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"El management de la era industrial tenía trabajadores manuales. El de la era de la información digital tiene trabajadores del conocimiento. El management de la era de la IA requerirá trabajadores del pensamiento." Así lo planteaba el profesor Xavier Marcet en su sugerente ponencia del 4t Congrés d'Economia i Empresa de Catalunya en el año 2025.
Y es que, desde que la IA llegó a nuestra vida cotidiana con el lanzamiento de ChatGPT el 30 de noviembre de 2022, vivimos inmersos en este nuevo tiempo: la era de la IA. Desde entonces, somos testigos de la velocidad vertiginosa a la que ha evolucionado. Sin embargo, mientras todavía estamos descubriendo el potencial de la IA generativa, ya hablamos de la generación siguiente, potencialmente aún más transformadora: la IA agéntica.
Hasta ahora, la IA generativa ha funcionado sobre todo como una herramienta. Le hacemos una pregunta, genera un resultado y espera la instrucción siguiente. En cambio, la IA agéntica da un paso más: un agente recibe un objetivo y puede decidir qué acciones debe llevar a cabo para alcanzarlo, interactuar con otros sistemas, revisar sus resultados y adaptarse por el camino.
En este contexto, hay quien ya habla del concepto de empresa agéntica: aquella organización en la que personas y agentes de IA trabajan conjuntamente. Mientras los agentes ejecutan determinados procesos de manera autónoma, las personas definen los objetivos, establecen los criterios, supervisan los resultados y asumen la responsabilidad.
Mientras los agentes ejecutan determinados procesos de manera autónoma, las personas definen los objetivos, establecen los criterios, supervisan los resultados y asumen la responsabilidad
Se trata de un nuevo concepto de empresa con implicaciones profundas sobre los modelos de organización y de trabajo. Las estructuras modernas de management, desarrolladas en buena parte para resolver problemas de coordinación, supervisión y transmisión de información entre personas, se ven cuestionadas en un entorno en el que una parte creciente de estas funciones puede ser asumida por agentes.
En contraposición, ganan peso estructuras menos articuladas alrededor de jerarquías tradicionales y más basadas en redes de equipos híbridos —formados por personas y agentes— orientados a resultados, tal como apunta, entre otros, el informe de McKinsey & Company The agentic organization.
Si un equipo pequeño puede dirigir decenas de agentes que ejecutan procesos enteros, una parte de esta arquitectura organizativa puede dejar de ser necesaria. El organigrama puede empezar a perder peso ante una estructura en la que lo que circulan son objetivos, tareas y resultados.
En paralelo, cambia el papel de las personas. Si los agentes asumen una parte creciente de la ejecución, el valor del trabajo humano se desplaza hacia la definición de objetivos, el establecimiento de criterios, la toma de decisiones ante la excepción y la asunción de responsabilidades. La paradoja es interesante: cuanto más escalable sea la tecnología, más importante puede acabar siendo la capacidad humana de gobernarla.
La paradoja es interesante: cuanto más escalable sea la tecnología, más importante puede acabar siendo la capacidad humana de gobernarla
Pero la transformación no afecta solo a la organización interna. También se modifican las fuentes de ventaja competitiva. Tal como hemos podido experimentar estos años, muchos modelos de IA son cada vez más accesibles, tanto en cuanto al coste como a la facilidad de uso, y, por lo tanto, el acceso a la tecnología base puede acabar convirtiéndose en una especie de commodity. Mientras tanto, el conocimiento acumulado en la organización y, sobre todo, el volumen, la calidad y el gobierno de los datos generados a lo largo de su actividad se convertirán en un factor diferencial determinante.
Hay, sin embargo, una cuestión todavía más de fondo: ¿qué pasa si el cliente deja de ser quien decide directamente qué compra?
Hasta ahora, los modelos de negocio compartían un supuesto bastante estable: al otro lado de la transacción había una persona. En el B2C (business-to-consumer), un consumidor buscaba, comparaba y compraba. En el B2B (business-to-business), lo hacía un responsable de compras o un equipo técnico.
La IA agéntica rompe este supuesto cuando consumidores y empresas delegan en los agentes que hagan la búsqueda, la comparación y, eventualmente, la negociación de sus compras. La empresa ya no compite solo por convencer a una persona, sino también por ser seleccionada por un agente.
Es lo que se empieza a denominar B2AI (business-to-AI). La consecuencia puede ser significativa: una parte del marketing dejará de competir exclusivamente por la atención humana y empezará a competir también por la selección algorítmica.
Una parte del marketing dejará de competir exclusivamente por la atención humana y empezará a competir también por la selección algorítmica
El paso siguiente es el AI2AI. En este escenario, hay agentes en ambos lados de la transacción. El agente del comprador negocia con el agente del vendedor, comparan alternativas, ajustan condiciones y pueden llegar a formalizar una operación dentro de los límites que las personas han establecido previamente.
Todo esto nos lleva hacia nuevos paradigmas en los que, entre otras cosas, la capacidad de venta de una empresa ya no dependerá solo de sus comerciales, sino también de cómo haya configurado sus agentes: qué datos tienen, qué objetivos persiguen, de qué márgenes de decisión disponen y qué reglas deben respetar.
Por eso, la IA agéntica no es simplemente una nueva generación de herramientas de inteligencia artificial, sino que es un nuevo paradigma capaz de alterar la respuesta a tres preguntas básicas sobre las que hemos construido tradicionalmente cualquier empresa: quién ejecuta, quién decide y quién compra. Si cambian las tres a la vez, no estamos hablando solo de automatizar la empresa actual. Estamos hablando de rediseñarla.
Es precisamente en este cambio de paradigma donde la reflexión de Xavier Marcet sobre la necesidad de una nueva tipología de trabajador toma todo el sentido, "trabajadores del pensamiento": "trabajadores del conocimiento con capacidad de pensar en entornos marcados por la IA", que "serán capaces de poner la tecnología a su disposición y no al revés". Porque, como señala, "las máquinas darán algunas respuestas, pero la estrategia, la singularidad, los valores nacerán de las preguntas".
Quizás esta será, al final, una de las claves de la empresa agéntica: en un mundo en que las máquinas pueden generar cada vez más respuestas, el valor diferencial de las personas puede estar, precisamente, en conservar "el monopolio de las preguntas" en nuestras manos.
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