Politóloga y filósofa

A favor y en contra de las vacaciones en casa

12 de Agosto de 2026
Arianda Romans | VIA Empresa

Nunca había pasado las vacaciones en casa. Como mínimo como adulta. Esta vez ha sido la primera vez que hemos decidido estar una semana entera de vacaciones en nuestra casa. Y, en realidad, teníamos unos cuantos motivos para hacerlo: había cosas que teníamos que reparar, teníamos que dejar la leña bien colocada de cara al invierno, queríamos cambiar el orden de dos habitaciones y, sobre todo, nos apetecía mucho dedicar un rato a trabajar en el jardín, sin prisas y a nuestro ritmo.

 

La idea, de entrada, parecía buena. Hacer vacaciones sin ir a ningún sitio, aprovechar para poner un poco de orden y, al mismo tiempo, disfrutar de la casa donde normalmente vamos con muchas prisas. Pero quedarse en casa por vacaciones no siempre es tan fácil como parece. Hay una sensación extraña que cuesta quitarse de encima: la de estar de vacaciones, pero no acabar de desconectar nunca del todo. Porque cuando estás en casa, la rutina continúa allí, esperándote. Y, sin darte cuenta, acabas convirtiendo los días de vacaciones en una sucesión de tareas pendientes: arreglar esto, mover aquello, ir a comprar no sé qué, ordenar una habitación, reparar una cosa del jardín... Tareas que hace meses que tienes en la cabeza y que nunca has encontrado el momento de hacer.

Y aquí hay una cierta trampa. Porque muchas de estas cosas han quedado arrinconadas, sí, porque no había tiempo. Pero quizás también porque, en el fondo, nunca nos ha apetecido mucho hacerlas. Y cuando llegan las vacaciones y te encuentras en casa, en el lugar donde también llevas a cabo tu rutina, parece que de golpe tengamos la obligación de aprovecharlas para ponernos al día con todo aquello que el resto del año hemos ido aplazando. Así que sí, estábamos de vacaciones. Pero también estábamos haciendo cosas. Muchas cosas. Y quizás la cuestión era descubrir si esto también podía ser una manera de descansar. Hecho que acabó inevitablemente en un cansancio inesperado y en una frustración cuando una pieza o otra tarea no salía como esperábamos.

 

Prefiero las vacaciones en casa, además, si somos sinceros, tampoco ha sido todo mortificarnos. También ha sido divertido. Hemos hecho siestas largas, hemos visto series que hacía tiempo que no mirábamos, hemos descansado en el jardín mirando los pájaros, hemos leído por las noches, nos hemos estirado en el sofá sin tener que mirar qué hora era ni qué tocaba hacer después, hemos visto a la familia y los amigos, hemos hecho barbacoas y también, por qué no, hemos comido fast food porque no teníamos ganas de limpiar los platos.

"Cuando llegan las vacaciones y te encuentras en casa, en el lugar donde también llevas a cabo tu rutina, parece que de repente tengamos la obligación de aprovecharlas para ponernos al día con todo aquello que el resto del año hemos ido aplazando"

Por lo tanto, tampoco es todo malo esto de quedarse en casa de vacaciones. Lo que sí que hemos empezado a ver son las partes negativas que hasta ahora no habíamos pensado, porque siempre idealizábamos aquello de «el año que viene no salimos de casa, el año que viene no hacemos vacaciones». Por eso mismo traigo ahora unas cuantas soluciones de bajo coste, evidentemente, porque quedarse en casa a veces también es una resolución económica, para decidir qué hacemos exactamente con las vacaciones cuando nos quedamos en casa.

La primera solución es cambiarte de casa con un vecino. Cuando no estás en tu casa, pero estás lo suficientemente cerca de tus coordenadas, no te sientes tan indicado a hacer o reparar cosas, pero sí que te puedes sentir en un espacio acogedor y lo suficientemente cómodo. La parte negativa, claro, es que no estás en tu casa y, por lo tanto, no hay mucha diferencia con ir a vivir a otro lugar. Y parte de quedarse en casa también está justamente en estar en tu casa. Aparte, puedes romper algo y luego quedas fatal y tienes que seguir viviendo con esa persona, seguramente, por el resto de tu vida a dos bloques. Esto ha hecho que descartáramos esta alternativa.

"En exceso, hacer planes en el exterior también puede ser problemático, porque entonces las vacaciones en casa se convierten en un rosario de obligaciones y de compromisos"

La segunda solución es hacer planes en el exterior. Es decir, quedarte en casa pero siempre tener algo que hacer fuera. Esta yo creo que es una solución mucho más fácil, porque te evita tener que estar todo el día dentro pero también te garantiza un poco de actividad. Ahora bien, en exceso, también puede ser problemático, porque entonces las vacaciones en casa se convierten en un rosario de obligaciones y de compromisos a mantener que quizás no querías hacer durante tus vacaciones, al menos todos a la vez.

Finalmente, otra opción es sencillamente estar en casa y ponerte normas estrictas para no hacer nada, limpiar lo mínimo y hacer, por ejemplo, alguna comida fuera. Una comida que no tiene por qué ser cara ni tiene que ser en un restaurante, pero que sí que te fuerza, con pequeñas normas, a hacer algo diferente. Creo que esta parte de las normas es bastante positiva y nos puede funcionar bastante en casa. Eso sí, sin excesos y con cosas consensuadas previamente. Así pues, para los días de vacaciones que aún nos quedan este año, nos hemos marcado una serie de normas que esperamos que, de cara a las próximas vacaciones en casa, nos ayuden a recordar que estar de vacaciones no consiste en quedarnos en casa trabajando gratuitamente para nosotros mismos.

 

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