Hace unos meses publiqué un artículo sobre las subvenciones al vehículo eléctrico. Un amigo se había comprado uno y había solicitado la ayuda del plan Moves III, que no es nada más que un dinero que envía Bruselas y que la Generalitat reparte. Bueno, reparte o no. Este amigo se compró el coche hace un año y medio y, por supuesto, no ha recibido todavía ni un euro. Pero recibió la llamada de la financiera del coche diciéndole que en mayo le cargarían los 7.000 euros que la Generalitat no le ha abonado. Le dijeron que solo querían advertirle para que tuviera el dinero preparado, ya que la “Generalitat no paga, porque no tiene ni cinco en la caja”. Este ejemplo ya sería suficiente para demostrar que la administración pública española -la central y, como alumno aventajado, la catalana- es una porquería.
Pero, claro, hablar de estas minucias como ahora no dar las ayudas a los coches y quedarse con el dinero que ha enviado un tercero para tal propósito -cosa que el Vaquilla ya hacía en los años ochenta- ya no es nada. Ahora tenemos otro problema más gordo: la gente no puede viajar en tren. Aquello que es normal en la mayoría de los países, aquí no. Con un agravante: ahora los gobernantes catalanes se dan cuenta de que Rodalies nunca funcionará. Pero no tienen agallas de decirlo. Rodalies nunca funcionará, aunque se pongan todos los miles de millones del mundo. Las razones son simples. La primera es que la falta de inversiones es secular. Por lo tanto, el problema no se resuelve con unos cuantos años -¿decenios?-. Pero la principal es que darle esos millones a según quién -si se dan, porque, como ya he dicho, el espíritu del Vaquilla continúa estando muy vivo entre nosotros- no funciona. Enterrar millones dándoselos a alguien que necesita un manual para ponerse la gorra cuando se despierta de la siesta permanente -hablo de Renfe y de Adif- es el equivalente a arrojar flores a los cerdos: no sirve de nada.
Seguir tratando como señores a aquellos que se están llevando cada día por delante una porción del PIB catalán que nadie ha calculado, me parece indignante. Como ya dije, hay que desmontar Renfe y Adif y basta. Ya nos han perjudicado mucho: 35 años con Franco y 50 sin Franco. Tres cuartos de siglo fastidiándonos. ¿No es hora de despacharlos a todos?
Si giramos la mirada a la enseñanza, la cosa es más dramática todavía. Porque lo que está teniendo lugar es claro. Malas notas de Pisa y unos maestros mal gestionados y, por lo tanto, de pésima productividad. Y huelgas, lógicamente. La noticia es terrible: vamos mal, pero las generaciones que vendrán todavía serán peores.
"Esta semana empieza una huelga que nos recuerda, una vez más, que a los sanitarios no se les paga con aplausos desde el balcón de casa"
¿Un vistazo a la sanidad pública? Esta semana empieza una huelga que nos recuerda, una vez más, que a los sanitarios no se les paga con aplausos desde el balcón de casa. Todo esto son manifestaciones típicas del populismo hispano ejercido por la población y elogiado por las autoridades. Unas autoridades, cobardes, que se niegan a implantar el copago sanitario que funciona en toda Europa. Porque nosotros, ya se sabe, somos ricos y no necesitamos aquello que aplican en Francia, Alemania, Italia, los otros pequeños países, etc. No, señor. No nos hace falta. Eso sí: ahora se dará un premio a los que no emitan bajas ilegales. Es muy fuerte, ¿no?
Tampoco hay que entrar en detalle sobre el paro de país -aberrante y único en el mundo- a causa de los vientos. Ha coincidido esta charlotada con la que he estado viajando por trabajo por el sur de Francia, y con vientos de 150 km/h no se ha detenido la actividad. Solo se han tomado precauciones. Claro que, con un día de inactividad, los que gobiernan se ahorran un día de bronca por Rodalies, maestros, médicos... Digamos que este paro no es más que un día de absentismo de los que mandan. Y, como buenos absentistas, ellos no lo pagarán, pero cobrarán la nómina igualmente.
"El paro de país por el viento no fue más que un día de absentismo de los que mandan. Y, como buenos absentistas, ellos no lo pagarán, pero cobrarán la nómina igualmente"
Ah, y una cosa, ahora que me acuerdo. ¿Saben de quién fue culpa el apagón eléctrico? No se explica porque, sin duda, fue otro fracaso de la red pública. Pero conviene callarlo.
Ya lo ven. Aunque sea pesado: todo esto es fruto de decenios de malos gobernantes. No es fruto de la mala suerte. No, señor. ¿Quieren una buena noticia? Aprovechen el momento y disfruten de él, porque el futuro será peor. Los efectos de la descomposición, de la enorme podredumbre, de la cosa pública no han hecho más que empezar.