• Empresa
  • La compresión de los márgenes de la pyme catalana: ¿síntoma o advertencia?

La compresión de los márgenes de la pyme catalana: ¿síntoma o advertencia?

El absentismo laboral y las regulaciones desafían los resultados de las empresas en el Principado, según representantes de patronales

Un herbolario de proximidad en Barcelona | Meet Barcelona
Un herbolario de proximidad en Barcelona | Meet Barcelona
Natàlia Bosch | VIA Empresa
Periodista
24 de Abril de 2026 - 04:55

El 78% de las empresas tienen beneficios, pero ¿generan suficiente valor? La pregunta es de Oriol Amat, economista y presidente del Observatori de la PIME de Pimec, que este miércoles publicaba en VIA Empresa uno de sus clásicos barómetros empresariales. Antes, pero, de entrar a justificar el porqué de esta mención, es necesario situar otro informe que ha marcado la génesis del presente artículo. El 7 de abril, este diario se hacía eco del Barómetro de primavera 2026 elaborado por el consejo general de los Col·legis de Gestors Administratius. El estudio señala que el 42% de las pymes del Estado no obtuvieron beneficios en 2025 o cerraron el ejercicio en equilibrio.

 

El dato es contundente, pero también invita a cuestionar la muestra: 264 gestores administrativos en ejercicio sobre un censo de 7.496 profesionales, un error muestral máximo de un 6,05%, y un nivel de confianza del 95,5%. “Aquí se está hablando de las gestorías y los servicios profesionales, de un sector muy concreto”, apunta Amat. Todo ello contrasta con la presentación pública del barómetro, que insiste en que el 57,6% de las pequeñas y medianas empresas del Estado cerraron el 2025 con beneficios, mientras que el 20,1% lo hizo con pérdidas y el 22,3% en equilibrio.

Al mismo tiempo, el documento describe una pyme que “resiste, pero con menos margen, más presión y más riesgo estructural”. “Más allá de la cifra en sí, lo que vemos aquí es una compresión de los márgenes”, apunta Pep Garcia, presidente del Consell Territorial de la Pime de Foment del Treball. “El estudio puede marcar tendencias. Hay factores coyunturales que explican los resultados, como el impacto geopolítico o la guerra en Irán, y otros que son claramente estructurales”, subraya. “Yo no hablaría de tendencias”, niega Amat. “Siempre que lo he analizado, el porcentaje acostumbra a bordear entre el 40% y el 55% en los años buenos, y en los malos, solo un 20% de las empresas tienen beneficios”, puntualiza.

 

Según el informe Ratios Sectoriales que introducíamos unas líneas más arriba -publicado por la UPF Barcelona School of Management, la ACCID, el Observatori de la PIME de Catalunya y el Registre d’Experts Comptables, que recoge información de 655.298 empresas españolas que han depositado sus cuentas anuales en el Registre Mercantil en el ejercicio 2024-, las pequeñas empresas obtienen 8,6 euros de beneficio por cada 100 vendidos, pero cuando se mira la rentabilidad económica, la distancia en términos de eficiencia es de un 8% en las grandes y medianas, y de un 6% en las pequeñas.

Absentismo laboral y mayoría de microempresas

En Catalunya, esta realidad se agrava por el tamaño del tejido. “Prácticamente, el 90% de las empresas catalanas son microempresas”, recuerda Frederic Delmàs, vicepresidente de la Unió Empresarial Intersectorial (UEI) y miembro del Col·legi d’Economistes. Garcia coincide con ello: “En el Vallès Oriental, que somos una comarca muy industrial, el 80% de las empresas tienen entre uno y nueve trabajadores”, explica. En una estructura tan pequeña, cualquier desajuste impacta directamente en la línea de flotación del negocio. "Hay una desconexión entre los costes laborales y el rendimiento real", señala Garcia, y pone el acento en los incrementos salariales por convenio en Catalunya en 2025, que según el INE fueron del 2,47% entre octubre y diciembre, más de un punto por debajo de la media española (+3,6%).

"El problema ya no es el incremento en sí, sino que este no responde a una productividad que crezca al mismo ritmo", lamenta Garcia. Una reflexión que Delmàs completa con el lastre del absentismo laboral. Foment lo cuantifica en 37.000 millones de euros en España, un 3,1% del Producto Interior Bruto (PIB), con un 80% de bajas por contingencias comunes. “Nosotros ya empezamos a decir que se trata de una emergencia económica”, alerta Garcia. "Si un trabajador se rompe un brazo y está pendiente de una prueba que no le hacen hasta dentro de tres semanas, la culpa no es ni de la empresa ni del trabajador", ejemplifica Delmàs. 

Foment cuantifica en 37.000 millones de euros el coste del absentismo laboral en la economía española, un 3,1% del PIB

Al saco de esta presión se le añade la regulatoria. Delmàs habla de un “incremento constante de las normativas”, pero evita emplear el término "burocracia". A pesar de perseguir objetivos legítimos, estas normas generan una estructura de costes que la pequeña empresa tiene que soportar. Además, apunta que se está "pasando la patata de la gestión" a la empresa: "Con el certificado digital, hay trámites que ahora los tiene que gestionar directamente el empresario, dedicándole más horas", relata.

Un "círculo vicioso" de dimensión y precio

Esta carga administrativa choca con un problema que García bautiza como "la dimensión de nuestras pymes". "A menor dimensión, menor es la capacidad exportadora y de inversión en tecnología o internacionalización", advierte. "Es un círculo vicioso: sin acceso a estos factores, nos cuesta más crecer, por eso se necesitan políticas que ayuden a las pymes a ganar escala, porque las unidades más grandes son más fuertes", sentencia.

Pero mientras los costes de producción se disparan, el mercado empuja los precios de venta a la baja. "La digitalización ha creado un mercado perfecto donde el consumidor final compara hasta el último céntimo", explica Delmàs. La inmediatez y la comparativa constante han cambiado las reglas del juego: "Hoy, comprar algo tan básico como el papel es tan fácil como buscar la opción más barata en Amazon mientras hablas por teléfono, pedirlo y saber que mañana a las diez de la mañana ya lo tendrás aquí", apunta. Esta cultura del precio mínimo ya no es exclusiva del cliente particular; ha saltado con fuerza al sector B2B, donde las nuevas generaciones de compradores "ya no priorizan la confianza, sino el bolsillo".

La no deflactación de las tarifas del IRPF empuja al trabajador a buscar el precio mínimo para salvar su ocio

El análisis de Delmàs incluye una observación más: la no deflactación de las tarifas del IRPF. "Un sueldo base del sector del metal de 28.800 euros grava hoy con la misma fuerza que un sueldo de directivo de hace diez años porque los tramos del impuesto no se han adaptado", relata. El resultado es "un trabajador que cada vez tiene menos dinero neto en el bolsillo, y que para poder mantener el nivel de vida al cual se ha acostumbrado -los fines de semana, las salidas a cenar o la suscripción a Netflix-, se ve empujado a buscar radicalmente el precio mínimo en todo lo que consume", concluye Delmàs.

Este proceso de degradación no es nuevo, pero se acelera. "Si no hacemos nada, la situación solo puede ir a peor", alerta Garcia. "Nuestra responsabilidad como patronal es poner en la agenda los temas que afectan directamente la competitividad". Ahora, sin embargo, la mirada está puesta en Irán. "La cosa parece que durará mucho más de lo que pensábamos; yo era positivo, pero el alargamiento del conflicto está disparando los costes de energía y transporte, y esto afecta de lleno a las pymes", concluye.

En definitiva, la compresión de los márgenes de la pyme catalana no puede despacharse como un simple contratiempo pasajero por la incertidumbre geopolítica, la inflación o la inestabilidad en Irán. Amat nos confirmaba este miércoles que la resiliencia tiene un límite si no va ligada al valor añadido. Y con este dibujo reseguido entre patronales, todo hace pensar que el dilema ya no va de síntomas o advertencias, sino de saber si, más allá de resistir, las pymes catalanas tendrán la musculatura necesaria para encarar los retos de futuro.