Etnógrafo digital

PISA suspende, y no es culpa de la IA

10 de Septiembre de 2026
Josep Maria Ganyet | VIA Empresa

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Las normas técnicas de PISA permiten que un sistema educativo deje fuera de la muestra, como máximo, el 5% de los alumnos. Catalunya ha excluido el 23,2%: 591 de 2.500. Cuatro veces y media el techo. Y en consecuencia, la OCDE ha dejado a Catalunya fuera de los informes internacionales de PISA 2025; en las cifras, Catalunya aparece con el aviso de que no se pueden comparar ni con otras comunidades ni con ediciones anteriores. No es la única que ha pasado el techo: Murcia ha excluido el 12,7% y Balears el 7,5%, pero la OCDE les ha dado el procedimiento por bueno y sus datos sí que se pueden comparar, con precaución.

 

Para poner la magnitud de la tragedia en contexto, en la edición de 2022, el sistema que más alumnos excluyó de todo el mundo fue el de 18 de las 27 regiones de Ucrania, con un 14,9%, por un tema relacionado con una guerra. Le sigue Dinamarca, con un 11,6%.

Los motivos que ha dado el departamento son dificultades de aprendizaje, desconocimiento del catalán y problemas de conducta, y lo atribuye a una incidencia técnica en la comunicación de las instrucciones a los centros. La secretària general d'Educació fue destituida una semana antes de que comenzara el curso. Da igual si fue descaro o torpeza: el número es el mismo. Catalunya obtiene 473 puntos en lectura calculados sobre el 76,8% de los alumnos, una vez sacados de la muestra exactamente los perfiles de alumnos con dificultades que la prueba sirve para detectar.

 

El asunto es un quod erat demonstrandum de manual: que hay déficit de comprensión lo demuestra que en el departament d'Educació alguien no entendió el enunciado de la norma.

"Que hay déficit de comprensión lo demuestra que en el departament d'Educació alguien no entendió el enunciado de la norma"

El dato

PISA 2025 baja en toda la OCDE: dieciséis puntos menos en lectura, once en matemáticas, cinco en ciencias. La OCDE calcula que veinte puntos equivalen al ritmo de aprendizaje de un curso entero, o sea que en lectura hemos perdido tres cuartos de año. España firma su peor registro histórico en las tres competencias; en lectura, 451 puntos, diez por debajo del techo negativo anterior, que era de 2006.

Hay, entre estadísticas, tendencias y gráficas, un dato que parece contradictorio: el grupo que más puntos pierde en ciencias es el del cuartil de renta más alta. Los que en principio iban mejor. Los que tienen la escuela con más medios y la casa con más aparatos. San Pedro ya no canta ni pagando.

El análisis El ascensor social en España de EsadeEcPol demuestra que es 24 veces más fácil acabar en el 1% más rico viniendo del decil más alto que del más bajo. Uno de cada diez miembros de este 1% viene de padres que ya estaban allí; menos de 4 de cada 100 vienen del 10% más pobre. La meritocracia es lo que queda.

"Es 24 veces más fácil acabar en el 1% más rico viniendo del decil más alto que del más bajo"

La pregunta planiana esta vez no es "y todo esto quién lo paga", sino "y todo esto para qué se paga". Si no va hacia la educación de los alumnos más ricos, ¿en qué se ha gastado este dinero invertido en las mejores escuelas?

Veinte años colgando PDF

Pues en ordenadores, pantallas, tabletas, pizarras digitales y licencias de plataformas privadas. Y con todo esto montado, todo lo que pusieron dentro fue lo de siempre: PDF y PowerPoint. En primaria, en bachillerato y en la universidad.

Digitalizar es hacer lo que hemos hecho toda la vida, pero en formato digital; pasar de leer textos en papel a leerlos en la pantalla del portátil. Transformar digitalmente, en cambio, es hacer en el entorno digital todo aquello que en formato físico no podías hacer. Entre una cosa y la otra hay un mundo: hemos hecho la primera durante veinte años convencidos de que hacíamos la segunda.

Y no podemos decir que no estuviéramos avisados. La OCDE nos lo dijo en 2015 en un informe que se llamaba Students, Computers and Learning: en los países que habían invertido fuertemente en tecnología educativa no se apreciaba ninguna mejora en lectura, matemáticas ni ciencias. Decía más: que los niveles de uso de ordenador por encima de la media se asociaban a resultados significativamente peores, y que Corea y Singapur, los mejores del mundo en lectura digital, no tenían los alumnos más expuestos a internet en el aula que el resto. Seguimos comprando aparatos.

También tenemos el informe de PISA de 2022 que complementa los datos. El informe separa la utilización de la tecnología en dos usos. Los alumnos que dedican hasta una hora al día al dispositivo para aprender sacan catorce puntos más en matemáticas que los que no usan nada, descontado el perfil socioeconómico. Los que se distraen por los dispositivos de los compañeros sacan quince menos, que ya hemos quedado que son tres cuartos de curso. El problema no es la pantalla, sino lo que hacemos con ella.

"Ver a un hijo estudiando de una versión resumida del libro convertida en PowerPoint con el libro al lado, cerrado, es decepcionante"

Más allá de datos, seguro que a esta estadística le podéis poner nombre y apellidos: concretamente los de vuestros hijos. Ver a un hijo estudiando de una versión resumida del libro convertida en PowerPoint con el libro al lado, cerrado, es decepcionante. Los que me leéis ya sabéis que soy del partido suizo antiPowerPoint, y que en esto soy tan radical como ellos.

Las ocho esquinas

Cuando la vista recorre las líneas de una página, el cerebro registra de manera inconsciente dónde se encuentra físicamente en la página aquello que leemos. Ernst Rothkopf lo demostró en 1971: hizo leer un texto de 3.000 palabras a unos cuantos voluntarios pidiéndoles solo que recordaran el contenido, y luego les preguntó también por la posición. Acertaban muy por encima del azar. Estudios posteriores han refinado la medida: los lectores saben decir en qué cuarto o qué octavo de página era una frase, contenido y posición se retroalimentan; el uno ayuda a recordar al otro y el otro al uno.

Cada página tiene cuatro esquinas —un libro abierto, ocho—, a las que asociamos nombres, fechas e ideas que nos parecen relevantes. Intervienen los mismos mecanismos cognitivos que cuando nos movemos por el espacio donde tenemos puntos de referencia (en una ciudad conocida, la tienda, el semáforo, un árbol). También hay una metainformación temporal que registra el cerebro de manera inconsciente y que asocia con el contenido leído: el peso que va pasando de la mano derecha a la izquierda a medida que avanzamos. Más peso a la derecha, aquello era del principio; más a la izquierda, el final.

"Toda la metainformación de un libro físico desaparece en la pantalla. Por eso cuesta tanto reencontrar un pasaje en un Kindle"

Toda esta metainformación desaparece en la pantalla. Por eso cuesta tanto reencontrar un pasaje en un Kindle. No hay página, no hay peso y no hay ocho esquinas: hay scroll. El metaanálisis de Delgado, Vargas, Ackerman y Salmerón, 54 estudios y más de 170.000 participantes, da como ganador el soporte en papel por encima de la pantalla en textos de carácter expositivo, que es justamente el de la escuela y la universidad. En textos narrativos no se aprecian diferencias de comprensión.

El segundo GPS

Los alumnos que en 2025 hicieron la prueba PISA habían pasado casi toda la escolarización antes de que existiera ningún modelo de lenguaje; la prueba no mide su impacto, que es todavía demasiado reciente. El informe PISA de 2025 explica los veinte años anteriores a la IA generativa, y es precisamente por eso que hay que leerlo en clave de futuro. Porque la historia no se repite, pero a menudo rima.

Si leer y orientarse comparten procesos cognitivos, ya sabemos qué pasa cuando le dejamos hacer todo al GPS: llegas, sí, pero no sabes ni cómo has ido, ni dónde estás, ni de dónde venías, ni qué quiere esta gente que llama de madrugada. Este "efecto GPS" se produce cuando le hacemos resumir un texto a un modelo, y con la ayuda de cuatro apuntes (prompts) generamos un comentario para entregarlo en el campus virtual; hemos llegado, pero no sabemos cómo.

Porque resolver un problema es buscar soluciones posibles, elegir cuáles pueden ir bien, probar una, equivocarse, replantear la hipótesis y volver a empezar hasta que sacamos algo. El aprendizaje no es la solución, sino el proceso, incluso si no llegamos nunca. Si no lo hacemos, no aprendemos. Pero todavía es peor (todo siempre puede ser mucho peor). Nosotros no aprendemos, pero el modelo sí: cada apunte que le introducimos, cada pregunta que le hacemos va a parar al conjunto de datos para su siguiente entrenamiento. Cuando pagamos la cuota de nuestro LLM preferido, en realidad le estamos pagando las clases particulares.

Contra molinos digitales

Según la encuesta FRESC (Factores de Riesgo en la Escuela Secundaria) de 2025, las adolescentes de Barcelona pasan cuatro horas diarias en el móvil entre semana y 5,4 los fines de semana; los chicos, 3,33 y 4,5. Cuatro de cada diez chicas superan las seis horas diarias en sábado o domingo.

¿Cómo harás leer el Quijote a un chaval que a un clic tiene al Xokas repartiendo machismo a cambio de atención? Es una batalla desigual: de un lado está la chiquillería, con el espíritu crítico a medio hacer, y del otro las fortunas más grandes del mundo con los mejores psicólogos e ingenieros que se pueden pagar. A los tecnobros propietarios de estas plataformas les completa el trabajo un ejército de influenciadores y de larpers —jóvenes que muestran una vida de lujo que no tienen— que malviven semiesclavizados por un algoritmo (hablo de la larga cola de influenciadores, no del 1% que acapara toda la pasta).

La culpa no es del móvil. Es de quienes no tienen ningún escrúpulo en encadenar digitalmente a los niños tal como hacían sus antecesores de la revolución industrial, que los encadenaban físicamente al telar.

"La culpa no es del móvil. Es de quienes no tienen ningún escrúpulo en encadenar digitalmente a los niños tal como hacían sus antecesores de la revolución industrial"

Éxodo

Se sale de ello admitiendo que lo hemos hecho mal y no repitiéndolo.

Porque la tentación vuelve a ser la misma: poner la IA en el aula para hacer lo de siempre. Si lo hacemos así, no solo perderemos cognitivamente, sino que ayudaremos a mejorar modelos ajenos mientras nosotros empeoramos (conozco muchos profesionales que no saben redactar sin ChatGPT). Transformar sería otra cosa. Hacernos generar ejercicios a medida a partir del material real de la clase, buscar en bases de datos científicas, probar hipótesis que antes no teníamos tiempo de probar y más cosas que no se me ocurren. Tener un asistente de lujo y saber que lo es. Delegarle las decisiones es convertirnos nosotros en el asistente.

"Transformar sería otra cosa. Delegarle las decisiones es convertirnos nosotros en el asistente"

Y una cosa que he dejado para el final, aunque es fundamental, tal como nos dice PISA: leer. Leer mucho y leer de todo. La semana pasada defendía aquí que la respuesta a la IA en el aula es hacer hablar mucho a los estudiantes, pero para hablar primero hay que escuchar… y leer. Aquello de tener dos orejas y una boca y de tener que charlar la mitad de lo que escuchamos, también vale para la vista: deberíamos leer el doble de lo que escribimos. Dieta de lectura por la mañana, por la tarde y antes de dormir, en cápsulas, comprimidos o jarabe. Cambiar tiempo de pantalla por tiempo de papel.

Las administraciones pueden ayudar con lo que se les ocurra: incentivos, becas, booktubers, concursos de escritura, juegos florales cada quince días, calçotadas literarias o maratones de Wikipedia. Todo suma. Pero nada sumaría tanto como obligar a los propietarios de las aplicaciones sociales y de IA a limitar el tiempo de pantalla de los menores. En China lo empezaron a hacer en 2021 con los videojuegos: las empresas solo pueden servir juego en línea a los menores de ocho a nueve de la noche los viernes, los fines de semana y los festivos. La cosa fue tan bien que lo extendieron a los sistemas operativos móviles: Huawei, Oppo y Xiaomi han tenido que implantar un sistema de control horario que limita a dos horas al día a los jóvenes de dieciséis a dieciocho, a una hora a los menores de dieciséis y a 40 minutos a los menores de ocho.

A mí se me ocurre una versión mejorada para fomentar la lectura: ¿quieres un nuevo filtro de Instagram? Dime de quién era la armadura que lleva Patroclo cuando en la Ilíada se enfrenta a Héctor. ¿Quieres seguir mirando vídeos cortos en TikTok? Dime en qué se parecen el mito de Sísifo y el scroll infinito. ¿Quieres diez apuntes más de ChatGPT? Con qué titán compararías a Sam Altman y argumenta por qué Prometeo.


Digitalizar no es transformar.

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