Si el hecho metropolitano se explica por la movilidad, Rodalies Renfe debería ser el elemento capital. Contiene cuatro grandes líneas que atraviesan la capital de punta a punta, que serían como seis o siete ejes radiales. A su lado, los Ferrocarriles de la Generalitat solo son significativos en el Vallès Occidental y en el Baix Llobregat, aquí con un tranvía métrico, en total dos líneas, dos y media si contamos la bifurcación en Terrassa y Sabadell.
La gráfica siguiente explica cómo el ritmo del crecimiento de los FGC ha sido el más destacado desde 1996 (inicio de datos de la Autoridad del Transporte Metropolitano, ATM), con un crecimiento más que doblado, respecto al valor 100 de 1996. En cambio, Rodalies Renfe ha seguido, después de 2005, con una atonía y una bajada que ya dura veinte años y solo ha alcanzado el 140% respecto a su inicio en 100.

El metro, que es también metropolitano, pero exclusivo de su centro, ha crecido hasta la posición 170, mientras que el conjunto del bus (urbano e interurbano) ha alcanzado la posición 140, coincidiendo con Renfe, a pesar de empezar más tarde (base de datos 100 del 2002).
Cierto que estos son valores relativos y que hay que hablar de valores absolutos. Y estos nos dicen que en la fecha de origen, 1996, los FGC representaban el 55% del pasaje de Renfe, pero en la fecha 2024 ya son el 83% (!) de su peso. Es espectacular que dos líneas suburbanas atrapen al conjunto de Renfe en esta proporción. También FGC ha ganado respecto al metro, que no deja de ser una potente relación interna propia de la densidad de la capital. Si en 1996 los ferrocarriles representaban el 17% del volumen del metro, en 2024 ya es del 21%, señal de una dinámica regional que despuntan mucho más allá del centro.
También en Bus podemos hacer carrera con Rodalies, y si empezaron siendo el 90% de los usuarios de Renfe (2002), veinte años después (2024) ya la ha ganado con el 123% de su volumen.
Sí, ciertamente, Renfe tiene graves problemas, como los accidentes de estos días nos revelan, pero su mal viene de lejos y proviene del hecho de que no cumple la función metropolitana que debería. Debería ser el rey de la estructuración regional y no deja de ser un actor en decadencia.
La potencia de Rodalies debería ser muy elevada, como demuestra su extensión de líneas, 474 kilómetros respecto a los 150 de FGC. Pero Rodalies, en 40 años de democracia solo ha crecido en el ramal al aeropuerto y en la conexión R8 de Martorell a Granollers, todavía hoy con un solo servicio a la hora (!) y sin ninguna conexión con las cuatro líneas que atraviesa.
Sí, ciertamente, Renfe tiene graves problemas, como los accidentes de estos días nos revelan, pero su mal viene de lejos y proviene del hecho de que no hace la función metropolitana que sería necesaria
Rodalies no son nada más que los ferrocarriles construidos en el siglo XIX con capitales catalanes, ni más ni menos. Mientras que Madrid ha construido buena parte de sus Cercanías en democracia. Pero no todo es culpa de Madrid, nuestra responsabilidad es muy elevada. Cierto que la gestión de las líneas de ferrocarriles ha sido activa, pero no hemos crecido como era necesario, porque el mayor esfuerzo ha recaído en el metro. Pero, lo que es más grave, durante décadas hemos asistido ignorantes y sin vigilancia a una evolución de la que no hemos hecho una reclamación lo suficientemente sólida. Sí, hemos reclamado las inversiones, y suplicado su cumplimiento, pero la decadencia de Renfe ni la hemos olido ni denunciado.
Desde 2005 Renfe no hace lo que toca en la región metropolitana de Barcelona. Es el asunto de un Estado ausente y de una Catalunya inconsciente.