El huevo metropolitano y la orbitolina

El proyecto del ferrocarril orbital se aborda más desde la necesidad de descongestionar la yema del huevo metropolitano que no de dar respuesta al auge residencial de la clara

Un tren de Rodalies pasando por cala Ginesta | Àlex Recolons (ACN)
Un tren de Rodalies pasando por cala Ginesta | Àlex Recolons (ACN)
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Coordinador general de la Mancomunitat Penedès-Garraf
27 de Mayo de 2026 - 04:55

Las poblaciones del Penedès y el Garraf aplauden la ocurrencia de quitar el polvo al proyecto del ferrocarril orbital; y tanto que sí. Que la parida se use como uno de los estandartes para justificar el acuerdo de los presupuestos de la Generalitat ya nos está bien y de veras que lo agradecemos. Cuántos artículos habré leído desde hace 30 años que hablaban de la orbital con codicia y como quimera.

 

Del trayecto que debería surcar entre el litoral del Garraf y Vilafranca del Penedès antes de enlazar con las capitales de comarca de la llamada segunda corona hasta morir en el Maresme se ha hablado más en las homilías que en las directrices de movilidad y equilibrio territorial del país. Está dibujado el trayecto, sí, y se habían hecho aproximaciones de lo que podrían suponer una ingeniería depredadora y un presupuesto oneroso.

Con el paso del tiempo aquella ilusión escéptica se ha vuelto una exigencia. Eso sí, queráis que no, se asume más desde la necesidad de descongestionar la yema del huevo metropolitano que de dar respuesta al auge residencial de la clara. No es lo mismo que los pretextos correspondan a un comportamiento solícito y una voluntad coadyuvante por parte de los ilustres urbanitas hacia extramuros que, por el contrario, obedezcan primordialmente al discurso de esponjar la movilidad de la capital catalana echando fuera a los provincianos.

 

Si el planteamiento tiene que ver con una política compensatoria de los movimientos de migración interna y los crecimientos poblacionales que se evidencian en las comarcas periféricas -en demasía, los unos y los otros- podríamos felicitar una estrategia del Govern para ecualizar los flujos emergentes y, como consecuencia, responder a las nuevas dinámicas sociales y económicas que se palpan en la demarcación.

Estamos convencidos de que la construcción del segmento bajo de la C-15 -hoy financiada en la modalidad del eufemístico “peaje en la sombra”- contribuyó a la conexión entre el litoral sur de Barcelona y el interior del país

De lo contrario, si lo que ha espoleado a recuperar los planos de la orbital y hacer prestidigitación con ellos es sobre todo la perentoriedad de una yema colapsada, tendremos que resignarnos, una vez más, a los intereses centrípetos. Lo peor de todo sería el coste de oportunidad desde la óptica presupuestaria, en detrimento de las comarcas que rodean la metrópoli.

Como ejemplo, estamos convencidos de que la construcción del segmento bajo de la C-15 -hoy financiada en la modalidad del eufemístico “peaje en la sombra”- contribuyó a la conexión entre el litoral sur de Barcelona y el interior del país; también a la inversa. Al mismo tiempo, sin embargo, el dinero destinado a la concupiscencia asfáltica y las penetraciones del Montgròs supusieron el menosprecio de cualquier otra reivindicación que se esforzaba desde el territorio.

Solo hay que ver la carencia de inversiones de la Generalitat de Catalunya en el Garraf y el Penedès los últimos 25 años. Tampoco hay que hablar del agravio de la C-32 y los peajes sin eufemismos ni paliativos, como el de Vallcarca. Además, no podemos pasar por alto la precariedad insultante de la infraestructura ferroviaria de los túneles del Garraf, huérfana y abandonada las últimas décadas, con decenas de miles de usuarios que podrían escribir una enciclopedia de desventuras.

Estamos de acuerdo en que el conjunto del país presenta asimetrías y déficits en cuanto a las infraestructuras viarias y la conectividad. También aceptamos que estas anomalías de la planificación proveniente del cretácico -cuando existían los géneros de orbitolina- se deben abordar sin remisión y con la mayor diligencia. Además, tenemos claro que la factura la debemos pagar entre todas, con corresponsabilidad y de manera alícuota o alícuanta.

No podemos cerrar los ojos, sin embargo, a los nuevos escenarios residenciales y la conveniencia de dotar a las comarcas de mayor crecimiento con recursos que apacigüen los desequilibrios enormes que se están provocando; particularmente, en los servicios de transporte colectivo, las prestaciones asistenciales y sanitarias, la oferta pública de enseñanza, el acceso a la vivienda y la atracción de actividad económica que genere empleabilidad y, de la mano del sector público, amplíe las tasas de autocontención laboral.

Mirad, en los 25 años que llevamos de esta centuria, la geografía granpenedesenca ha pasado de 167.344 a 401.041 habitantes, lo cual supone un incremento del 71,61% de la población; mientras que la población ocupada ha subido un 44,87%. En el mismo cuarto de siglo, la demografía catalana ha crecido un 31,57% y el número de ocupados lo ha hecho en un 21,44%. Son realidades idescatables que ponen en evidencia la pujanza de las tres comarcas del Penedès y el Garraf.

En el primer cuarto de siglo, la geografía granpenedesenca ha incrementado un 71,61% -por el +31,57% de Catalunya-, mientras que el PIB ha crecido un 104,94% -por el +118,47% catalán-

En cambio, los datos del PIB no tienen el mismo signo. En el primer cuarto de siglo el PIB catalán ha crecido un 118,47% y el PIB del Gran Penedès solo lo ha hecho en un 104,94%. Este contraste obedece al hecho de que la estadística demográfica no obtiene paralelismo con el volumen de la actividad económica. Hay una brecha notable entre los vectores de población y empresa.

La brecha se podría acentuar en los años venideros si tenemos en cuenta las tendencias en cuanto a la llegada de nuevos residentes versus la atonía en la creación de centros de cotización. La terciarización de estos territorios periféricos se decanta hacia los servicios dedicados a consumo final, con un efecto contributivo escaso. La única manera de paliar la asimetría es aportando inversiones públicas para infraestructuras que refuercen la competitividad de estas comarcas y las hagan atractivas para los promotores de actividad. Por eso celebramos que se vuelva a hablar, de la orbital. Otra cosa es si lo llegaremos a ver.