Presidente de Intermedia

La felicidad, el trabajo y el sentido de la vida

17 de Enero de 2026
Toni Rodríguez

El Palau Macaya es todo un panot barcelonés, propiedad de la Fundación Bancaria La Caixa, obra de Josep Puig i Cadafalch, inaugurado en 1901, que actualmente se define como un centro donde "repensar el mundo", algo que, por cierto, bien falta hace.

 

El otro día, sin ir más lejos, nos encontramos a un buen grupo de pensadores en el aula grande de este magnífico centro, para reflexionar sobre “el futuro del trabajo y el sentido de la vida en la era digital” y la verdad es que el encuentro, coorganizado entre la Fundació y la Maleta de Portbou, fue muy vital y tuvo mucho sentido.

La sesión fue protagonizada por el filósofo y periodista Josep Ramoneda, impulsor de La Maleta y de la Escola Europea d’Humanitats; junto con la psicóloga y escritora Sara Berbel, y el economista y coordinador del think tank de Foment del Treball, Jordi Alberich, como actores principales.

 

Se trataba pues de un encuentro de nivel convocado con la intención de averiguar qué sentido tiene la vida y el trabajo en un mundo cada vez más abocado al uso de herramientas digitales. Es decir, siendo prácticos, si habrá trabajo para todos, qué haremos si no tenemos trabajo, y qué sentido tendrá la vida sin trabajo.

"Hoy en día los re-tataranietos de aquellos temerosos activistas disfrutan de cosas inimaginables en aquella época, como jornadas de trabajo de ocho horas diarias, semana inglesa, vacaciones pagadas o teletrabajo"

Es decir, un poco como lo que ocurrió a mediados del siglo XVIII en Inglaterra y Escocia a principios del siglo XIX y en Francia y Catalunya a principios del siglo XIX, cuando los trabajadores empezaron a sufrir por su futuro ante los “peligros” de la instalación de fantásticas máquinas de última generación en las fábricas

Por ejemplo, en la fábrica de vapor Bonaplata, incendiada por este motivo en 1835 en la calle Tallers de Barcelona por una turba en plena bullanga, tal vez reforzada por una buena pandilla de luditas temerosos de perder el trabajo a causa de la creciente mecanización de la industria.

Como es sabido, la patuleia era una clase social marginada, como ahora los working poors, por así decirlo; las bullangues fueron unas revueltas populares especialmente inclinadas a pasar el rato quemando fábricas e iglesias y el ludismo fue un movimiento surgido en Gran Bretaña entre 1811 y 1830, liderado por un misterioso Ned Ludd y especialmente obsesionado con la destrucción de la revolución industrial

Todo ello, como se puede observar, historias pasadas. Hoy en día los re-tatara-tatara nietos de aquellos temerosos activistas disfrutan, en plena revolución digital, de cosas inimaginables en aquella época, como por ejemplo, jornadas de trabajo legalmente fijadas en un máximo de ocho horas diarias (una cifra que va bajando...), semana inglesa (que quiere decir que sábados y domingos no se trabaja), vacaciones pagadas, sanidad y enseñanza públicas de considerable calidad, prohibición del trabajo infantil, teletrabajo, etc., etc.

¿Había para tantos incendios y tantas destrucciones? Vosotros mismos. Por lo tanto, primera respuesta a la primera autopregunta que me voy a hacer a mí mismo: ¿vivimos ahora mejor o peor que antes?

"¿Vivimos ahora mejor o peor que antes? ¿Tiene sentido la vida si haces un trabajo que no te gusta? ¿Será que todo el mundo sirve e incluso podría llegar a sobresalir en algún trabajo?"

Segunda pregunta: ¿tiene sentido la vida si haces un trabajo que no te gusta? Respuesta: no, no tiene ningún sentido. Berbel nos avisa: hasta hace poco la gente tenía un trabajo para toda la vida. Generalmente en el funcionariado, especialmente en determinadas regiones de España donde no había oficinas de La Caixa.

Ahora, continúa Berbel, la gente cambia de lugar de trabajo dos o tres veces en la vida. En un futuro próximo, concluye, la gente cambiará tres o cuatro veces de profesión

¡Exacto!, pensé. Es mi caso, que empecé haciendo de abogado, después de periodista y finalmente de pequeño empresario de la comunicación. Y sin llorar...

¿Será que todo el mundo sirve e incluso podría llegar a destacar en algún trabajo? Podría ser, pero lo que es seguro es que destacar, o simplemente, ir tirando en un trabajo que no te gusta es prácticamente imposible

¿Será que soy un alienígena venido del futuro? ¿Será que el fenómeno tampoco es tan insólito? ¿Qué será, será? El caso es que parece que nadie en mi caso querría retornar al pasado, al contrario de lo que pasaba en aquella mítica (como diría Toni Aira) película Back to the Future, de Robert Zemeckis estrenada en el año 1985, con un gran éxito de crítica o público.

Coincidieron finalmente los estimados ponentes de la mesa redonda y muchos de los asistentes en que la felicidad es una bel-la combinazione entre vida afectiva (familia, amigos, entorno social), salud y realización profesional.

"El único problema es tener la santa paciencia de no conformarse con la primera cosa que encuentras y no parar hasta hacer aquello que realmente te gusta y que puede ser más útil a la sociedad"

Esta afirmación se podría completar con aquella sentencia de la doctrina zen que recomienda “que tu trabajo sea tu hobby y que tu hobby sea tu trabajo”, y con otra que me acabo de inventar que dice que todo el mundo sirve para algo.

El problema, el único problema, es tener la santa paciencia de no conformarse con la primera cosa que encuentras y no parar hasta llegar a hacer aquello que realmente te gusta y que, por lo tanto, puede ser más útil a la sociedad. A tu paz interior, y sobre todo, a la de la buena gente que te rodea.

Y a la mala, que la den, como diría aquel.

El resto son cuentos.