• La inteligencia artificial cambia las reglas del negocio bancario

La inteligencia artificial cambia las reglas del negocio bancario

En plena transformación del sector, la IA emerge como la palanca decisiva que la banca solo podrá aprovechar si es capaz de combinar tecnología, talento y visión

La digitalización y la IA plantean un nuevo escenario para la banca española | iStock
La digitalización y la IA plantean un nuevo escenario para la banca española | iStock
Santiago Tiana | VIA Empresa
Consultor sénior independiente de estrategia y operaciones
23 de Enero de 2026 - 04:55

A lo largo de siglos, el negocio bancario ha ido evolucionando, pero durante buena parte de las últimas décadas ha funcionado sobre una ecuación relativamente estable: captar clientes, gestionar riesgos, optimizar costes y crecer de forma prudente. Hoy, esa ecuación ya no es suficiente.

 

La digitalización, la presión regulatoria, la irrupción de nuevos competidores y un cliente cada vez más exigente han obligado a la banca a replantear a fondo su modelo operativo y comercial. En este contexto, la inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa tecnológica para convertirse en un factor real de transformación del negocio.

El resultado de una entidad financiera se apoya sobre dos grandes palancas: hacer crecer los ingresos de forma sostenible y contener los costes mediante una mayor eficiencia operativa

No se trata de una revolución tecnológica aislada. Hablamos de un cambio estructural que impacta directamente en el corazón del negocio bancario: la cuenta de resultados. En esencia, el resultado de una entidad financiera se apoya sobre dos grandes palancas: hacer crecer los ingresos de forma sostenible y contener los costes mediante una mayor eficiencia operativa. La inteligencia artificial tiene un papel creciente en ambas.

 

Un sector en transformación acelerada

La banca española ha avanzado de forma notable en digitalización durante la última década. Los canales digitales son ya mayoritarios, la operativa básica está ampliamente automatizada y la experiencia de cliente ha mejorado de forma significativa. Sin embargo, bajo esta capa de modernización persisten procesos complejos, estructuras heredadas y modelos de trabajo diseñados para otra era.

A esto se suma un entorno especialmente exigente. Los márgenes siguen bajo presión, los costes regulatorios no dejan de crecer y la competencia ya no proviene únicamente de otras entidades tradicionales, sino de nuevos actores digitales que operan con estructuras mucho más ligeras. En este escenario, crecer en volumen ya no es suficiente. El reto es crecer mejor: con mayor conocimiento del cliente, con mayor eficiencia y con menor consumo de capital y recursos.

Es en este contexto donde la inteligencia artificial empieza a jugar un papel diferencial: no como un elemento accesorio, sino como una herramienta directamente vinculada a la evolución del modelo de negocio bancario.

La IA como palanca de crecimiento: anticiparse al cliente

Incrementar los ingresos en banca pasa, necesariamente, por incrementar el negocio. Y hoy incrementar el negocio ya no consiste únicamente en vender más productos, sino en vender mejor: en el momento adecuado, al cliente adecuado y con una propuesta de valor relevante.

Tradicionalmente, la relación comercial en banca ha sido reactiva. El cliente solicitaba un producto y el banco respondía. La inteligencia artificial permite romper este esquema y avanzar hacia un modelo predictivo. A partir del análisis de grandes volúmenes de datos, transacciones, comportamientos, interacciones y contextos vitales, los modelos de IA pueden anticipar necesidades antes incluso de que el propio cliente sea plenamente consciente de ellas.

Esto abre la puerta a una banca mucho más proactiva. Una banca capaz de detectar, por ejemplo, cuándo un cliente puede necesitar financiación, cuándo está en disposición de ahorrar o invertir, o cuándo existe un riesgo real de pérdida de vinculación. No se trata de invadir al cliente con ofertas, sino de ofrecer soluciones oportunas y personalizadas.

Incrementar el negocio ya no consiste únicamente en vender más productos, sino en vender mejor: en el momento adecuado, al cliente adecuado y con una propuesta de valor relevante

Desde mi experiencia en el sector, he podido comprobar cómo muchas oportunidades comerciales se pierden no por falta de productos, sino por falta de información accionable en el momento adecuado. La IA actúa precisamente ahí: convierte datos dispersos en señales claras para la acción comercial.

Del gestor tramitador al gestor asesor

Uno de los cambios organizativos más relevantes asociados a la inteligencia artificial es la transformación del rol del gestor bancario. Durante años, gran parte del tiempo del gestor bancario ha estado absorbido por tareas administrativas, consultas operativas y procesos de bajo valor añadido. La IA permite automatizar buena parte de estas actividades y, lo que es más importante, priorizar la acción comercial.

Los sistemas inteligentes pueden sugerir qué clientes contactar, por qué motivo y con qué propuesta. Pueden alertar sobre oportunidades de negocio o riesgos latentes. De este modo, el gestor deja de ser un mero intermediario operativo para convertirse en un verdadero asesor financiero.

El impacto en ingresos es directo: mayor tasa de conversión, mayor vinculación y mayor satisfacción del cliente. Pero también hay un impacto cualitativo: se recupera el valor de la relación personal, apoyada ahora por tecnología avanzada.

La segunda palanca del resultado: la eficiencia

Si la primera palanca del resultado bancario es el crecimiento de los ingresos, la segunda es la reducción de los gastos. En este ámbito, el concepto clave es el ratio de eficiencia, uno de los indicadores más relevantes para analizar la salud operativa de una entidad.

El ratio de eficiencia mide la relación entre los gastos de explotación y los ingresos recurrentes. En términos simples, indica cuánto cuesta generar cada euro de ingreso. Cuanto más bajo es este ratio, más eficiente es el banco. En un entorno de márgenes ajustados, la mejora sostenida del ratio de eficiencia se ha convertido en un elemento clave de competitividad.

Durante años, la mejora de la eficiencia se ha abordado mediante ajustes de estructura, cierres de oficinas o reducciones de plantilla. Si bien estas medidas han tenido impacto, tienen un recorrido limitado y, en algunos casos, efectos colaterales indeseados. La inteligencia artificial introduce una vía diferente: mejorar la eficiencia actuando sobre los procesos.

Procesos más simples, costes más bajos

La banca es, por naturaleza, intensiva en procesos. Muchos de ellos son complejos, fragmentados y altamente dependientes de intervención manual. La IA permite no solo automatizar tareas, sino analizar los propios procesos para identificar ineficiencias estructurales.

Mediante técnicas de aprendizaje automático y análisis de flujos, es posible detectar cuellos de botella, reprocesos innecesarios, duplicidades y errores recurrentes. Automatizar una tarea ineficiente es solo el primer paso; rediseñar el proceso con ayuda de IA es donde se produce el verdadero salto en eficiencia.

Al reducir errores manuales, se disminuye el riesgo operativo y el impacto económico asociado a incidencias y reclamaciones.

El resultado es una reducción significativa de costes operativos, una mayor escalabilidad del negocio y una mejora sostenida del ratio de eficiencia. Además, al reducir errores manuales, se disminuye el riesgo operativo y el impacto económico asociado a incidencias y reclamaciones.

Riesgo operativo: una fuente silenciosa de pérdidas

El riesgo operativo es, a menudo, uno de los grandes olvidados en el debate sobre rentabilidad bancaria. Sin embargo, las pérdidas asociadas a errores humanos, fallos de proceso, incidencias tecnológicas o fraudes pueden ser muy significativas.

La inteligencia artificial aporta una capacidad clave: la detección temprana de anomalías. Los sistemas inteligentes pueden monitorizar operaciones en tiempo real y detectar comportamientos anómalos antes de que se conviertan en pérdidas materiales. Esto no solo reduce el impacto económico directo, sino que protege la reputación de la entidad y refuerza la confianza del cliente.

Desde una perspectiva de gestión, menos incidencias implican menos provisiones, menos recursos dedicados a la resolución de problemas y una estructura operativa más sólida.

Fraude y modelos de riesgo más inteligentes

Uno de los ámbitos donde la IA ha demostrado mayor madurez es en la detección de fraude y la gestión del riesgo. A diferencia de los modelos tradicionales, basados en reglas estáticas, los modelos de IA aprenden continuamente y se adaptan a nuevos patrones.

Esto permite reducir de forma significativa los falsos positivos, uno de los grandes problemas de los sistemas clásicos, que generan fricción innecesaria para el cliente. Al mismo tiempo, se mejora la capacidad de detectar fraudes sofisticados, difíciles de identificar con reglas predefinidas.

En el ámbito del riesgo crediticio, la IA permite incorporar nuevas variables y analizar patrones complejos, ofreciendo evaluaciones más precisas y dinámicas. Una mejor gestión del riesgo se traduce en una mejor asignación de capital y, en última instancia, en una mayor rentabilidad.

Talento y cultura: el verdadero desafío

La adopción de inteligencia artificial no es solo una cuestión tecnológica. Requiere talento especializado, perfiles capaces de combinar conocimiento técnico y visión de negocio. En los últimos meses, se observa una clara tendencia en el sector bancario hacia la incorporación de perfiles técnicos para desarrollar y mantener soluciones internas basadas en IA.

Más allá del talento, el reto es cultural. Integrar la IA en la toma de decisiones implica cambiar la forma de trabajar, confiar en modelos avanzados y redefinir responsabilidades

Pero más allá del talento, el reto es cultural. Integrar la IA en la toma de decisiones implica cambiar la forma de trabajar, confiar en modelos avanzados y redefinir responsabilidades. La ventaja competitiva no reside únicamente en el algoritmo, sino en cómo se utiliza y se integra en la estrategia de la entidad.

Pero ni el talento ni el cambio cultural pueden sostenerse sin una apuesta inversora decidida. La inteligencia artificial exige recursos financieros significativos y una visión a largo plazo que vaya más allá del corto plazo operativo.

Las inversiones millonarias detrás de la IA y el papel decisivo de la escala

La inteligencia artificial aplicada a la banca no es una tecnología ligera ni de bajo coste. Detrás de cada modelo predictivo, de cada sistema de detección de fraude o de cada motor de recomendación comercial, hay inversiones muy relevantes que afectan tanto al ámbito tecnológico como al capital humano. Este es un aspecto que a menudo se menciona de forma tangencial, pero que resulta clave para entender por qué la IA se está convirtiendo en un factor diferencial entre entidades.

Por un lado, están las inversiones en infraestructura tecnológica. La IA requiere capacidad de cómputo, almacenamiento, procesamiento masivo de datos y arquitecturas capaces de operar en tiempo real con altos niveles de disponibilidad y seguridad. No se trata únicamente de adquirir tecnología, sino de integrarla en entornos complejos, muchas veces construidos sobre sistemas heredados que no fueron concebidos para este tipo de exigencias tecnológicas.

A ello se suma el coste del desarrollo. A diferencia de otros ámbitos tecnológicos donde existen soluciones ampliamente estandarizadas, en banca una parte muy significativa de los desarrollos en IA son internos. Cada entidad construye sus propios modelos, adaptados a sus datos, a su estructura operativa y a su marco regulatorio. Esto implica ciclos largos de diseño, entrenamiento, validación, auditoría y mantenimiento de modelos, con costes recurrentes en el tiempo.

La IA no es un proyecto que se implanta y se da por cerrado, es un proceso vivo, que requiere equipos estables, conocimiento profundo del negocio y una evolución constante de los modelos

El segundo gran eje de inversión es el capital humano. La escasez de perfiles especializados en datos e inteligencia artificial ha elevado notablemente su valor en el mercado. Data scientists, ingenieros de machine learning, arquitectos de datos o perfiles híbridos capaces de traducir necesidades de negocio en modelos analíticos son hoy recursos estratégicos. Incorporarlos, formarlos y retenerlos representa un esfuerzo económico significativo y sostenido.

Desde mi experiencia en el sector, este punto es especialmente relevante. La IA no es un proyecto que se implanta y se da por cerrado. Es un proceso vivo, que requiere equipos estables, conocimiento profundo del negocio y una evolución constante de los modelos. Sin ese compromiso a largo plazo, los proyectos de IA corren el riesgo de quedarse en pilotos sin impacto real.

Es aquí donde entra en juego un factor clave: la economía de escala. La banca, por su propia naturaleza, opera con grandes volúmenes de clientes, datos y transacciones. Esta escala permite amortizar las inversiones en tecnología y talento de una forma que no está al alcance de todos los actores del mercado. Cuanto mayor es la base de clientes y de operaciones, mayor es el retorno potencial de una mejora marginal en eficiencia, en reducción de fraude o en incremento de ingresos por cliente.

Sin embargo, esta ventaja solo se materializa si la entidad es capaz de desplegar la IA de forma transversal. Desarrollar modelos aislados o soluciones puntuales no justifica las inversiones necesarias. El verdadero retorno aparece cuando la inteligencia artificial se integra en múltiples procesos: comerciales, operativos, de riesgo y de control. Solo entonces la escala se convierte en un multiplicador de valor.

Este enfoque también explica por qué muchas entidades están apostando por desarrollar capacidades internas en lugar de depender exclusivamente de proveedores externos. Externalizar puede acelerar el arranque, pero limita la diferenciación y el aprendizaje organizativo. En un entorno donde cada banco compite no solo por clientes, sino por eficiencia y precisión en la toma de decisiones, disponer de modelos propios se convierte en un activo estratégico.

Externalizar puede acelerar el arranque, pero limita la diferenciación y el aprendizaje organizativo

Al mismo tiempo, esta realidad plantea preguntas relevantes sobre el futuro del sector. ¿Hasta qué punto todas las entidades pueden sostener este nivel de inversión? ¿Veremos una mayor concentración de capacidades tecnológicas? ¿Se impondrán modelos de colaboración o plataformas compartidas en determinados ámbitos? Son cuestiones abiertas que marcarán la evolución de la banca en los próximos años.

Lo que parece claro es que la inteligencia artificial introduce una nueva dimensión competitiva: no solo compiten los productos o los precios, sino también la capacidad de invertir, aprender y escalar soluciones inteligentes. En este nuevo terreno de juego, la escala no es únicamente una cuestión de tamaño, sino de ambición estratégica y coherencia en la ejecución.

Banca tradicional y nuevos competidores

Los neobancos y las fintech han demostrado que es posible ofrecer servicios financieros ágiles, personalizados y con una experiencia de usuario excelente. Operan con estructuras ligeras y con la IA integrada desde el diseño inicial de sus procesos.

La banca tradicional, por su parte, cuenta con activos clave: escala, confianza, conocimiento profundo del cliente y grandes volúmenes de datos históricos. La inteligencia artificial permite combinar estos activos con la agilidad que exige el mercado actual.

La competencia ya no es solo una amenaza, sino también una oportunidad para evolucionar hacia modelos híbridos, donde la tecnología potencia las fortalezas existentes.

Mirando al futuro

Muchas de las aplicaciones de la IA que hoy empiezan a explorarse serán estándares en pocos años. La banca predictiva, la personalización extrema, la IA generativa aplicada al servicio al cliente o la automatización avanzada del cumplimiento normativo son solo algunos ejemplos.

Las entidades que empiecen hoy a experimentar, aprender e integrar estas tecnologías estarán mejor posicionadas para competir en el futuro

Las entidades que empiecen hoy a experimentar, aprender e integrar estas tecnologías estarán mejor posicionadas para competir en el futuro. Las que esperen a que el camino esté completamente trazado llegarán tarde.

Conclusión

La inteligencia artificial no es una moda pasajera ni un proyecto tecnológico aislado. Es una palanca estratégica que impacta directamente en las dos variables clave del resultado bancario: los ingresos y los costes. Permite crecer mejor, anticiparse al cliente, mejorar la eficiencia, reducir riesgos y competir en un entorno cada vez más exigente.

La banca española tiene ante sí una oportunidad clara. Aprovecharla dependerá de su capacidad para combinar tecnología, talento y visión estratégica. El futuro del sector no se decidirá únicamente en los balances, sino en la inteligencia con la que las entidades sean capaces de gestionar sus datos, sus procesos y, en última instancia, sus decisiones.