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¿Por qué la banca española vuelve a apostar por la banca de inversión?

Tipos de interés, actividad corporativa y un modelo basado en comisiones y bajo consumo de capital, las claves de esta nueva tendencia

Edificio de CaixaBank a Barcelona | Cedida
Edificio de CaixaBank a Barcelona | Cedida
Santiago Tiana | VIA Empresa
Consultor sénior independiente de estrategia y operaciones
08 de Enero de 2026 - 04:55

Durante los últimos meses, la banca de inversión ha vuelto a situarse en el centro de la reflexión estratégica del sector financiero. No por operaciones concretas ni por movimientos puntuales, sino por un cambio más profundo en la forma en que los bancos analizan su modelo de negocio en el nuevo ciclo económico. En un entorno marcado por la normalización de los tipos de interés a la baja, una mayor competencia por el ahorro y un crecimiento más moderado del crédito, las entidades buscan fuentes de ingresos complementarias que aporten rentabilidad, estabilidad y eficiencia en el uso del capital.

 

Conviene recordar, sin embargo, que la banca de inversión no es quien genera las operaciones. Su actividad depende de que existan las condiciones económicas y financieras adecuadas para que empresas e inversores tomen decisiones estratégicas. Ese escenario empieza a darse en una fase en la que los tipos de interés han descendido de forma significativa, pero en la que ya se vislumbra que el recorrido adicional de bajadas será limitado. Este punto de equilibrio resulta especialmente relevante para las operaciones de banca de inversión, que suelen estructurarse con un elevado componente de apalancamiento y en las que el coste de la deuda es un factor crítico para ajustar la relación entre rentabilidad y riesgo.

A este contexto financiero se suma una dinámica empresarial marcada por la reorganización de numerosos sectores, procesos de consolidación, relevo generacional y la necesidad de ganar escala o eficiencia. Todo ello impulsa la demanda de asesoramiento financiero especializado y sitúa a la banca de inversión como una palanca estratégica dentro de los bancos universales. Más allá de la coyuntura, el interés creciente por esta actividad plantea una cuestión de fondo: si la banca de inversión está llamada a desempeñar un papel estructural en el nuevo equilibrio del sistema financiero y, en particular, en la estrategia de la banca española.

 

Qué es hoy la banca de inversión dentro de un banco universal

Hablar hoy de banca de inversión dentro de un banco universal exige alejarse de una visión simplificada o asociada exclusivamente a grandes operaciones financieras. En la práctica, la banca de inversión constituye un conjunto de actividades orientadas al asesoramiento estratégico y financiero de empresas, con un fuerte componente de análisis, estructuración y acompañamiento a lo largo de procesos complejos de toma de decisiones.

Estas actividades incluyen, entre otras, el asesoramiento en operaciones de compra y venta de empresas, fusiones, desinversiones, reestructuraciones societarias, así como la estructuración de financiación corporativa y el acceso a los mercados de capitales. A diferencia del negocio bancario tradicional, basado fundamentalmente en la concesión de crédito y la captación de depósitos, la banca de inversión se apoya en el conocimiento especializado, la capacidad de ejecución y la relación con inversores y mercados.

La banca de inversión constituye un conjunto de actividades orientadas al asesoramiento estratégico y financiero de empresas, con un fuerte componente de análisis, estructuración y acompañamiento

Dentro de un banco universal, la banca de inversión no funciona como un negocio aislado, sino como una pieza transversal que complementa y refuerza otras áreas. Para el cliente corporativo, supone disponer de un interlocutor capaz de acompañarle no solo en sus necesidades financieras recurrentes, sino también en momentos clave de su evolución: crecimiento, transformación, internacionalización o sucesión. Para el banco, implica profundizar en la relación con el cliente y generar ingresos de mayor valor añadido.

Desde el punto de vista del modelo económico, se trata de un negocio intensivo en talento y en capacidad analítica, pero relativamente ligero en términos de balance. Los ingresos proceden mayoritariamente de comisiones asociadas al asesoramiento y a la estructuración de operaciones, lo que reduce la dependencia del volumen de activos y del margen de intermediación. Esta característica resulta especialmente relevante en un entorno de mayor exigencia regulatoria y de presión sobre la rentabilidad del capital.

En este sentido, la banca de inversión se ha consolidado como una actividad que aporta diversificación al modelo bancario. No elimina la volatilidad inherente a los ciclos económicos, pero permite equilibrar la cuenta de resultados y mejorar la eficiencia en el uso del capital, siempre que se integre dentro de una estrategia coherente y bien dimensionada.

Tipos de interés a la baja y presión sobre el modelo tradicional

El entorno de tipos de interés es uno de los principales condicionantes del modelo de negocio bancario. Tras un periodo marcado por subidas rápidas y pronunciadas, que permitió a las entidades recuperar márgenes de intermediación elevados, el mercado empieza a anticipar un escenario distinto, caracterizado por tipos más bajos o, al menos, por la convicción de que el ciclo de endurecimiento monetario ha quedado atrás. Este cambio introduce una presión directa sobre la capacidad de los bancos para sostener su rentabilidad apoyándose exclusivamente en el negocio del crédito.

El BCE ha optado una vez más por la prudencia y por quedar a la espera de nuevos impactos | ACN
El Banco Central Europeo (BCE) ha optado una vez más por la prudencia y por quedar a la espera de nuevos impactos | ACN

A medida que el precio del dinero se modera, el margen financiero tiende a comprimirse. La competencia por captar y retener el ahorro se intensifica, los costes de remuneración de los depósitos aumentan y el crecimiento del crédito se vuelve más selectivo. En este contexto, el negocio bancario tradicional pierde parte de su capacidad para absorber costes estructurales y generar retornos atractivos sobre el capital.

Es precisamente en este punto donde la banca de inversión gana peso estratégico. Frente a un modelo basado en volumen y balance, las actividades de asesoramiento y estructuración permiten generar ingresos por comisiones menos dependientes del ciclo del crédito. Además, estos ingresos presentan una mayor escalabilidad y, en muchos casos, una mejor relación entre rentabilidad y consumo de capital. Se trata, además, de un tipo de actividad intensiva en conocimiento, relaciones y capacidad técnica, lo que constituye una barrera de entrada relevante frente a modelos puramente digitales, como los neobancos o las plataformas financieras online.

Un entorno de tipos más bajos, o, al menos, más predecibles, facilita el cierre de operaciones, mejora los retornos esperados y reduce la percepción de riesgo

Por otra parte, la evolución de los tipos de interés tiene un efecto directo sobre la viabilidad de las operaciones corporativas. La banca de inversión opera mayoritariamente sobre transacciones apalancadas, en las que el coste de la deuda es un elemento central en la toma de decisiones. Un entorno de tipos más bajos, o, al menos, más predecibles, facilita el cierre de operaciones, mejora los retornos esperados y reduce la percepción de riesgo, tanto para compradores como para inversores.

Así, la normalización del entorno financiero no solo empuja a los bancos a diversificar su modelo de ingresos, sino que también crea las condiciones necesarias para que la actividad de banca de inversión recupere dinamismo. Este cambio de contexto se traslada directamente al comportamiento de las empresas, que vuelven a activar decisiones estratégicas largamente aplazadas.

El regreso de la actividad corporativa: compra, venta y reorganización empresarial

El renovado interés por la banca de inversión no puede entenderse sin analizar la evolución reciente del tejido empresarial. Tras varios años en los que la incertidumbre económica, la volatilidad financiera y el encarecimiento de la financiación llevaron a muchas compañías a posponer decisiones estratégicas, comienza a observarse un cambio de tendencia. Las empresas vuelven a plantearse operaciones de crecimiento, desinversión o reorganización con una mayor visibilidad sobre el entorno macroeconómico y financiero.

Este proceso se manifiesta de distintas formas. Por un lado, se intensifican los movimientos de consolidación sectorial, impulsados por la necesidad de ganar escala, mejorar la eficiencia operativa o reforzar posiciones competitivas. Por otro, cobran relevancia los procesos de relevo generacional y reordenación del accionariado, especialmente en empresas medianas, donde la compra o venta de la compañía se convierte en una alternativa estratégica para asegurar su continuidad o acelerar su desarrollo. A ello se suman transformaciones estructurales en numerosos sectores.

Cambios tecnológicos, nuevas exigencias regulatorias y la redefinición de las cadenas de valor obligan a muchas empresas a replantear su perímetro de actividad.

En 2025 se han contabilizado en el Estado más de 2.800 operaciones de fusiones y adquisiciones, con un volumen agregado superior a los 85.000 millones de euros

Esta percepción cualitativa encuentra respaldo en los datos de mercado. Según los registros de TTR Data, una de las principales plataformas de inteligencia transaccional utilizadas por bancos de inversión, despachos y asesores financieros para el seguimiento de operaciones corporativas, en 2025 se han contabilizado en España más de 2.800 operaciones de fusiones y adquisiciones, con un volumen agregado superior a los 85.000 millones de euros. Aunque no se trata de una estadística oficial, TTR Data es una fuente de referencia ampliamente aceptada en el sector por su capacidad para recopilar y analizar de forma sistemática transacciones anunciadas y cerradas en los ámbitos de fusiones y adquisiciones (M&A), capital privado (private equity) y mercados de capitales. Estas cifras reflejan un nivel de actividad relevante y sostenido en el mercado español.

En este contexto, la banca de inversión actúa como catalizador, no como origen de la operación. Su función es acompañar a las empresas en la identificación de alternativas estratégicas, la valoración de riesgos y oportunidades y la estructuración de transacciones que permitan materializar decisiones complejas en condiciones eficientes. Cuando el entorno financiero es favorable y la actividad empresarial se reactiva, el volumen de operaciones aumenta de forma natural, reforzando el papel de la banca de inversión dentro del ecosistema financiero.

Sectores con mayor demanda de operaciones de banca de inversión

El repunte de la actividad en banca de inversión no se distribuye de forma homogénea entre sectores, sino que se concentra en aquellos ámbitos donde confluyen transformación estructural, necesidad de capital y oportunidades de consolidación. En estos sectores, las operaciones corporativas no responden únicamente a movimientos oportunistas, sino a decisiones estratégicas de largo recorrido.

Uno de los focos más claros es el sector energético y de infraestructuras vinculadas a la transición energética. La necesidad de inversión, la reconfiguración de modelos de negocio y la entrada de nuevos actores impulsan procesos de compra, venta y reorganización de activos. Estas operaciones suelen requerir estructuras financieras complejas y horizontes de inversión a largo plazo, lo que incrementa la demanda de asesoramiento especializado.

El complejo industrial de Molins, con un tren en circulación junto a la fábrica | Cedida
El complejo industrial de Molins, con un tren en circulación junto a la fábrica | Cedida

También destaca el ámbito tecnológico y digital, en sentido amplio. Empresas vinculadas a software, servicios digitales, datos o automatización se encuentran en fases de fuerte crecimiento o de consolidación, lo que da lugar tanto a operaciones de expansión como a procesos de integración. En este contexto, el despliegue de soluciones basadas en inteligencia artificial y la creciente necesidad de infraestructuras que las soporten, en particular centros de datos, están actuando como catalizadores adicionales de inversión y reorganización empresarial. En muchos casos, se trata de compañías con modelos de negocio intensivos en capital intelectual y tecnológico, donde la valoración y la estructuración financiera resultan especialmente críticas.

Otro sector con elevada actividad es el de salud y servicios sociosanitarios. El envejecimiento de la población, la fragmentación del mercado y la necesidad de ganar escala impulsan operaciones corporativas recurrentes, tanto en el ámbito asistencial como en servicios especializados. A ello se suma el interés de inversores con perfiles de largo plazo, atraídos por la estabilidad de los flujos y el carácter defensivo del sector.

Por último, sectores tradicionales como industria, alimentación o servicios empresariales también muestran una actividad creciente, impulsada por procesos de relevo generacional, internacionalización y mejora de eficiencia. En estos casos, la banca de inversión desempeña un papel clave en la profesionalización de las operaciones y en la conexión entre empresas familiares, inversores y mercados.

Un negocio intensivo en conocimiento y ligero en capital

Desde la perspectiva del propio banco, el atractivo de la banca de inversión no se limita a la actividad comercial. Uno de los principales motivos por los que vuelve a ganar peso en la estrategia de las entidades es su perfil económico. A diferencia del crédito tradicional, se trata de un negocio intensivo en conocimiento, talento y capacidad de análisis, pero con un consumo de capital significativamente menor. Esta característica resulta especialmente relevante en un entorno en el que la rentabilidad sobre el capital se ha convertido en una variable crítica para la valoración de los bancos.

Los ingresos de la banca de inversión proceden mayoritariamente de comisiones vinculadas al asesoramiento y a la ejecución de operaciones. Estas comisiones no dependen del volumen de balance ni del diferencial entre tipos, sino del valor añadido aportado en cada transacción. Esto permite a los bancos generar ingresos con una mayor eficiencia en el uso del capital y con un impacto limitado sobre sus ratios de solvencia.

Desde una perspectiva estratégica, esta combinación de ingresos por comisiones y bajo consumo de capital permite compensar la presión sobre otros segmentos del negocio bancario. Si bien la banca de inversión no está exenta de volatilidad y depende del ciclo económico, su contribución resulta especialmente valiosa cuando se integra como parte de un modelo diversificado y equilibrado.

Estructuración, transferencia del riesgo y distribución de las operaciones

El desarrollo de la banca de inversión en los últimos años ha ido acompañado de una profunda evolución en la forma de estructurar y gestionar el riesgo. Frente a un modelo tradicional basado en la retención de activos en balance, las operaciones se articulan cada vez más bajo esquemas que permiten transferir y compartir el riesgo entre distintos participantes del mercado. La sindicación y la titulización se han consolidado como elementos centrales de este enfoque.

En muchas transacciones, el banco actúa como originador y estructurador, diseñando la operación y organizando su financiación, pero sin asumir de forma permanente la totalidad de la exposición. A través de la sindicación, el riesgo se reparte entre varias entidades financieras, mientras que la titulización permite trasladar parte de los activos a los mercados, donde son absorbidos por inversores con distintos perfiles y horizontes temporales. Este modelo reduce el consumo de capital, limita la concentración de riesgos en balance y mejora la eficiencia en el uso de los recursos.

Frente a un modelo tradicional basado en la retención de activos en balance, las operaciones se articulan cada vez más bajo esquemas que permiten transferir y compartir el riesgo entre distintos participantes del mercado

En este proceso de distribución del riesgo, la banca privada ha ido ganando un papel cada vez más relevante. En un entorno de tipos de interés más bajos y de rentabilidades ajustadas en los activos tradicionales, determinadas operaciones originadas en el ámbito de la banca de inversión, debidamente estructuradas y adaptadas, comienzan a integrarse como complemento en las carteras de clientes patrimoniales. Para estos inversores, suponen una vía de acceso a activos menos correlacionados, con mayor diversificación sectorial y geográfica y potenciales primas de rentabilidad asociadas a la iliquidez o a la complejidad de las operaciones.

Esta convergencia resume bien la evolución del modelo. La banca de inversión refuerza así su carácter transversal dentro del banco universal. No se trata únicamente de disponer de balance, sino de contar con la capacidad técnica, el acceso a los mercados y la confianza de inversores institucionales y patrimoniales para estructurar, distribuir y colocar operaciones de forma eficiente. De este modo, la banca de inversión consolida su papel como intermediario sofisticado entre las necesidades de financiación de la economía real y el apetito de riesgo de los distintos actores financieros, sin incrementar de forma significativa el consumo de capital.

Una apuesta estructural para la banca española

El creciente interés por la banca de inversión no responde a una coyuntura puntual ni a un fenómeno aislado, sino a una transformación más profunda del modelo bancario. En un entorno de tipos de interés más bajos, presión sobre los márgenes tradicionales y mayores exigencias de rentabilidad sobre el capital, los bancos necesitan apoyarse en actividades que aporten valor añadido, diversificación y eficiencia. La banca de inversión cumple con estos requisitos y se consolida como una palanca clave dentro de la estrategia de las entidades.

En el caso de la banca española, este proceso se ve reforzado por la reactivación de la actividad corporativa y por la creciente sofisticación de las necesidades de empresas e inversores. La capacidad de acompañar a las compañías en momentos clave de su desarrollo, estructurar operaciones complejas y canalizar inversión hacia proyectos empresariales se convierte en un factor diferencial en un entorno cada vez más competitivo.

Todo apunta a que la banca de inversión seguirá ganando peso como actividad estructural dentro de los bancos universales. Su aportación no se limita a la generación de comisiones, sino que refuerza la relación con el cliente, optimiza el uso del capital y mejora el equilibrio del modelo de negocio. En este sentido, más que una vuelta al pasado, el renovado protagonismo de la banca de inversión refleja la adaptación del sector financiero a un nuevo ciclo, en el que el conocimiento, la capacidad de estructuración y la gestión del riesgo serán elementos centrales para sostener la rentabilidad a medio y largo plazo.