Ingeniero y escritor

Renfe: el error de no haberla desmontado

10 de Febrero de 2026
Xavier Roig VIA Empresa

Cuando Napoleón ordenó fusilar al duque de Enghien, el ministro de la policía, Joseph Fouché, dijo: “Ha sido peor que un crimen; ha sido un error”. La frase se ha hecho famosa y describe claramente que no solo las acciones maliciosas son perjudiciales. Los errores también lo son. Y más lamentables aún cuando lo son por omisión.

 

Al morirse Franco se reformaron determinadas cosas. El franquismo no se desmontó, como todos sabemos. Pero sí que fue posible reformar a fondo determinadas partes. A raíz del intento del golpe de Estado se reformó el ejército, por ejemplo. Aunque perfectamente posible, no se hizo con la justicia —la práctica partidista lo impidió y lo impide todavía—. Con la herencia del franquismo no solo viajaban instituciones del estado. También había empresas. Yo diría que las más significativas eran Telefónica Nacional de España, Renfe, Correos de España y Seat. Había otras empresas que estaban bajo el INI (Instituto Nacional de Industria) que fue desmontado a su tiempo.

"Con la herencia del franquismo no solo viajaban instituciones del estado. También había empresas. Yo diría que las más significativas eran Telefónica Nacional de España, Renfe, Correos de España y Seat"

De Telefónica se encargó el señor Aznar que, a pesar de constituir un proceso de privatización discutible en la forma, consiguió que nos deshiciéramos de un lastre insufrible —en el año 1998 el alta de una línea de teléfono nueva tardaba unos seis meses—. De la Seat se encargó la crisis y el president Pujol que, con sus viajes y contactos en Wolfsburg —Volkswagen tiene como accionista importante al gobierno de Baja Sajonia—, consiguió que el gigante alemán se quedara Seat. En el año 1985, Seat entregaba coches algunos de los cuales salían sin freno de mano, por falta de control de calidad.

 

Sin embargo, quedaron dos rémoras del franquismo que nadie ha tocado: Renfe y Correos. Son auténticas rémoras fruto del nacionalsindicalismo. Quiero decir que combinan un servicio público básico mediocre con una protección a los trabajadores digna de Girón de Velasco que, quiero recordar, es el fascista —falangista— que montó la Seguridad Social cuando fue ministro de trabajo. Estas dos empresas —convertidas en tres por el acto de mitosis de Renfe (Renfe, Adif y Correos)— son irreformables.

Su nivel de podredumbre es grande porque está en los genes, en su origen. Por azares de la vida, tuve tratos con la que había sido presidenta de Renfe, Mercè Sala. Fue clara conmigo: “Con Renfe no hay nada que hacer”. Hay que decir que, con la mala gobernanza de los últimos años, la situación ha empeorado, y no hace falta que les ponga ejemplos de mi aseveración. Ahora funciona peor que bajo Franco, cuando los españoles sacaron, como chiste, las palabras del acrónimo: Rediez Esto No Funciona Españoles.

"Renfe y Correos son auténticas rémoras fruto del nacionalsindicalismo: combinan un servicio público básico mediocre con una protección a los trabajadores digna de Girón de Velasco"

Por lo tanto, el trabajo que correspondería ahora es sentarse todos juntos y ver cómo se desmontan Renfe y Adif, al mismo tiempo que se montan unas nuevas organizaciones que funcionen. Métodos hay varios. A Renfe se la puede diluir abriéndola a la competencia y que fracase. Y Adif podría ser vendida a un consorcio con mayoría pública, si se quiere. Pero que la cogiera alguien que entendiera —sin la boina de “peón caminero” que le endosó Girón de Velasco, quiero decir—. Seguramente hay otros métodos. Pero para la salud física y mental de los catalanes, alguien lo tendría que desmontar.

Dicho todo esto, lo que también habría que analizar es si esta charlotada con la que se ha insultado la inteligencia colectiva —la poca— que nos queda a los catalanes, habría que ver si esta “Rodalies” en la cual Renfe tiene el 51% es legal. Es decir, si el que tiene acciones en el gobierno de la red ferroviaria puede ser, al mismo tiempo, operador —o sea, arte y parte—. Yo tengo mis dudas.