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Conversando con Oriol Guixà: “En Catalunya, el éxito del otro molesta”

El presidente de La Farga reflexiona sobre el momento que vive la empresa catalana y fija sus retos profesionales de futuro después de ceder la presidencia de FemCat

Oriol Guixà es el presidente de La Farga| Marc Llibre
Oriol Guixà es el presidente de La Farga| Marc Llibre
Xavier Roig VIA Empresa
Ingeniero y escritor
01 de Marzo de 2026 - 04:55

En una época como la que hemos vivido, y que aún vivimos, de profunda dilución del espíritu febril industrial, resulta reconfortante ver que hay gente que nos recuerda que la industria tiene unas virtudes que difícilmente encontraremos en otros sectores. Ahora que tanto se utiliza la palabra “inclusivo”, podríamos decir que la industria es inclusiva en muchas áreas positivas: uso de tecnología (también mecánica), métodos y procedimientos, rigor y control de calidad verificables, permite escalar beneficios, formalidad laboral, oficio..., Y no es que la industria catalana haya retrocedido sensiblemente en cifras absolutas. No, señor. Se ha visto minimizada por un sector servicios —de bajo valor añadido— que ha crecido demasiado y que, por lo tanto, han diluido el peso de la industria. Y, consecuentemente, la influencia de sus virtudes sobre la sociedad catalana.

 

Además, todo este aire industrial —de gran envergadura— del cual les hablo y del que Oriol Guixà es el claro exponente, proviene de comarcas. Y nos recuerda que tenemos un gran territorio que debería industrializarse. Las cifras de renta per cápita nos informan que las comarcas más ricas en este sentido son las que tienen un componente industrial remarcable. No en vano, La Farga es una empresa secular fundada a principios del siglo XIX e instalada en las Masies de Voltregà desde 1852. Una empresa que no ha dejado de ser familiar en la composición de su accionariado. Hasta llegar aquí.

Esta sección se titula Sobre hombros de gigantes. ¿Qué piensas que es aquello que ha hecho que a lo largo de tu carrera profesional te comportaras como lo has hecho?

 

De hecho, he tenido que superar un problema permanente, que permanece. Aprendí a leer tarde. Me costó mucho. Por lo tanto, el hecho de escribir también ha sido, y es, un hándicap. ¿Una especie de dislexia? ¡Quién sabe! Por el contrario, cuando se cierra una puerta se abre otra: estoy bien dotado para las matemáticas y el cálculo. Pienso que, carencias importantes, como he dicho, me han llevado a proyectar siempre, sobre cualquier actividad, una gran tenacidad. Una cierta forma de terquedad.

Ya, pero habrías podido coger otras derivadas profesionales.

Ciertamente, pero también me he sentido siempre inquieto. Me ha invadido la curiosidad permanente. Encontrar explicación al porqué de las cosas. Esta inquietud la he aplicado sobre el mundo de la física. Y la industria y sus procesos son aliados perfectos. Me gustaban las motos y había participado en alguna competición de trial. También había estudiado ingeniería industrial y aeronáutica. Y tuve la suerte de poder empezar a trabajar en la empresa Montesa, en el departamento de I+D y el de competiciones que llegué a dirigir. O sea que allí empecé otro tipo de carrera que era el de la gestión empresarial. En este sentido, las cosas han ido encajadas.

¿Y La Farga?

Esto ya fue el año 1980. Como hacía de consultor para un bufete de abogados, tuve la oportunidad de participar en la compra de La Farga, que había acudido a los abogados para cerrarla definitivamente.

"Me ha invadido la curiosidad permanente. Encontrar explicación al porqué de las cosas. Esta inquietud la he aplicado sobre el mundo de la física"

Es decir, se trataba de cogerla del suelo y levantarla. ¿No es así?

Exacto. Eran tiempos difíciles. Muchas empresas industriales catalanas fueron vendidas a capital o competidores extranjeros. O cerradas, directamente. La atmósfera de aquella época llevaba a eso.

Es cierto. Se me vienen a la cabeza tantas y tantas... Vanguard, Corberó, Montesa, Derbi, Sanglas. Tantas que han desaparecido y que conformaban el tejido industrial del país.

Efectivamente. Pero La Farga la salvamos y levantamos de nuevo. Y la mejoramos. Ahora es un referente mundial en el sector del reciclaje de cobre. En general, una vez pasados los malos momentos, solo recordamos las partes felices porque una decisión ha tenido éxito. Pero llegar hasta aquí también ha costado muchas noches de insomnio y de pasar períodos muy magros.

Creo que quien no ha pasado por el sector privado y, digámoslo así, no ha tenido que cargar con la responsabilidad de una cuenta de resultados, tiende a banalizar la función directiva y empresarial.

Sí, es así. Y me preocupa mucho una actitud que abunda demasiado entre nosotros: y es que se espera y se reclama que todos los problemas los resuelva el Estado. Este espíritu funcionarial pasivo es exasperante. Y debemos ser muy cautos. La memoria es frágil y llegar a donde hemos llegado no ha sido fácil. Corremos el riesgo de que todo aquello de lo que disfrutamos se desmorone. Mejor dicho, que se vaya desmontando, diluyendo, sin darnos cuenta de lo que sucede. Hasta que llegas a una situación en la que te das cuenta de que eres pobre y de que ya no cuentas. El país corre este riesgo. Estamos cometiendo abuso de unas instituciones —las del estado del bienestar— sobre las que nadie se pregunta cómo se pagan.

Efectivamente, el estado del bienestar es fruto de un excedente que todos ponemos en un cajón común.

Sí, pero si las salidas son más grandes que lo que se recauda el sistema entra en quiebra. En toda Europa se han ingeniado sistemas para evitar el abuso. En el caso de la sanidad se practica el copago. Menos aquí. Como con las autopistas, el transporte, etc. Esta actitud irresponsable por parte de un consumidor que ni se pregunta de dónde sale el dinero que lo paga todo, es un caso único. Por eso hablo de una tendencia inconsciente y lenta hacia un empobrecimiento general, una decadencia material de aquello que tanto ha costado levantar. Y eso lleva al conflicto.

Todo lo que denuncias requiere una acción de gobierno decidida, fuerte. Y un país bien articulado.

En este sentido, no soy demasiado optimista. La sociedad catalana, quizás por tradición, está formada por elementos de una gran individualidad. No logramos materializar un hecho transcendental: hay acciones y cosas que, además de ser buenas para el individuo, también lo son para la colectividad. La creación de la clase media es un buen ejemplo de ello. No hay, necesariamente, una dicotomía fatalista. Quizás es fruto de un país típico del sud-europeo, dotado de una gran dosis de envidia. El éxito del otro molesta. Y, a veces, el hecho se lleva al extremo. La frase “¡antes de que alguien se aproveche, lo quemo!” lo describe bastante bien.

Personalmente, siempre he estado inquieto, intentando promover acciones y cosas que hacer. Con esta actitud inevitablemente, tarde o temprano, pisoteas algún ojo de gallo. A menudo sin darte cuenta. A veces es debido a un descuido, pero demasiado generalmente es debido al hecho de que mueves cosas que otros querrían que se quedaran como están.

¿No crees que, al fin y al cabo, es que nos hemos cargado las élites?

Es muy posible. Se necesita alguien que, en cada área, nos quite el sueño de las orejas. Estamos absortos en problemas domésticos que, qué quieres que te diga, no cambiarán el porvenir de la humanidad. Por el contrario, nos están pasando por alto grandes cambios que sufre el mundo y que llevan una velocidad espantosa. Corremos el riesgo de perder oportunidades en cuestión de muy poco tiempo. Fenómenos que ya no tienen un ciclo de decenios, ni siquiera de lustros. Se le da muy poca importancia a lo que tiene lugar en el mundo. No se nos informa de todo esto y dedicamos las horas a distraernos en asuntos de cocina, a observarnos el ombligo constantemente.

"Se necesita alguien que, en cada área, nos quite el sueño de las orejas; nos están pasando por alto grandes cambios que sufre el mundo y que llevan una velocidad espeluznante"

Yo pienso que el sistema informativo catalán está devastado. Las subvenciones han conllevado una falta de libertad e iniciativa manifiesta. En otros países que tienen un mercado lector que hace inviable la prensa (Dinamarca, Suiza, etc.), se han establecido mecanismos de subvención fruto de fórmulas matemáticas. Aquí, el clientelismo es evidente...

Sí, pero no reaccionamos, y el país se nos escapa de las manos. Para ir a peor, está claro.

Hablemos de realidades optimistas. ¿Dices que te dan un galardón internacional?

Sí, hombre. El equivalente al balón de oro que se da a los futbolistas. Se trata del Ankh Award que da el The Copper Club, que es la asociación del cobre más importante del mundo, y que tiene como misión el desarrollo de esta industria. Bueno, el premio me lo dan a mí, pero como presidente de La Farga. Y a una trayectoria de casi 46 años en el sector. Hemos innovado, hemos registrado patentes, hemos avanzado hacia el reciclaje, etc. Todo esto, ahora nos lo reconocen y consolidan La Farga en un escenario, el internacional, donde ya estaba. El mundo está bajo una transformación vertiginosa.

Pienso, ni que sea por experiencia, que el hecho de estar pendiente de todo lo que pasa en el planeta es fruto del trabajo. Tener que cerrar contratos internacionales te hace conocer el mundo a fondo.

Es cierto. Te hace prestar atención porque, al fin y al cabo, es nuestro escenario. No nos podemos escapar. La importancia de los actores ha cambiado: China, India... Eran grandes, de acuerdo, pero no eran importantes. Ahora son determinantes. No puedes ignorarlos porque, quieras o no, se te vienen encima indefectiblemente.

Oriol Guixà reivindica la fuerza del mundo empresarial | Marc Llibre
Oriol Guixà reivindica la fuerza del mundo empresarial | Marc Llibre

Hace un mes que has plegado como presidente de FemCat. ¿Qué piensas de tu paso por esta asociación?

Ha sido muy gratificante y he podido observar y hacer cosas que de otro modo no hubiera podido hacer. Hemos crecido un 50% durante mi presidencia. Y eso es importante. FemCat debe acabar representando, con sus miembros, una parte importante del PIB catalán. Todos los miembros de la Fundación, todos, tienen por objetivo mejorar la realidad catalana desde su aportación como empresarios, con visión a largo plazo y de país. Incrementar el peso de FemCat hace que podamos ser más influyentes a la hora de las iniciativas que se presenten. Sobre todo, desde la administración pública.

Dejas FemCat y tu presidencia en La Farga es no ejecutiva. Ahora qué harás?

No me aburriré, no te preocupes. Formo parte de los órganos de gobierno (tanto del país como internacionales) de 28 entidades, patronatos, consejos de administración, juntas...

¿Haciendo qué?

Lo de siempre. Ayudar a que vayan mejor, siempre aplicándole dos hechos que he practicado siempre. Uno es el de prestar atención, tener en cuenta las opiniones de los demás sin perder el norte. Y, segundo, hacer planteamientos desde la humildad. Son dos factores que siempre me ha ido bien aplicar. Y no los cambiaré ahora.