En la píldora filosófica de la semana pasada ya empecé a pensar que eso de los propósitos de año nuevo empieza a ser repetitivo. Como mínimo, para mí, una persona que hace años y años que se pone objetivos y metas para empezar un nuevo año con más alegrías y asegurándose hacer todo aquello que una vez le ha pasado por la cabeza.
Entre mis propósitos de este año anterior ha habido cosas tan dispares como ver una película de Wes Anderson, sacarme el carnet de coche o estar más segura de mí misma. Cosas que podía resolver en una tarde, cosas que quería priorizar y cosas que, seamos sinceras, puedo caminar en esta dirección, pero no sé si se podrán acabar de alcanzar nunca.
Los propósitos ayudan a encaminarnos hacia las cosas que ya deseábamos hacer, pero que quizás no hemos sabido priorizar y encontrarles un momento, pero como ya he repetido en muchas ocasiones, no siempre son realistas ni nos acercan a las cosas que podemos encajar en nuestras rutinas. No es realista pensar que si hasta ahora no he tenido cinco ratos a la semana para ir al gimnasio por arte de magia y porque yo me lo proponga de repente encontraré la solución mágica para hacerlo durante todo un año de manera consistente. Como tampoco es esperable que los propósitos de año nuevo sean mi lista de los deseos con entradas como “ganar más dinero” o “ser más feliz”. Si nos ponemos ideas tan drásticas en la cabeza, no es extraño pensar que al cabo de seis semanas, hacia mediados de febrero, nos sentiremos profundamente derrotadas porque no hemos llevado a cabo ninguna.
Desde hace dos años he optado por hacer una serie de propósitos de año nuevo “realistas”, que han consistido en ponerme retos, objetivos y cosas que hacer en la lista que tuvieran que ver con mis responsabilidades. La verdad es que ha ido bastante bien: he conseguido hacer algunas cosas que siempre tenía en la lista de pendientes, y he tenido el impulso de hacer algunas de las cosas que, de otra manera, no habría priorizado.
"Los propósitos ayudan a encaminarnos hacia las cosas que ya deseábamos hacer, pero que quizás no hemos sabido priorizar y encontrarles un momento"
Ahora bien, las cosas difíciles siempre quedan en la lista, y algunas de las cosas se acaban intercambiando por otras (por ejemplo, visitar tres ciudades del nuevo país donde vivo ha pasado de Groningen, Maastricht y Nimega a Tilburg, Breda y 's-Hertogenbosch). Algunas cosas se han conseguido a medias, debido a factores externos, y algunas cosas las he empezado, pero no las he acabado, como sacarme, de una vez, el carnet de conducir. De momento no he atropellado a nadie en las clases, por lo que podemos considerar que está yendo en la dirección correcta. A pesar de que no he tenido esa presión de tener que hacerlo todo, los propósitos de la lista todavía parecen deberes o cosas pendientes por hacer. Por eso, este año he optado por una estrategia diferente.
La lista de los deseos para 2026. Este año quiero hacer una lista solo con las cosas que me apetece hacer, sin presión por si las alcanzo o no. Seamos sinceras, gestionar una vida no es como gestionar una empresa: no necesito KPI, ni evaluarme trimestralmente, ni tampoco será verdad eso de “renovarse o morir”. Si no me renuevo como mucho estaré como estoy ahora, y ahora estoy bastante bien. Este año solo quiero hacer cosas que me vengan de gusto y que sean buenas para mí. Las responsabilidades, los deberes y las obligaciones ya vendrán, por otra parte. Después de todas las presiones de los años anteriores, creo que me merezco un pequeño breve descanso. Así pues, haré una lista con las cosas que realmente quiero hacer y me apetecen. Este es mi primer y único propósito de año nuevo. Eso, e ir más al gimnasio.