Hace cinco años, cuando este diario habló con Adrià Argemí, el cofundador y CEO de la entonces Pangea Aerospace tenía clara la comparación con la que quería asociar su empresa: “Nosotros queremos construir un taxi (para satélites)”. Pero ha llovido mucho en este lustro, y lo que entonces era una joven startup de quince trabajadores que apenas acababa de validar la viabilidad de su tecnología hoy es una empresa más consolidada, que se acerca al centenar de profesionales, y uno de los líderes del continente en tecnologías de propulsión aeroespacial. El cambio de nombre de la compañía a la actual Pangea Propulsion, efectuado en el verano de 2025, deja más claro el nuevo segmento de mercado de una firma que eleva aún más su anhelo: “Queremos ser los Rolls-Royce del espacio”.
Para entender esta ambición, hay que ver de dónde viene y hasta dónde ha llegado uno de los nombres más destacados del sector espacial catalán. La idea de Pangea nace en la cabeza del propio Argemí, quien después de trabajar en grandes firmas del sector aeronáutico, como Airbus o Avio, decidió lanzarse al emprendimiento con tres ingenieros que conoció en un máster en Italia (Federico Rossi, Rasmus Bergström y Nicola Palumbo). Pero estos cuatro no fueron los únicos cofundadores: Argemí tenía claro que necesitaban un núcleo con experiencia en el campo del negocio, y así es como se sumaron Lluís Bellafont y Xavier Llairo, actuales director financiero y director comercial de la compañía.
En las etapas tempranas del proyecto, la voluntad era construir todo el sistema de despegue -“es decir, todo un cohete”, simplifica Argemí- para dar servicio a picosatélites y nanosatélites. “Tecnológicamente, había todos los ingredientes para hacerlo de manera más barata”, explica el CEO y cofundador de Pangea. La gran innovación se encontraba en el sistema de propulsión, unas tecnologías que validaron en 2021 con unas pruebas en la Agencia Espacial de Alemania. A medida que fue avanzando el proyecto, el equipo fue puliendo los riesgos técnicos y mejorando el producto, hasta que en 2022 la empresa decidió asumir una nueva dirección más focalizada.
Argemí: “Tecnológicamente, había todos los ingredientes para hacerlo de manera más barata”
“Llegó un punto en el que dijimos: ‘Si somos buenos en propulsión, ¿por qué no hacemos el cambio y nos especializamos?’”, rememora el consejero ejecutivo de la startup. Una de las grandes razones del cambio fue el elevado coste que suponía escalar un sistema completo de despegue para hacerlo viable. Pero no fue la única: “Así, nosotros podíamos ser mucho más transversales y dar servicio a muchísima más gente”.
Ahora, ya no tienen por qué limitarse exclusivamente a satélites de pequeñas dimensiones: “Gracias a la especialización, nos hemos desvinculado de la capacidad de carga. Nosotros hacemos los motores, y ya depende de nuestros clientes si quieren poner uno o veinte”. Para Argemí, la transformación que ha vivido Pangea ejemplifica la maduración que vive la industria: “Igual que pasó en el sector aeronáutico, en el que los Airbus o Boeing no fabrican sus motores y nadie lo cuestiona, esto pasará en el sector espacial, y nosotros queremos ser los primeros en estar presentes dando servicio a todas las soluciones de propulsión para el sector”.
Ángeles inversores, crowdfundings y rondas de financiación

Pero todo este trayecto no lo han hecho solos. El mismo 2018, Pangea ya consiguió financiación por parte de ángeles inversores y de una primera subvención, que los años siguientes fueron ampliando. “En 2019 recibimos una segunda subvención e hicimos un crowdfunding con el que levantamos alrededor de un millón de euros, una de las rondas más grandes que había habido hasta ese momento en España”, recuerda el director financiero, Lluís Bellafont.
Al año siguiente cerraron el primer gran contrato con la Agencia Espacial Europea (ESA), y en 2021 organizaron la primera ronda semilla, con la que entraron los primeros inversores en la empresa. Es a partir de este momento, también con el cambio de especialización, que Pangea empezó a cerrar nuevos contratos, abrió una sede en Toulouse (Francia) y continuó creciendo, hasta que el año pasado consiguió cerrar una ronda serie A con la que levantaron 23 millones de euros.
Es con esta financiación, a la que se le sumó a principios de este año un premio de la Comisión Europea de casi un millón de euros, que Pangea Propulsion ha dado un nuevo salto adelante. La compañía se acerca hoy a los 100 trabajadores, ha invertido siete millones en una nueva planta productiva en l'Hospitalet de Llobregat y mira al futuro con optimismo. El director financiero avanza que “de aquí a unos meses o un año” lanzarán ya una serie B con el objetivo de acabar “toda la fase de industrialización” y los desarrollos internos y empezar la comercialización de los sistemas de propulsión.
Pangea Propulsion cerró una serie A de 23 millones a principios de 2025 y ya prepara una serie B para los próximos meses
En este sentido, Bellafont explica que se han “inventado” un nuevo KPI para evaluar su estado financiero: el "ebitdard", el resultado antes de intereses, impuestos, amortizaciones… y de las inversiones en investigación y desarrollo. “Si quitáramos todas las inversiones que estamos haciendo en el desarrollo de nuestros productos internos, podríamos llegar a estar en positivo”, asegura el director financiero. En concreto, el año pasado facturaron “alrededor de cuatro millones de euros”, según apunta Argemí, que esperan hacer crecer de manera moderada este 2026, y con un salto ya más importante en 2027.
Abaratamiento de costes y combustibles alternativos
Este trayecto es posible gracias a la apuesta por toda una serie de tecnologías que han conseguido hacer de los sistemas de propulsión de Pangea una opción única en Europa. Son tres los grandes proyectos en los que trabaja actualmente la compañía: el sistema de movilidad orbital Nereus y los motores de alta empuje Arcos y Kronos, ambos con combustibles criogénicos.
Nereus es el sistema con una prioridad más alta, dado que tiene previsto un primer despegue durante el primer trimestre del próximo año. Financiado en buena parte por la misma Pangea y por socios externos, se trata de un sistema de propulsión que permite a los satélites moverse una vez ya están en el espacio, para alternar entre diversas órbitas. Tanto con este proyecto como con el resto, la empresa se ha encargado de desarrollar todos los sistemas, desde el propulsor en sí hasta los tanques de combustible o los conectores de fluidos.

En el caso de Nereus, destaca su apuesta por un combustible sostenible que sorprende de primeras: el agua oxigenada. “No es la que puedes comprar en la farmacia”, deja claro Argemí, ya que “es mucho más concentrada”, pero su uso -por separado o en combinación con otros combustibles- permite evitar los combustibles tradicionales de la industria, que son “ultratóxicos” y comportan costes de prevención muy altos. El abaratamiento de costes llega por aquí, pero también por la fabricación aditiva -conocida popularmente como impresión 3D- de los materiales.
Uno de los rasgos diferenciales de Pangea es la apuesta por combustibles sostenibles, como el agua oxigenada o el biometano
Los otros dos proyectos, Arcos y Kronos, se diferencian de Nereus por su funcionamiento: son propulsores “de empuje”, que buscan movilizar las cargas de la Tierra al espacio. El primero de ellos es un proyecto cofinanciado por la ESA y por la Agencia Espacial Española (AEE), mientras que el segundo cuenta con el apoyo de la ESA y del Centro Nacional de Estudios Espaciales (CNES) de Francia, además del de clientes privados.
Ambos funcionan con combustión criogénica, es decir, a una temperatura por debajo de los 180 grados centígrados. La apuesta de Pangea en este sentido ha sido el biometano, que Argemí considera que es “el combustible del futuro”, ya que es el hidrocarburo más fácil de conseguir, y es posible hacerlo de manera sostenible: “Con una granja de cerdos, podrías crear tu biomasa, licuarla y ya tendrías el biometano”.
Este carburante también suma otro beneficio: no deja hollín después de la combustión. Esto implica que los canales de enfriamiento internos (necesarios, ya que la combustión se produce a 3.200 grados centígrados) son mucho menos dañados que con otros carburantes y, por lo tanto, se pueden reutilizar más veces. Arcos y Kronos también son construidos con técnicas de fabricación aditiva, usando aleaciones metálicas desarrolladas por la empresa, y un sistema de gestión térmica con el cual han registrado una patente.
Una apuesta por la soberanía europea con mirada global

Pangea Propulsion desarrolla todos estos proyectos desde sus sedes de Barcelona y Toulouse, a las que ahora también se suma la nueva planta de L'Hospitalet. Una combinación de localizaciones europeas que, sumada a la diversidad de su equipo -tienen trabajadores de diecisiete nacionalidades diferentes-, confirman el convencimiento de la empresa de que el espacio es una cuestión supraestatal. “Tenemos que trabajar de manera colaborativa con otros actores europeos, porque esto no es un esfuerzo local o nacional, es un esfuerzo europeo”, reivindica Argemí.
Aun así, esto no invisibiliza la porción catalana del sector, donde Pangea Propulsion conforma una tríada destacada de empresas, junto a Sateliot y Open Cosmos. Las tres son las caras visibles de un ecosistema conformado ya por 87 empresas, que factura 237 millones y ocupa 1.800 profesionales, según cifras del departament de Empresa i Treball, y en el que Argemí destaca la apuesta pública del Govern: “Como ciudadano, creo que es una buena señal que sea una iniciativa que empezó con un color político y que cuando llegó otro color político, lo cogiera y se lo hiciera suyo”. El cofundador de Pangea valora “el talento y las universidades” catalanas como ingredientes para hacer grande una industria que también puede ser el nuevo destino de una automoción que empieza a caer en peso.
No se olvida tampoco Argemí del concepto de las tecnologías duales, que aparece en múltiples ocasiones en la conversación con VIA Empresa. La vinculación estrecha del sector espacial con el de la defensa, protagonista reciente de una de las mesas de la Reunió del Cercle d’Economia en la que el mismo Argemí participó, es aceptada con naturalidad por el empresario: “Nosotros somos de doble uso por definición. Nereus puede ir con un satélite de observación de la Tierra o en uno que hace fotos en la frontera con Rusia. El sistema es el mismo, lo único que cambia es el papeleo que tenemos que entregar”. El CEO de Pangea considera que en Barcelona “se habla cada vez más sin tabúes” sobre dicha dualidad, y eso ha posibilitado un “diálogo mucho más directo y mucho más rápido” con la industria y con la administración.
Argemí: “Solo con que convirtamos la mitad de las conversaciones que hemos tenido, ya tenemos trabajo para años”
Pero más allá de las aplicaciones en defensa, lo que queda claro es el optimismo que desprenden Argemí y Bellafont sobre el futuro de Pangea. “Solo con que convirtamos la mitad de las conversaciones que hemos tenido, ya tenemos trabajo para años”, destaca Argemí, que aspira a convertir la firma en una “empresa tractora en el sector industrial catalán”. Un objetivo al que se le suma un segundo reto atípico: conseguir que los fundadores se vuelvan “anécdoticos” en la historia de la compañía. “Habrá una foto en algún lugar en la que dirá: ‘Lo fundaron estos seis’”, sueña despierto Argemí.
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