Recuerdo leer Sin noticias de Gurb en el instituto. Me pareció un poco complicado y estaba confusa. ¿Quién era, este tal Gurb? ¿De dónde venía? Y, sobre todo, ¿cómo narices había llegado a la Barcelona de antes de los Juegos Olímpicos? Para empezar a leer algo en castellano, una amiga le regaló el libro a su pareja hace dos Sant Jordis. “¡Ah, sí! Es el libro del extraterrestre perdido. Es muy divertido y tiene trasfondo”, le dije al amigo cuando me pidió opinión del regalo en cuestión. Dos días antes de escribir este artículo entró en mi habitación anunciándome que se lo había terminado, y que le había gustado mucho. “Qué bonito que se haya apuntado a la celebración y que, además, le gusten nuestros libros”, pensé.
De manera casual o causal, yo estas cosas no las discuto, hace unos días Eduardo Mendoza, autor del libro Sin noticias de Gurb, hizo un comentario bastante polémico sobre Sant Jordi, y alegó que se trata del día del libro y no del patrón de Catalunya, a quien adjudicó cualidades como el analfabetismo o el maltrato de animales. Cualquiera que haya pisado Barcelona y que tenga un A1 de polémicas catalanas sabrá que no es la primera persona que cuestiona la leyenda y su legitimidad pública, bien por el contenido de la leyenda (el mito de la princesa que necesita que la salven) o por su componente religioso (Sant Jordi no deja de ser un santo). Pero de lo que reniega Mendoza en estas afirmaciones no es de la tradición, ni tampoco de la religión, sino de la catalanidad del acto. Un hecho que, más allá de lo que a mí personalmente me pueda parecer, no es un comentario ingenuo.
Que Sant Jordi era lo que la juventud llama una red flag no hace falta ir muy lejos para descubrirlo. De hecho, la misma leyenda expresa que salva a la princesa del dragón y después le hace ghosting. Un lovebombing en toda regla. Sin embargo, esto de analfabeto y maltratador de animales no sé si se lo acabo de comprar. Más que nada porque entonces los toreros, las personas que tienen tiendas de animales, tu tía Ramona que se piensa que su perro es su hijo o las criaturas (todas y sin excepción) de menos de cuatro años también lo son, de maltratadoras de animales. Y en cuanto al analfabetismo, si lo pensamos bien, se dice que Sant Jordi murió el año 303, así que hay una gran probabilidad de que en aquella época lo fuera casi todo el mundo, de analfabeto.
Una cosa interesante que el señor Mendoza debe haber olvidado, pero que le convendría recordar, es que el patrón de Catalunya, Sant Jordi, ya se celebraba antes del día del libro. De hecho, es por su coincidencia con la muerte de Shakespeare y con la muerte de Cervantes, y gracias a un movimiento cultural llamado la Renaixença, que el día del libro y Sant Jordi se hacen coincidir. Es gracias a la iniciativa de, seguramente, un grupo de personas seguramente sexistas, racistas, coloniales y con quienes yo no tendría mucho que ver más allá de unos pocos valores fundacionales que hoy las calles de toda Catalunya se llenan de libros cada 23 de abril. Es gracias a la iniciativa del editor valenciano Vicent Clavel Andrés que el día del libro, que antes se celebraba el día 7 de octubre, se pasara a celebrar en un día especial en nuestra tierra.
"Incluso para la UNESCO, el día 23 de abril es el día internacional del libro, pero en nuestra tierra, donde empezó esta preciosa y envidiable tradición, le llamaremos Sant Jordi"
Es por la excusa de la primavera y de las flores, de la buena sensación que aporta a las calles de nuestras ciudades, que este se consideró un momento fantástico para iniciar en la lectura a tantas personas que, como mi amigo, han empezado a leer libros, incluidos los de Eduardo Mendoza. Y que sí, que para muchos es el día del libro, incluso para la UNESCO, que oficializó el día 23 de abril como el día internacional del libro, pero que en nuestra tierra, donde empezó esta preciosa y envidiable tradición, lo llamaremos Sant Jordi. No por religión, sino para honrar a aquellas personas que tuvieron la iniciativa de llevar los libros a la calle. Que en nuestra tierra tenemos pocas, de victorias, y si una cosa hemos llevado por todo el mundo, estoy muy orgullosa de que sea el hábito de la lectura.