El fallecimiento del empresario Giorgio Armani, en septiembre de 2025 a los 91 años, y su testamento fue noticia. Fundador y propietario del grupo empresarial de su apellido, valorado en más de 7.000 millones de euros, con unas ventas de 2.300 millones, beneficios de 75 millones y liquidez de 570 millones en 2024. Con 8.700 empleados en 650 con presencia global.
¿Era Armani una empresa familiar? La primera impresión es que sí, ya que, si bien su propietario no tenía hijos, su hermana y sobrinos trabajan en el grupo, e incluso ocupan algunos puestos en el consejo. Además, se habían rechazado diferentes intentos de compra o fusión, para mantener la independencia. En 2016 se creó una fundación con este objetivo. Pero la lectura del testamento no deja lugar a dudas desde mi punto de vista. Armani pasa a ser una empresa familiar coyuntural, porque la familia no tendrá la posibilidad de continuar decidiendo la estrategia de la empresa a largo plazo. Se decreta la venta de la empresa.
Con su testamento, Armani trata de hacer algo muy difícil: reinar después de muerto. Pasa la propiedad de sus acciones a la fundación, dejando el usufructo a su pareja y mano derecha, y a sus sobrinos; quienes solo podrán vender a la fundación las que posean. Los usufructuarios son, además, quienes se reparten los derechos de voto en la fundación.
Establece que se venda el 15% de las acciones, en el plazo de 18 meses, a LVMH (que siempre le ha ido detrás), Luxottica o L'Oréal (con quienes tiene acuerdos de licencia), u otros potenciales compradores. A partir del tercer año, y hasta el quinto, debe venderse un 30% adicional, hasta un máximo del 54,9%.
En caso de que la venta fracase, se establece la salida a bolsa en un plazo de tres años (ocho desde el fallecimiento) siempre que lo soliciten su pareja y uno de los sobrinos. Introducir a un socio externo o salir a bolsa es un indicio de voluntad de garantizar la profesionalidad de la empresa, lo cual evita el nepotismo.
Armani ha establecido que se venda el 15% de las acciones, en el plazo de 18 meses, a LVMH, Luxottica o L’Oreal
En un ejercicio de ingeniería jurídica, para equilibrar la apertura al mercado y la salvaguarda de los valores, en el testamento se establecen seis categorías de acciones, con diferentes derechos de voto. Los socios A (su pareja) y F (sobrinos) tendrán el 30% y 10% del capital, y el 40% y 13% de los derechos de voto.
La fundación deberá tener en todo momento como mínimo el 30% del capital, actuando como permanente garante del cumplimiento de los principios del fundador. Algo parecido hizo Ramón Areces, fundador de El Corte Inglés, quien dejó el 37% de las acciones a la fundación que lleva su nombre.
Armani, en su testamento, ha hecho más que repartir su patrimonio. Ha prestado atención a la salvaguarda estratégica de continuidad, cohesión corporativa y estabilidad financiera a largo plazo. Ha establecido principios de gestión para mantener el estilo elegante y sobrio del nombre Armani.
Armani, en su testamento, ha hecho más que repartir su patrimonio. Ha prestado atención a la salvaguarda estratégica de continuidad, cohesión corporativa y estabilidad financiera
En 1990 protagonizó Made in Milan, un interesante reportaje de 20 minutos realizado por Martin Scorsese, en el que ya se intuye que Armani veía su empresa más que como un negocio. Lo veía como un estilo perdurable ligado a una visión personal. Esta idea de continuidad en un legado ya se percibe.
En una entrevista, publicada en el Financial Times, poco antes de morir, avanzó que “mis planes de sucesión consisten en una gradual transmisión de responsabilidades que siempre he manejado con las personas cercanas a mí; me gustaría una sucesión orgánica y no un momento de ruptura”.
Es oportuno recordar que en nuestro derecho la libertad de disposición del testador es la más amplia posible en cuanto al destino de los bienes, respetando las legítimas, y en cuanto a la imposición de condiciones.
A diferencia de otras empresas familiares de moda italianas, como Ferragamo, Armani ha priorizado la continuidad del concepto de negocio sobre la propiedad
En conclusión, aunque Armani puede parecer una empresa familiar, la realidad es mucho más compleja. El fundador no tuvo hijos y tenía un rol muy dominante. A diferencia de otras empresas familiares de moda italianas, como Ferragamo, ha priorizado la continuidad del concepto de negocio sobre la propiedad. La familia, a través de la fundación, mantendrá la custodia del concepto, pero no tendrá control operativo.
Para el fundador de una empresa garantizar su continuidad cuando él falte puede ser una manera de trascender, de conseguir la “inmortalidad”, de dejar un legado. Al no tener descendencia el deseo puede ser mayor. El caso Armani muestra que el testador puede diseñar un sistema complejo para que su visión perdure. Pero hay que ser muy cuidadoso con no encorsetar limitando la capacidad de adaptación a los cambios en el mercado. “Dejarlo todo atado y bien atado” puede ser más fácil en el papel que en la realidad.