencia de ello es errar.
La única correlación equiparable entre Madrid y Barcelona es el sistema FGC con el Vallès Occidental (Terrassa, Sabadell, Sant Cugat, Rubí, UAB). En los otros ejes Barcelona va del todo atrasada en articulación metropolitana. Y es curioso que con el Vallès Occidental la separación es toda una montaña, cuando con los otros ejes hay la apertura de costa y ríos. Pero, así y todo, es increíble que Barcelona no haya aún descubierto el corredor del Vallès, sobre todo el tramo Castellbisbal-Mollet. Barcelona solo mira a mar y desconoce su espalda, que es el centro de una estructura de país con la cual no se conecta. Barcelona en términos de Rodalies Renfe es radial, mientras que Madrid tiene malla.
En el Vallès, con FGC, contamos con un sistema ferroviario de hace más de un siglo, que Madrid ha sabido crear en diversas direcciones a lo largo de los últimos veinte años, con extensiones a gran escala. ¿Qué sería de la región de Barcelona si los FGC hubieran crecido a lo largo del Maresme y hasta Granollers?, o el tranvía llegara a Caldes de Montbui y Vallirana?, que es precisamente aquello que Madrid ha hecho, extendiendo un medio más ligero, de menos capacidad, hacia las periferias, donde acaba el Metro. En Barcelona, el designio se ha centrado en unir el tranvía por la Diagonal y con la L9 hemos hecho también todo lo contrario en concepto, coste y efectos, con concentración en vez de difusión.
¿Qué sería de la región de Barcelona si los FGC hubieran crecido a lo largo del Maresme y hasta Granollers?, o el tranvía llegara a Caldes de Montbui y Vallirana?
Ahora, la vivienda y la actividad, cada vez más especializada y dual entre Barcelona y el resto del país, ponen en urgencia la estructuración regional metropolitana. Una batalla que se puede perder por error de concepto y por gobierno lejano, porque el Ministerio que es determinante en la competencia desleal entre las dos metrópolis. Pero también nosotros remamos en el sentido contrario de nuestra identidad, porque nos compactamos más que Madrid. Y así, Barcelona se ahoga y se recluye en el ámbito Metro, cuando posee una extensa región. Y Madrid, que no tiene región, la ha creado y se expande, con Metro, suburbanos y Cercanías, todas en paralelo, mientras que aquí Rodalies desfallece.
Madrid y Barcelona conforman dos mundos en la relación Metro/Rodalies, y llevamos medio siglo de estrategia divergente. En nuestra situación, no puede haber opción de Plan de Rodalies al margen de las opciones territoriales, porque este no es solo un asunto “funcional” de circulaciones, sino de asentamientos interconectados y su evolución.