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El relevo del campesinado se proyecta desde Montgai: Anècdota y los aceites de parcela

La startup leridana convierte el aceite en una experiencia cultural, preserva variedades autóctonas y dignifica el valor del sector primario

Analógica de los fundadores de Anècdota Rural, Carla Gili y su padre, Jordi Gili | Cedida
Analógica de los fundadores de Anècdota Rural, Carla Gili y su padre, Jordi Gili | Cedida
Natàlia Bosch | VIA Empresa
Periodista
29 de Noviembre de 2025 - 04:55

Cuando el padre de Carla Gili (Lleida, 1998) decidió plantar olivos como hobby de jubilado, nadie imaginaba que aquel gesto espontáneo tomaría forma de empresa emergente con el paso de los años. Hace tres, concretamente, que Anècdota Rural, fundada en Montgai, en el municipio de la Noguera (Lleida), nació para ser hoy mucho más que un proyecto de aceite de oliva virgen extra. Gili lo describe en VIA Empresa como “un relato que dignifica el trabajo campesino y abre ventanas de transparencia en una industria a menudo opaca”.

 

Formada en diseño y comunicación, Gili ha trasladado este conocimiento hacia la manera de explicar la iniciativa: “Cuando diseñas, inevitablemente hay un propósito”, señala. "Y el culo inquieto de mi padre me animó a hacerlo con intención", añade entre risas. Así, el proyecto ha crecido de manera orgánica: de los olivos familiares a la colaboración con otros agricultores que custodian variedades centenarias. El resultado: aceites de parcela "hechos con cuidado y poniendo el corazón en la tierra", embotellados en tiradas cortas y con fecha de cosecha, un sello de trazabilidad radical que "escasea en el sector".

“Normalmente, se recogen aceitunas de diversas fincas y se mezclan”, destaca Gili. “Algunos ya indican en la etiqueta el mes de cosecha, pero encontrar una fecha concreta quiere decir que no ha hecho falta ni lote: es la cosecha de un solo día, sin mezcla”, afirma. “Nosotros somos novatos, pero hay gente que está haciendo cosas espectaculares, con un conocimiento brutal”, reconoce. Para Gili, la agricultura es como la cocina, una herencia cultural que hay que dignificar y transmitir.

 

Los aceites de parcela de Anècdota se embotellan en tiradas cortas y con fecha de cosecha, un sello de trazabilidad radical que "escasea en el sector"

Este año, Anècdota cerrará el ejercicio con una facturación de 80.000 euros, el doble que el año anterior (40.000). A pesar de ser consciente de que todavía no es una empresa rentable, Gili celebra avanzar y consolidar el proyecto. La planificación para 2026 implica mantener la misma facturación, pero con una producción menor: si en 2024 se elaboraron 8.000 litros de aceite, este año han sido 4.000. “Con la misma facturación queremos hacer la mitad de litros”, explica, porque la estrategia ya no es crecer en volumen, sino en valor.

La apuesta radica en el mapa de fincas: aceites mucho más costosos de elaborar, con tiradas pequeñas de 200 litros, recolectados a mano en campos a menudo alejados del molino. “Es mucho más difícil de producir y también de vender, pero queremos frenar e introducir el concepto de aceites de parcela”, defiende Gili. El objetivo es reducir el granel y ampliar la gama de aceites de finca, que funcionan diferente en el mercado y que, a pesar del esfuerzo, pueden aportar más beneficio que el año pasado.

El desconocimiento, un melón "que había que abrir"

Una de las botellas de aceite de Anècdota Rural, con fecha de cosecha | Cedida
Una de las botellas de aceite de Anècdota Rural, con fecha de cosecha | Cedida

Una de las claves del proyecto es la lucha contra la desinformación. Instalada en Barcelona, Gili se dio cuenta de que muchos de sus amigos —a los que tilda de “cultos, formados y conscientes”— no entendían realmente qué hay detrás del cultivo del olivo. "No sabían nada de la vida en el pueblo, cuánto cuesta mantener una finca, el cansancio que implica trabajar de sol a sol, o cómo funciona el trabajo en el campo en plena cosecha", dice con cierta indignación.

Anècdota nació también para cubrir este vacío. “Nuestra responsabilidad no es solo producir, sino hacer pedagogía. Conseguir que el consumidor entienda qué hay detrás de una botella y por qué un aceite puede costar más que otro”, remarca. "Decidí ponerle remedio, porque yo estoy muy metida en el mundo del café, el chocolate o el vino, y necesitaba abrir el melón para explicar qué está pasando con la industria del aceite", explica. “Es curioso que ahora tengas que explicar lo que es básico”, concluye.

Una inversión hecha en el campo

El espacio de trabajo en el campo de Anècdota Rural | Cedida
El espacio de trabajo en el campo de Anècdota Rural | Cedida

El retorno inicial no fue tanto sobre el gusto del aceite como sobre la historia. Los consumidores querían escuchar una voz joven que, con solo 27 años, apuesta por el campo junto a su padre. En un sector primario "maltratado y con falta de relevo generacional", el proyecto ha crecido a través de ayudas, subvenciones, y con el apoyo de programas como Netmentora Catalunya, que han conectado a la fundadora con mentoría empresarial de primer nivel: "Para mí era impensable poder optar a estas ayudas, fueron Fademur -que representa y acompaña a las mujeres emprendedoras del mundo de la agricultura- y la Fundación Pepsico que me introdujeron a Netmentora, un proyecto muy bonito", asegura.

“Lo más valioso no ha sido la ayuda económica, sino nutrirme de conocimiento para saber dónde y cómo invertir”, explica Gili. La inversión principal, sin embargo, sigue siendo en el campo, bajo la fórmula de plantar, cuidar y preservar. Por otro lado, Anècdota también se articula en torno a fincas propias y compartidas, que definen la singularidad de los aceites de parcela. Las fincas familiares de Cubells, la Sentiu de Sió y Montgai conforman el núcleo inicial, mientras que la colaboración con otros agricultores ha abierto puertas a variedades centenarias y territorios diversos, como Castelló de Farfanya, el Prepirineo y el Pallars Jussà.

En un sector primario "maltratado y con falta de relevo generacional", el proyecto ha crecido a través de ayudas, subvenciones, y con el apoyo de programas como Netmentora Catalunya

Estos espacios no solo asumen el rol productivo, sino que también funcionan como zonas de dinamización cultural: se organizan visitas, picnics, cuentacuentos y catas. Al mismo tiempo, la empresa lleva sus catas a otros municipios, como Sabadell o el distrito de Gràcia, de Barcelona. Así, el aceite se convierte en un elemento que conecta directamente el trabajo de la tierra con el público urbano, y refuerza la idea de que cada finca es a la vez un proyecto agrícola y un espacio de relación.

La burocracia, el gran muro para los pequeños productores

Los aceites de parcela de Anècdota Rural, con su fundadora Carla Gili | Cedida
Los aceites de parcela de Anècdota Rural, con su fundadora Carla Gili | Cedida

Si exploramos el gran obstáculo con el que se ha topado la fundadora de Anècdota, esta no duda en señalar la burocracia y la administración: “Te piden los mismos papeles que a una macroempresa, y eso mina la moral”, denuncia. "El sistema está montado de manera que obliga a trabajar en polos opuestos: o eres macroproductor industrial o te sitúas en el segmento lujo". En medio, dice, es casi imposible ser viable.

Los costes que afronta un pequeño productor no responden solo a la producción, sino a la burocracia. “No está nada escalado”, lamenta. Las exigencias administrativas son las mismas para una empresa que factura diez veces más que para un proyecto emergente como el suyo. “Te castigan todo el tiempo, y te investigan como si fueras un delincuente”, afirma con contundencia. La paradoja, según Gili, es que mientras se proclama la defensa del mundo rural, la administración pone trabas a quien aporta negocio y valor.

Gili: “Te piden los mismos papeles que a una macroempresa, y eso mina la moral”

Un ejemplo es la FotoDUN, la aplicación que el Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Generalitat pone a disposición de agricultores y ganaderos para hacer fotografías geoetiquetadas que acrediten el estado real de las parcelas agrícolas de Catalunya. Las inspecciones obligan a documentar cada finca con imágenes geolocalizadas, un trámite pensado para controlar grandes explotaciones, "pero que acaba siendo una carga desproporcionada para proyectos pequeños como el nuestro", lamenta Gili. “Lo más lógico sería no meterse en este mundo, porque la inspección es constante”, concluye. 

Como no podía ser de otra manera, y pese a los obstáculos y la “esclavitud” que ella misma señala en la industria, Gili sabe que este oficio es también vocación y futuro. El día a día le confirma que plantar, cosechar y contar es la mejor manera de abrir camino hacia un relevo generacional que el sector necesita con urgencia.