El mundo del petróleo está repleto de compañías muy conocidas por parte del público en general, como es el caso de aquellas que son herederas de las siete hermanas, es decir, la Shell, la ExxonMobile, la BP y la Chevron. Por proximidad, también nos resultan muy familiares las españolas Repsol y Moeve (antigua Cepsa), así como la francesa TotalEnergies. Y todavía otra: una que ha tenido mucha presencia en el Campeonato del Mundo de Fútbol gracias a la publicidad a pie de campo: la saudita Aramco, que es la compañía pública de aquel país y también la líder mundial. Pero en el mundo del oro negro todavía hay espacio para otros gigantes de los cuales poca gente ha oído hablar, y uno de ellos será el objetivo del escrito de hoy.
Se trata de la finlandesa Neste, que opera en dos de las tres patas del sector, porque se dedica tanto al refinamiento como a la distribución. El único ámbito en que no interviene es en la extracción. En el año 2015 suprimieron la palabra oil de su identidad corporativa, lo que da una idea de la imagen que quieren transmitir. No es un caso aislado, porque buena parte de las compañías petroleras de todo el mundo intentan desvincular su marca del petróleo, como hemos visto recientemente con el cambio de denominación que ha llevado a cabo Cepsa para pasar a llamarse Moeve. En todo caso, a la finlandesa Neste parece que la transición energética se la toman muy seriamente
Neste opera en dos de las tres patas del sector, porque se dedica tanto al refinamiento como a la distribución. El único ámbito en que no interviene es en la extracción
De entrada se presentan como el principal productor mundial de diésel renovable y de combustible de aviación sostenible, un componente conocido como Sustainable Aviation Fuel (SAF). Pero también colaboran con sus clientes para que reduzcan las emisiones de efecto invernadero como mínimo en un volumen de veinte millones de toneladas anuales antes de 2030. Todo ello dentro de su enfoque de sostenibilidad que abarca, no solo componentes climáticos, sino también la biodiversidad, los derechos humanos, las cadenas de producción y las materias primas. Los productos que ofrece Neste, a pesar de pertenecer al ámbito de los combustibles fósiles, se intenta que sean renovables y circulares.
Esto último lo hacen a través de la conversión de residuos y desechos orgánicos (aceite de cocina usado y grasas de la industria alimentaria, entre otros) en aceites y combustibles que entran de nuevo al sistema para hacer funcionar motores de combustión. Donde más centrados están es en la aviación -como hemos indicado antes, son líderes mundiales en diésel renovable- porque es un sector que de momento resulta difícil de electrificar. En resumen, las cuatro verticales de negocio donde operan son los diéseles renovables (carretera), el SAF (aviación), combustibles marítimos y producción de aceites de gran calidad a partir de residuos (destinados a transporte, maquinaria pesada, agricultura y también para la industria petroquímica). Uno de los ejemplos concretos es la colaboración con la empresa japonesa Sony, que ha empezado a producir auriculares elaborados con plásticos que no proceden directamente de un origen fósil, sino que están fabricados con plásticos renovables de Neste.
Cuando la empresa empezó a operar, en 1948, nadie podía imaginar que muchas décadas más tarde el efecto invernadero o el consumo de combustibles fósiles serían un verdadero quebradero de cabeza internacional. Así pues, Neste nació como una simple refinería estatal que tenía por objetivo asegurar la oferta de los diferentes tipos de petróleo refinado para Finlandia. Eran tiempos de reconstrucción después de la Segunda Guerra Mundial y los suomi no querían depender energéticamente de terceros países. Eso sí, la primera refinería que construyeron se hizo con tecnología americana y entró en servicio en 1957.
Desde aquel momento, el principal proveedor de crudo fue la Unión Soviética (a principios de la década de los ochenta, el porcentaje de petróleo soviético sobre las importaciones totales superaba el 80%) y después del colapso soviético se pasaron al petróleo del mar del Norte. La segunda refinería de Neste empezó a funcionar ocho años después de la primera y hoy en día no solo continúa refinando crudo, sino que además es una de las instalaciones tecnológicamente más avanzadas de Europa. Las décadas de los setenta y ochenta sirvieron para que la compañía aplicara una integración vertical muy intensa, que abarcó los segmentos petroquímico, del plástico y de gas natural. En 1983 empezaron a operar como distribuidores minoristas a través de su propia red de estaciones de servicio.

Durante los primeros años del siglo XXI, la compañía perteneció al consorcio Fortum, como resultado de la fusión con la eléctrica pública Imatran Voima ejecutada en 1995. El acuerdo se deshizo en 2005 y desde entonces Neste volvió a ser una compañía independiente con el Estado como principal accionista. Las acciones que no están en manos públicas cotizan libremente en la bolsa local, el Helsinki Stock Exchange (conocido desde 2003 como Nasdaq Helsinki).
Un hito del que están especialmente orgullosos se produjo en 1996, cuando patentaron el llamado NEXBTL, una innovación tecnológica que les permitió iniciar la producción de diésel 100% renovable (como hemos visto antes, es uno de sus productos estrella). En los años 2010 y 2011 se incorporaron dos refinerías más a la estructura de Neste, una ubicada en Singapur y la otra en Róterdam. Además, son accionistas al 50% de Martinez Renewables, una joint venture con la californiana Marathon Petroleum que se dedica a la producción de diésel renovable.
Las décadas de los setenta y ochenta sirvieron para que Neste aplicara una integración vertical intensa, que abarcó los segmentos petroquímico, del plástico y de gas natural
En 2025, la compañía tuvo ingresos por encima de los 19.000 millones de euros, con un ebitda próximo a los 1.700 millones y unos beneficios de 144 millones. El valor de mercado de la compañía se acerca a los 15.000 millones de euros. En Neste trabajan unas 5.200 personas. El presidente y CEO actual es el economista Heikki Malinen (1962), que ocupa el cargo desde 2024. Su trabajo anterior había sido en el productor de acero Outokumpu, como presidente y consejero delegado. Antes había pasado también por la consultora McKinsey.
Por debajo de él están el jefe de operaciones, Markku Korvenranta (1966), el responsable de productos del petróleo, Jori Sahlsten (1969) y la responsable de recursos humanos, Hannele Jakosuo-Jansson (1966), los tres con rango de vicepresidentes. El máximo accionista es el Estado a través de la llamada Oficina del Primer Ministro, con un 44% del capital, muy por encima del resto de accionistas, que mayoritariamente son fondos de inversión y de pensiones.
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