En los últimos años, una empresa que se dedica a la fabricación de chips ha saltado a las primeras planas porque, más allá de su importancia estratégica, su cotización en bolsa se ha disparado como pocas veces se ve. A comienzos de 2023, las acciones de Nvidia cotizaban alrededor de los quince dólares, pero, solo tres años y medio después, su precio se había disparado hasta los 225 dólares, con un incremento del valor de quince veces. Un hecho del todo inaudito. Esta subida de valor provocó que tanto la compañía californiana como su CEO, presidente y fundador, Jensen Huang, se pusieran de moda y dejaran de ser una empresa para iniciados en los ambientes tecnológicos, para pasar a ser un protagonista de la cultura popular de todo el mundo. ¿Es Nvidia el gran fabricante de chips del que hablábamos en el titular? Pues no, pero antes de continuar hay que entender cómo funciona este mercado.
Se trata de un sector estratégico, muy complejo y con más capas de protagonistas de los que de entrada podemos imaginar. Desde la década de los ochenta, el sector de los chips empezó a fragmentarse en función de las fases del proceso de producción o, lo que es lo mismo, se produjo el movimiento contrario a una integración vertical. Esto desembocó en que dentro de la industria de los chips aparecieron dos segmentos diferenciados de fabricantes, los que diseñaban chips, pero no hacían el producto básico, y los fabricantes propiamente dichos. Entremedio, se mantuvieron algunos pocos operadores que hacían las dos fases del proceso.
Los primeros pasaron a ser llamados foundries y los segundos fabless. La primera de las etiquetas hace referencia a las fundiciones y es que estas compañías trabajan con diferentes metales para producir los chips. La segunda proviene del término fabrication-less, o sea, sin fabricación, porque solo se dedican al diseño y externalizan la producción. Finalmente, los del medio son los IDM (integrated device manufacturers), una clase donde hay fabricantes muy conocidos, como Intel Corporation, Samsung Electronics o la veterana Texas Instruments. Hemos empezado hablando de Nvidia y ahora hay que aclarar que esta empresa forma parte del segmento de los fabless, porque no fabrica, sino que diseña y encarga a terceros. Y entonces, ¿quién produce los chips de Nvidia? Esto es lo que veremos a continuación.
En la isla de Taiwán, sede histórica del poderoso Kuomintang de Chiang Kai-shek, a una hora en coche desde la capital, Taipéi, encontramos un complejo industrial de alta tecnología donde la empresa Taiwan Semiconductor Manufacturing Company Limited (TSMC) tiene su sede. Se dedican a la fabricación de chips en el segmento que antes hemos presentado como foundry y actualmente producen nada más y nada menos que el 72% de todos los chips del mundo. Los costes gigantescos de construir una planta de semiconductores han provocado que muchos inversores hayan preferido implicarse en plantas de diseño -como es el caso de Nvidia- en vez de construir una fábrica propiamente dicha. Por cierto, los semiconductores son materiales que tienen la ventaja de que su conductividad eléctrica puede ser modificada a voluntad y, en consecuencia, son el lugar perfecto donde instalar un circuito integrado. El caso más conocido de semiconductor es el silicio (en inglés, silicon, que da origen al famoso Silicon Valley californiano).
Las cifras que hoy mueve TSMC son espectaculares, con 122.000 millones de dólares de facturación y unos 55.000 de beneficio bruto
Volviendo al caso de TSMC, cabe decir que es una empresa fundada en 1987, después de que el gobierno taiwanés removiera cielo y tierra para poner un pie en la industria de los semiconductores. Después de muchas conversaciones con multinacionales de todas partes, consiguieron que los neerlandeses de Philips entraran en el accionariado de la nueva compañía, con un 28%. El gobierno local tomó la parte más grande del pastel, con un 48%, mientras que otro paquete relevante, el 20%, quedó repartido entre las grandes familias taiwanesas a través de sus empresas. La última pieza del rompecabezas, un 4%, vino de la mano de la rama de inversiones del Kuomintang. El creador de la firma, a petición del gobierno, fue Morris Chang Chung-mou, un ingeniero eléctrico chino que en la década de los ochenta se había instalado en la isla. Antes de poner en marcha TSMC trabajaba en la General Instrument, un fabricante de electrónica americano, especializado precisamente en semiconductores. Lideró la empresa hasta 2005 como consejero delegado y presidente, para luego retener el cargo de presidente hasta 2018. La jubilación le llegaba a los 87 años de edad.
Desde aquellos inicios, la compañía no ha parado de crecer, pero la gran aceleración -como en el caso de Nvidia- se ha producido en los tiempos de auge de la inteligencia artificial, una tecnología devoradora de chips. Las cifras que hoy mueve TSMC son espectaculares, con 122.000 millones de dólares de facturación y unos 55.000 de beneficio bruto. En la empresa trabajan unas 84.000 personas. En estos momentos, el presidente es C.C. Wei y por debajo tiene dos máximos ejecutivos con el mismo rango, Y.P. Chyn y Y.J. Mii. Todos taiwaneses. El máximo accionista es el fondo soberano de Taiwán (6,4%), seguido por otros fondos extranjeros mayoritariamente soberanos.
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