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Ingeniero y escritor

Inmigración: populismo hispano, sindicatos pasivos y empresariado sin escrúpulos, la entente macabra

03 de Febrero de 2026
Xavier Roig VIA Empresa

Lo digo porque estos tres agentes —políticos, sindicatos y patronales, todos públicos— son los actores que ayudan a hacer que nuestra economía sea de feria, de cartón piedra. Como un suflé: inflada pero sin contenido. Y que vaya a peor, claro. La que hace que las clases medias y modestas del país no noten ninguna mejora y que, por tanto, se pavimente el camino del electorado hacia los populismos de extrema derecha.

 

Del populismo que ahora padecemos, que gobierna en Madrid y, de rebote, en Barcelona, poco se puede decir. Resultado de gobiernos débiles y, por tanto, fruto de pactos erráticos -tanto con la extrema izquierda como con otros-. Intercambios oscuros. Política de saltimbanqui. Inexistencia prolongada y sostenida de presupuestos aprobados -caso único en Europa- que permite las aberraciones que vivimos. De los sindicatos, también, poco que descubrir. Todos sabemos que dejaron de defender los intereses de los trabajadores hace años. A partir de aquí, típica postura de izquierda subvencionada -con bufanda palestina incluida-. Ahora bien, en el caso de las patronales -concretamente de Foment- se mezclan el hecho de cobrar de los que mandan -más de cuatro millones de euros en 2023, según su auditoría-, de contar con algunos falsos empresarios con intereses espurios -de los que hablaremos después-, y de una posible ignorancia. A pesar de que me niego a creer en esta tercera razón, me permitiré dar unas cuantas informaciones.

Cataluña está a la cola de la productividad europea. Eh, y de la española también. Por detrás de Madrid, el País Vasco y Navarra. Todo fruto de una trayectoria y de unas decisiones -como por ejemplo la actual regularización de inmigrantes- que se han tomado los últimos 25 años. Una trayectoria que, si continúa inalterada, hará que en 2050 Aragón nos pase por delante -lo he visto en un estudio que les explicaré otro día-.

 

El presidente de Foment -el señor Sánchez Llibre- dice que la regularización de casi medio millón de extranjeros es necesaria para la productividad. El señor Sánchez (el de Foment) pretende crear confusión sobre dos conceptos importantes: productividad y competitividad. Foment pretende que Catalunya sea competitiva gracias a los salarios bajos. Y lo está consiguiendo. Lo contrapone a la premisa que sería correcta: aumentar la competitividad por el aumento de la productividad que, entre otros factores, depende de los salarios y del esfuerzo -que incluye el número de horas trabajadas eficazmente-.

"Fomento pretende que Catalunya sea competitiva gracias a los salarios bajos. Y lo está consiguiendo. Lo contrapone a la premisa que sería correcta: aumentar la competitividad por el aumento de la productividad que depende de los salarios y del esfuerzo"

O sea, los señores Sánchez (los dos, el de la Moncloa y el de Foment), han hecho realidad, junto con los sindicatos oficiales, el sueño del empresario sin escrúpulos: pagar los salarios más bajos de Europa occidental aunque la economía del país, y el país mismo, se convierta en una porquería de dimensiones bíblicas. ¿Método utilizado? Uno perfectamente académico: que el mercado de trabajo sea prácticamente ilimitado y fuerce los salarios a la baja por exceso de oferta.

¿Herramienta para conseguirlo? Que la inmigración no dependa de las cuotas establecidas que determinen las necesidades de cualquier economía avanzada —que es lo que hacen los países entendidos—. No, señor. Se abre la veda a los salarios misérrimos —siempre habrá, en el mundo, alguien dispuesto a hacer el trabajo por debajo de lo que cualquier otro lo haría—. Las consecuencias son la llamada de más inmigración y el estímulo a determinados empresarios para que continúen haciéndose el collón de oro (como dicen en Francia) instalando negocios que solo pueden sobrevivir con salarios de miseria —salarios que, lógicamente, únicamente son aceptados por una inmigración necesitada—.

El efecto global es una depresión salarial, ergo un decrecimiento de la productividad sin parar. Es así como Cataluña ha pasado de seis a ocho millones: creando empresas en sectores que no solo no hacían falta para la prosperidad de Cataluña, sino que la perjudican y minan el bienestar de los votantes. La prueba está en el hecho de que el País Vasco solo ha crecido un 5% en población en los últimos 25 años y ha pasado de tener un PIB per cápita de 19.500 euros el año 2000 -como la que teníamos nosotros entonces- a 30.000 euros hoy -la nuestra está ahora en 27.500-.

"Dado que no creo que los tres agentes que he mencionado sean tan tontos, debo entender que el hecho de que el PIB per cápita del país disminuya —el PIB crece, pero la población crece aún más— les importa un pimiento"

Las cifras de crecimiento del PIB, por sí solas, no dicen nada. Nunca han dicho nada. En ningún país -el PIB de México es ocho veces el de Suiza-. Lo que cuenta es lo que toca por cabeza. Vuelvo a mi ejemplo del roscón que, incluso, el más iletrado puede entender. En casa somos cuatro y los domingos nos repartimos el tradicional roscón de nata -costumbre que no se debería perder- del tamaño adecuado para cuatro comensales. Sería de malintencionado decirle a la familia que hoy será un día excepcional porque pondremos en la mesa un roscón para ocho personas, si no les explicara que hoy tenemos invitados y que seremos diez. ¿No creen? Como no creo que los tres agentes que he mencionado (políticos que gobiernan, sindicatos y patronales) sean tan tontos, he de entender que el hecho de que el PIB per cápita del país disminuya -el PIB crece, pero la población crece más todavía- les importa un pimiento.

Método para salvarnos de la próxima salvajada. La que recomiendo cuando observo, desesperadamente, que no sabemos gobernarnos y que estamos destruyendo la nación. Y es que las cuotas de inmigración las fije la Unión Europea (UE) en función de los presupuestos y del crecimiento de la productividad de cada estado. Al fin y al cabo, sería lógico. Sin fronteras interiores, charlotadas macabras como esta regulación sin sentido, también las acabarán pagando ellos.

Nota: Si alguien cree que lo que digo no es cierto, que replique, por favor.