Cuando se afirma que una determinada geografía es más o menos competitiva, antes se han evaluado las condiciones que favorecen su dinamismo económico. Esto no quiere decir que en aquel lugar se ejecuten las ventajas competitivas y se saque provecho de ellas. Podríamos disponer de un vehículo de prestaciones muy avanzadas y no obtendríamos rendimiento si no lo pusiéramos en funcionamiento o la conducción fuera cosa de chapuceros.
Uno de los retos mayúsculos de los estudios territoriales es la aplicación de métricas ciertas que objetiven la diagnosis y argumenten las conclusiones; aún más cuando se quiere comparar los indicadores entre las demarcaciones, y no hace falta hablar de ello cuando se establecen rankings. Hay una afición razonable entre los redactores por aplicar criterios cuantitativos y preservar cualquier sospecha de cosmética o amaneramiento.
Las fuentes estadísticas que nutren los informes suelen ser públicas y supuestamente contrastadas. No hay un grimorio de fórmulas esotéricas. Aquello que singulariza los documentos de observación económica solo es la autoría, a cargo de personas expertas en la interpretación de las realidades que son objeto de análisis. Por un lado, esto garantiza el rigor de los datos y, por el otro, refuerza la fiabilidad del texto.
Cuando se trata de publicaciones periódicas y con un historial suficientemente consolidado, se alcanzan etiquetas de referencia y se acentúa su valor, también porque propician las visiones evolutivas de una misma dimensión o la gráfica correspondiente. Por eso me merece la mayor consideración la aportación de la consultoría Actíva Prospect a la hora de conjugar las capacidades competitivas de las comarcas catalanas y clasificarlas según su potencialidad. El trabajo se conoce como Índice FEGP y está a punto de cumplir la vigésima anualidad.
El anterior análisis comarcal a partir de los indicadores estadísticos nos hace una cartografía competitiva bastante completa de los territorios. Entre otros, se combinan factores sociolaborales, niveles académicos de la ciudadanía, iniciativa emprendedora, infraestructuras de apoyo, conectividad, suelo disponible para la actividad económica, proximidad a áreas coadyuvantes y aspectos de sostenibilidad social y ambiental. La dificultad es ecualizar la influencia de cada uno de estos vectores y ponderar debidamente su aportación al resultado final, en el que se indexan las capacidades de crecimiento económico.
Este y otros estudios son lo suficientemente solventes y merecen ser tenidos en cuenta, sobre todo por parte de aquellos decisores públicos que tienen la responsabilidad de planificar los itinerarios sociales y económicos. También la gestión privada tiene una herramienta notable para conocer los atractivos y las vulnerabilidades de una determinada demarcación y actuar con conocimiento y en consecuencia. Por el contrario, las interpretaciones son poco acertadas si se leen con interés parroquial o exceso de vanidad.
Cuando se trata de operaciones relevantes, lo que puede condicionar la decisión final es el marco político y administrativo
Aparte de los presentimientos novelescos, que no digo que no existan, los agentes inversores necesitan la fotografía de las ubicaciones potenciales a partir de criterios objetivos. Es así como observan los factores favorables para la actividad, como también los topes que pueden suponer amenaza o detrimento. No se quedan solo con esto, sin embargo.
Cuando se trata de operaciones relevantes, lo que puede condicionar la decisión final es el marco político y administrativo. Serán determinantes las facilidades que encontrarán los promotores de actividad económica a la hora de apostar por un emplazamiento o por otro. Más que ninguna otra, esta es la explicación por la cual una unidad territorial, aunque esté dotada de ventajas comparativas, puede perder dinamismo económico y verse abocada al declive.
Gráficamente, este fenómeno se muestra en el dibujo de una margarita en la que cada pétalo representa un conjunto de indicadores vinculados. Cada uno de los pétalos se oscurece gradualmente según se le agreguen condiciones menos aceptables. La misma botánica del te quiero o no te quiero, en un golpe de vista, nos revela el nivel de atractividad de un entorno y nos ayuda a detectar las partes oscuras, las debilidades.
A la hora de decidir entre una localización u otra el inversor quiere seguridad, fiabilidad y prontitud
Uno de los pétalos de la competitividad reúne los contextos de la estabilidad política, el marco normativo y el aparato administrativo. Podéis suponer que en este apartado y a diferencia de los otros se expresan aspectos cualitativos; justo aquellos que no suelen recoger los informes de competitividad, que sí que se deberían añadir. En definitiva, a la hora de decidir entre una localización u otra el inversor quiere seguridad, fiabilidad y prontitud. Es conocido que en esto suspendemos.
Hay una llamada emergente para minorar la carga burocrática en las administraciones públicas y, de rebote, garantizar mayor diligencia en los procedimientos y la tramitación de proyectos. La quimera de la ventanilla única se mastica como un chicle insípido y el sistema no parece capaz de revertir aquella inveterada enfermedad que blasfemaba un tal Larra.
La enormidad del problema, sin embargo, no es tanto el circuito de los expedientes, las citaciones dilatorias y el vuelva mañana que hoy no podemos atenderle. El mayor antídoto de la competitividad es la ausencia de políticas favorables a la actividad económica; sea en clave de industrialización, de terciarización o de apoyo a los sectores primarios.
Los gestores públicos deben dar mayor preeminencia a la asignatura económica si quieren mantener los niveles de progreso social y bienestar. ¡Son vasos comunicantes! Esta reválida no exige otros deberes que ser proactivos y acompañar las iniciativas inversoras. Si lo hicieran lo suficientemente bien no serían necesarios los estímulos a medio gas o las subvenciones a fondo perdido. Tampoco ayudan los reglamentos restrictivos y las exigencias que ahuyentan a los promotores de negocio.
Un territorio será más o menos competitivo también por la manera de entender la economía desde el estamento político y el sistema público.
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