Etnógrafo digital

Sant Jordi mata la ignorancia

23 de Abril de 2026
Josep Maria Ganyet | VIA Empresa

Antes que nada, feliz día de Sant Jordi a todos. Evitaré entrar en debates bizantinos de si Sant Jordi o si el Día del Libro, que son ajenos al día de hoy y al intelecto. Es muy fácil: el Día del Libro es cada día (o así debería ser) y Sant Jordi es hoy. ¿Que los catalanes somos así de extraños que lo queremos celebrar regalándonos libros y rosas? Pues no sería la cosa más extraña que hacemos.

 

Tampoco es nada del otro jueves el hecho de querer dejar de ser ignorantes. Todos sabemos que el conocimiento es la mejor manera para llegar a ser libre, o lo que es lo mismo, a ser persona. No es extraño, pues, que L’Esquella de la Torratxa el 5 de octubre de 1928 abriera con una ilustración de un caballero Sant Jordi que en lugar de casco lleva un libro gigante donde se lee Diada del Llibre, mientras el dragón a quien mata lleva escrito Ignorància. El pie de la ilustración es: “El Sant Jordi que nos conviene”. Años más tarde, en 1994, con ocasión de la 43ª Fira del Llibre d'Ocasió Antic i Modern de Barcelona, Joan Brossa haría aquel magnífico poema visual de Libros / Libres.

Ilustración de 'L'Esquella de la Torratxa' del 5 de octubre de 1928
Ilustración de 'L'Esquella de la Torratxa' del 5 de octubre de 1928

Y es que en definitiva es esto: el conocimiento está en los libros y, si lo hacemos bien, es con los libros que podemos llegar a ser libres. ¿Os habéis preguntado por qué todos los sátrapas, lo primero que hacen, es prohibir libros y autores?

 

"El conocimiento está en los libros y, si lo hacemos bien, es con los libros que podemos llegar a ser libres"

El 10 de mayo de 1933, Joseph Goebbels organizó en Berlín hogueras festivas —con bandas, marchas y canciones— donde la Deutsche Studentenschaft quemaba a Thomas Mann, Sigmund Freud y Karl Marx. Freud, al enterarse, dijo que al menos habíamos progresado: “En la Edad Media me habrían quemado a mí”. Mao, durante la Revolución Cultural, hizo lo mismo de manera institucional y continuada durante diez años: cualquier libro que no fuera propaganda del Partido desaparecía. Trump, el 29 de enero de 2025, firmó la orden ejecutiva “Ending Radical Indoctrination in K-12 Schooling” y el Departamento de Defensa retiró 596 títulos de sus bibliotecas escolares. PEN America documenta 6.870 prohibiciones en 23 estados en un solo curso escolar.

Y entonces está Borriana. En julio de 2023, el concejal de Cultura de Vox entró personalmente en la biblioteca municipal a intentar confiscar Cavall Fort. Una revista infantil. Los técnicos le pidieron la orden por escrito y no se pudo llevar nada, pero aseguró que no se renovarían las suscripciones. En febrero de 2026, la consejera de Educación valenciana modificó el currículum de bachillerato para eliminar cualquier referencia a autores catalanes y baleares. Rodoreda, fuera. Llull, fuera. 172 departamentos de catalán de institutos valencianos firmaron un manifiesto en contra. El Ayuntamiento de Gandia respondió regalando libros de Rodoreda y Llull a los institutos.

El Sant Jordi que nos conviene es el que mata al dragón de la ignorancia, el de L'Esquella de 1928. Cien años después, todavía hay dragones.

"El Sant Jordi que nos conviene es el que mata al dragón de la ignorancia, el de 'L'Esquella' de 1928. Cien años después, todavía hay dragones"

Libros para ser libres

Si hoy es Sant Jordi y hemos hablado de dragones, de l'Esquella y de sátrapas, no puedo terminar sin unas recomendaciones. Libros que alguien, en algún momento, intentó hacer desaparecer. No son novedades, pero las mejores listas de libros las suelen hacer aquellos que los quieren prohibir.

1984, de George Orwell. La novela definitiva sobre el control de la información y la reescritura del pasado. En un gesto que habría emocionado al propio Orwell, en julio de 2009, Amazon borró remotamente todos los ejemplares digitales de los Kindle de sus clientes —sin avisar— por problemas de derechos. El Gran Hermano existe.

De mica en mica s'omple la pica, de Jaume Fuster. Una de las novelas prohibidas durante el franquismo. Una novela negra con todos sus detalles censurada por considerar que exaltaba conductas inmorales y por comunista.

Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. Una novela sobre la quema de libros que ha sido censurada varias veces en los Estados Unidos —por blasfemias, por drogas, por “lenguaje soez”— por parte exacta de la clase de gente que Bradbury describía. En 1973, Ballantine publicó una edición suavizada sin el consentimiento del autor. Bradbury se quejó en 1979 y recuperó el texto original. La paradoja no necesita explicación.

Persèpolis, de Marjane Satrapi. Autobiografía en formato de novela gráfica de una niña que crece en el Irán de la Revolución Islámica. Prohibida en Irán, prohibida en Líbano, retirada en 2013 de las escuelas públicas de Chicago por “imágenes inadecuadas”. Va muy bien para entender qué pasa en Irán. Muy actual. Demasiado.

Replay, de Jordan Mechner. Mechner es el creador de Prince of Persia, uno de los mejores videojuegos de todos los tiempos. Aquí hace una cosa diferente: una novela gráfica autobiográfica en la que entrelaza su carrera como diseñador de juegos con la historia de su padre y la de su abuelo, un médico de origen judío vienés, que tuvo que huir cuando los nazis llegaron al poder en 1938. Su padre tenía siete años. Es el relato de tres generaciones y de aquello que pasa cuando los que queman libros llegan al gobierno. Galardonada con el Premio de novela gráfica histórica del Château de Cheverny en 2023. Para leer hoy.

Poema visual 'Llibres / Lliures' de Joan Brossa | Fundació Joan Brossa
Poema visual 'Llibres / Lliures' de Joan Brossa | Fundació Joan Brossa