Ingeniero y escritor

La inmigración solo es la fiebre, ¡estúpido!

24 de Febrero de 2026
Xavier Roig VIA Empresa

Parece que empieza a ser público y evidente que el exceso de población —por tanto, la inmigración— no es un tema sobre el que haya que pasar de puntillas, contrariamente a lo que siempre ha intentado el lamentable discurso socialmente imperante en Catalunya. También parece que se está dejando de creer que, para crecer económicamente, la solución es el crecimiento de la población. Todo esto, sin embargo, aún está en sus albores. El régimen gobernante en Catalunya y en España continúa asegurando que lo que conviene es el incremento del PIB, aunque el PIB per cápita —la riqueza individual del ciudadano— mengüe. La mayoría de la prensa y de las instituciones oficiales se encargan, de forma diligente, de la propagación de la mentira.

 

Esta clase de salida del armario por parte de algunos que hasta hace poco defendían el discurso oficial es, sin embargo, un poco tibia. Quiero decir que no quieren ofender o contradecir la consigna de los que mandan. Entonces, se denuncia la fiebre en lugar de la enfermedad. No se tiene el coraje de decir aún abiertamente que Catalunya no necesita crecer más en población. De hecho, no necesitaba haber pasado de seis a más de ocho millones. Ya expuse aquí mismo que el buen ejemplo lo teníamos en el País Vasco, donde, sin tener tampoco competencias en inmigración, la población solo ha crecido un 5% desde el año 2000.

Esta falta de coraje a no contradecir el discurso oficial lleva a hacer malabarismos verbales que son peligrosos por malintencionados. Porque se le plantea a la sociedad que discuta sobre la fiebre y no sobre aquello que la provoca. Y resulta que discutir sobre la fiebre es, además de estéril, peligroso.

 

Unos piden que la inmigración se limite —es decir, por controles fronterizos—, cosa que se asume que debería ser así, pero que no ha sido así. Además, es una manera de huir digna de estudio, ya que siempre queda la excusa de decir que las competencias de control de fronteras las tiene Madrid y, así, los cobardes pueden lavarse las manos. Otros piden que la inmigración que llegue al país sea de más alta formación profesional. Una bonita manera de, también, no coger el toro por los cuernos. Equivale a decir que sería bueno para todos que cada año lloviera la cantidad de agua que conviene. Deseos, otra vez de cobardes, para no hacer nada.

"Hay que dejar de tonterías: la inmigración no tiene la culpa de nada. Hasta donde yo sé, la fiebre no tiene la culpa de que alguien sufra la gripe"

No encarar el origen del problema con estos discursos semisecos puede llevar a que la opinión pública pase a la ofensiva pensando que la inmigración es la culpable del desastre general en que se ha hundido Catalunya en los últimos decenios. Hay que dejarse de tonterías: la inmigración no tiene la culpa de nada. Hasta donde yo sé, la fiebre no tiene la culpa de que alguien sufra la gripe.

El ejemplo vasco —lo cito por el hecho de que estamos ambos, ellos y nosotros, dentro de una España que, indefectiblemente, siempre nos sirve de excusa— nos lo deja claro: la inmigración que ha venido a Catalunya desde el año 2000 —y que, desgraciadamente, continúa viniendo— es resultado de una demanda de mano de obra tan real como innecesaria. Y el nivel y formación de esta inmigración que llega es exactamente lo que exigen las empresas demandantes de estos puestos de trabajo. Y aquí es donde se ha de atacar el tema y dejarse de operaciones de distracción dilatorias.

Hay sectores económicos —uno es el turismo y el otro el engorde de cerdos— que han creado puestos de trabajo que no necesitábamos. Porque Catalunya no requería ser una exportadora barata de carne de cerdo, ni tampoco ser líder en atraer turistas. Estos dos sectores —hay alguno más— han actuado con total impunidad y sin ningún control por parte de los gobernantes. Nadie les ha puesto límites cuando era necesario. Ahora estamos hundidos en un buen desastre. Como estamos ante el crecimiento descontrolado de sectores típicos de los países en vías de desarrollo —situación que pensábamos haber cerrado con la muerte de Franco—, desarrollar estos sectores comporta retroceder.

"Catalunya no requería ser una exportadora barata de carne de cerdo, ni tampoco ser líder en atraer turistas"

El resultado es un país que se va empobreciendo. Un país que viviría mucho mejor sin el crecimiento de estos dos sectores. Todos y cada uno de los ciudadanos catalanes del año 2000 tendríamos, a estas alturas, una renta per cápita superior. A ver si lo dejamos claro: la actuación de estos sectores no ha sido neutra. Al contrario: ha perjudicado a los catalanes empobreciéndonos. El mal ya está hecho.

¿La inmigración ha tenido la culpa? No. La culpa está en los empresarios catalanes —no vascos— que crean puestos de trabajo que solo pueden ser aceptados por inmigrantes que huyen de su casa. Por favor, no escondamos la cabeza bajo el ala. Que los simulacros de empresarios y los sindicatos apócrifos dejen de disimular. Y sus portavoces, que abandonen la práctica del periodismo pasado por el baño maría barcelonés.