Escucha el artículo ahora…
Cuando tengo que viajar al sur de Francia y no cojo el coche, acostumbro a coger el TGV. Y digo específicamente el TGV porque procuro no utilizar nunca Renfe. Muchos usuarios tienen malas experiencias con Renfe, sobre todo de Rodalies. Este servicio, gracias a Dios, yo no lo tengo que usar. Supongo que me acabarían condenando por delito de odio. No, no es Rodalies. Mi rechazo a Renfe tiene unas raíces más profundas. Seguramente arrancan de cuando yo era pequeño, y ya de joven. Quiero decir que lo que me repugna de Renfe es su aliento franquista. Su casposa actitud. La de todos: directivos, maquinistas, revisores, camareros, etcétera. Todos ellos, me recuerdan el nacionalsindicalismo. Viajar con SNCF, comparado con viajar con Renfe, es como volver al pasado, cuando los catalanes buscábamos un soplo de libertad fresca en Europa.
Aunque hasta aquí he manifestado mi pura opinión y sensaciones, no creo que me falten razones para detestar Renfe. Y no solo ideológicas, sino técnicas y profesionales. El franquismo instaló un sistema industrial y de infraestructuras típicas de una dictadura que, partiendo de un país que iba con alpargata, había conseguido que la gente viajara en 600. Muchos catalanes participaron de aquella transformación económica, y de los que convendría no renegar: Sardà Dexeus, López Rodó, Fabià Estapé... y tantos otros que supieron ver, y hacer entender al dictador, que España no podía continuar aislada en un régimen de autarquía económica como el que había. Por lo tanto, buen trabajo.
Por un imperativo legal de la Unión Europea, Renfe se tuvo que dividir en dos: el gestor de infraestructuras (Adif) y el operador de servicios (Renfe)
Ahora bien, aquella España tenía que morir con la Transición. Muerte que tenía que culminar con la entrada de España en la, entonces, Comunidad Económica Europea. Y fue así con casi todo. ¿Todo? No. Hay un reducto que, por las razones que sean -diversas- ha quedado inmune. Hablo de determinadas empresas -si se las puede denominar así en su total concepción de la palabra- que no han sufrido mutación: Renfe y Correos. Y cuando hablo de Renfe, entiendo que no ha muerto. Por un imperativo legal de la Unión Europea, Renfe se tuvo que dividir en dos: el gestor de infraestructuras (Adif) y el operador de servicios (Renfe). Fue así en toda Europa con el objetivo de permitir la concurrencia de diversas empresas en el servicio de transportes a clientes. Por eso la alta velocidad en España tiene otros proveedores: Ouigo e Iryo. Pero fue un error, en el caso de España. Renfe se dividió en dos como lo hacen las células: por mitosis. Los defectos y taras se reproducen en cada uno de los nuevos organismos. Tenemos, pues, ahora, dos Renfe -dos focos de chapuza-. Una de ellas ha adoptado el nombre de Adif y se encarga, para abreviar, de las vías. Pero tenemos dos Renfe herederas del franquismo.
Muchos que lean lo que digo, y que sean empresarios o gestores de empresa, saben perfectamente que hay empresas -sobre todo si son grandes- que mantienen unos defectos que solo pueden ser erradicados por la absorción o la refundación. La absorción normalmente se lleva a cabo cuando el que adquiere la empresa es más grande y los vicios de la adquirida no pueden contaminar la empresa compradora. Al contrario, se espera -por determinados procedimientos- neutralizar la infección perversa y hacer de la buena una contaminación unidireccional: de la compradora a la adquirida. Vuelvo a las empresas franquistas: este fue el caso de Seat. Hoy, que Seat siga existiendo o desaparezca, ya no importa. No deja de ser un departamento más de Volkswagen. Esta es la solución por absorción. Ahora bien, la refundación es más difícil. ¿Cómo se puede hacer?
Está claro que los defectos de Adif están en su ADN. Es, como digo, una empresa que arrastra, todavía, las taras del nacionalsindicalismo franquista. Directivos y altos cargos profundamente politizados, que van al consejo a sestear, que cambian cada vez que cambia el gobierno. Esta práctica llega a límites aberrantes. Técnicos de alto nivel también tienen que ser "de confianza". Por otro lado, un proteccionismo paternalista delirante hacia los empleados que, como punto de partida, empieza asumiendo que son, básicamente, funcionarios. Típico del franquismo: ¿bien pagados? No. Pero el seguro al 100% de que pueden holgazanear todo lo que quieran y tratar mal al cliente, porque nadie los echará. En resumen, una empresa no reciclable. No hay nada que hacer. Ya me lo dijo la que había sido presidenta de Renfe antes de la mitosis Adif-Renfe -es decir, cuando Renfe todavía gestionaba las infraestructuras-. Hablo de la señora Mercè Sala. Fue taxativa: con Renfe no hay nada que hacer. Ella lo había sufrido en carne propia. Y esta es la primera premisa que hay que asumir: Adif no se puede mejorar y nos conviene a todos desmontarla.
El sistema de alta velocidad francés transportó 170 millones de personas el año pasado. En España fueron 45, los millones de pasajeros. Por el contrario, Francia tiene una red de 2.700 kilómetros de alta velocidad mientras que España la tiene de 3.900. Más datos. Pasajeros muertos en Francia en líneas de alta velocidad desde su puesta en marcha hace 45 años: cero*. Pasajeros muertos en España desde que se inauguró la alta velocidad (hace 34 años): 195. Casi seis muertos por año. Estos son los dramáticos resultados del trabajo hecho por la mala gobernanza política, y los de una empresa superviviente del franquismo. Han proyectado la desgracia sobre el territorio y los habitantes de España. Y todo con dinero europeo, claro. ¡No está mal la proeza! Un país de malos -incompetentes y políticamente malvados- que vive habitualmente de la barra y de la limosna europea -aquí reclamada con insolencia bajo el lema "solidaridad"-.
El sistema de alta velocidad francés transportó 170 millones de personas el año pasado. En España fueron 45, los millones de pasajeros
Pero dejemos de lado mi personal animadversión a Adif -pienso que justificada con cifras y compartida por millones de ciudadanos, probablemente, también, muchos otros europeos- y miremos qué se podría hacer.
Sugerir la privatización de las infraestructuras ferroviarias es una tontería. Nadie lo hace en Europa ni tampoco en ningún otro lugar civilizado. Ahora bien, dejar Adif como está -queda más que demostrado que su mala gestión genera muertes, en cifras récord en Europa- no es, tampoco, una opción. Ya he dicho que es una empresa pervertida por sus orígenes y cualquier empresario o persona profesional independiente sabe que es irreformable. ¿Cerrarla? Tampoco es viable si las infraestructuras deben seguir dando servicio, aunque sea pésimo. Derramar más dinero en ella es ridículo. Ya se ha hecho -miren los fondos europeos, que ahora están bajo investigación de la fiscalía europea-. Esperar que unos políticos malos, que no valen lo que cuesta alimentarlos, resuelvan el problema proponiendo nuevas organizaciones, métodos, procedimientos, etc. no tiene sentido. Se trata, precisamente, de arrebatar esta gestión de sus manos. Son ellos los que han causado, indirectamente, las muertes.
Adif, tal como han sugerido los ingenieros catalanes, debe refundarse. Aquí va un inicio de propuesta, pero podrían haber otras, claro:
- Se crea una empresa nueva en la que se incorporan los bienes de Adif (humanos y materiales).
- Esta empresa está participada por el estado español en su mayoría y por un socio operador de prestigio internacional que se incorpora como socio industrial. Por ejemplo: SNCF Réseau, los franceses; o bien SBB Infrastructure, los suizos. Ambas son las mejores empresas del mundo para gestionar infraestructuras ferroviarias, y de eso nadie duda.
- El nuevo socio industrial tiene absoluta libertad para gestionar la red de infraestructuras. Sin ninguna interferencia. Puede despedir a quien quiera de Adif y contratar a quien quiera, basándose únicamente en el presupuesto asignado y los kilómetros de vía a gestionar y a construir.
- El estado español no puede intervenir de ninguna manera en la gestión y solo se limita, cada X años, a proponer al Congreso de Diputados renovar o cancelar la participación del socio industrial basándose en el cumplimiento o incumplimiento del contrato**.
Evidentemente, puede ser esta una propuesta válida o alguna que vaya en esta línea. Porque hay que hacer tres cosas:
- Incrementar la profesionalización en temas ferroviarios -en España, por motivos históricos obvios, no tenemos suficiente nivel -aunque lo que digo haga enfadar a muchos profesionales-.
- Efectuar la correspondiente transfusión de sangre y, por lo tanto, la consiguiente eliminación del virus que transporta Adif desde que Renfe se creó en el año 1941.
- Garantizar la exclusión de cualquier influencia política que no sea el simple control presupuestario y de ejecución.
Créanme, no hay otra solución. Recuerden la frase de la antigua presidenta de esta empresa (cuando Adif formaba parte de Renfe): “Renfe no tiene solución”. Como no la tenían tantas y tantas organizaciones creadas por el franquismo y que, afortunadamente, fueron desmontadas por la Transición o por la incorporación a Europa.
* Hubo 11 muertos en el año 2015 en Eckwersheim. Era en período de pruebas y las víctimas fueron todos técnicos y trabajadores de la compañía.
** El tema del ferrocarril es extremadamente importante en cualquier país. Tanto es así que, en Francia, el máximo responsable de la SNCF es nombrado por el presidente de la República.
Añadir VIA Empresa como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad