Politóloga y filósofa

Siempre ha habido una mujer antes que tú

14 de Enero de 2026
Arianda Romans | VIA Empresa

Desde hace unos meses soy asidua a una pequeña localidad del sur de los Países Bajos. Un pueblo lo bastante pequeño como para no oír nada si sales a caminar al anochecer, pero con suficiente variedad de supermercados, parques, infraestructuras públicas y tiendas como para pensar que no está en el quinto pino. Tiene una biblioteca y también un centro cívico, dos escuelas y diferentes granjas de yogures ecológicos y huevos de tanta proximidad que puedes saludar a las gallinas que pastan alrededor. Es un espacio muy amable, donde la gente todavía se saluda, todo el mundo habla holandés con un acento particular y se respira tranquilidad. Parece la representación del beatus ille de los renacentistas.

 

Desde que vengo, siempre hacemos la broma de que debo ser la primera catalana en pisar aquellos lugares. Pero hace unos meses ya me avisaron de que había otra catalana… y que justamente se encontraba en mi misma calle. Hace poco que nos hemos conocido y la verdad es que es una delicia de persona. Me explicó cómo llegó, hace más de 30 años, y los retos que tuvo para integrarse en un país nuevo, a veces sentirse la extraña y a veces siendo el centro de las atenciones. Con mucha distancia, porque nuestros casos son bien diferentes, me hizo sentir muy acompañada, como si no estuviera sola, y compartimos un rato de sonrisas, aventuras y cava.

Hace unos días que pienso en este encuentro y me ha hecho reflexionar en una cosa que a menudo, como mujer, no tengo suficientemente presente: la mayoría de las veces, ha habido otra mujer haciendo lo que estás haciendo antes que tú. Cuando nosotras pensamos que somos las primeras mujeres de la familia en hacer algo, las primeras personas en hacer algo, siempre, la mayoría de las veces, ha habido otra que ha hecho algo similar. Quizás no el mismo camino, pero quizás también se ha marchado fuera, también ha hecho aquello que no se esperaba de ella en su contexto, ha desafiado una voz de autoridad o ha vivido su vida de una manera poco ortodoxa a las prioridades establecidas por la época.

 

El problema es que cuesta conocer esta realidad. Cuesta mucho hacer el trabajo de archivo en vivo para conocer a las personas que, algunas décadas antes, han hecho lo mismo que tú, y ya no hablemos de las que lo hicieron mucho antes de tu llegada al mundo. A gran escala, también es complicado ver documentadas a las mujeres que han alcanzado hitos de los que nosotras aún ni siquiera somos conocedoras. Tenemos bastante bien documentado quién fue la primera deportista en probar cierto deporte, la primera cocinera en participar en un concurso televisado, la primera política regional o nacional, la primera directiva de una empresa… pero ¿quién fue la primera mujer que llevó la contraria a un hombre? ¿Quién fue la primera mujer en migrar por amor? ¿Quién fue la primera mujer en revelar una orientación sexual diferente de la impuesta? ¿Quién fue la primera mujer que, en contra de los consejos de sus seres queridos, decidió emprender una idea, un viaje, una carrera profesional, o no tener criaturas, no casarse, no ser una mujer como se esperaba que fuera?

"Cuando pensamos que somos las primeras mujeres de la familia en hacer algo, las primeras personas en hacer algo, siempre, la mayoría de las veces, ha habido otra que ha hecho algo similar"

Quizás estos silencios nunca los conozcamos, pero a ellas debemos muchas cosas. Gracias a “la primera mujer que” fue o hizo algo antes que tú, hoy lo tengo mucho más fácil, pero también hoy tengo una compañera, una persona que ha pasado por las mismas cosas que paso yo (o similares) y me puede acompañar en esta trayectoria. Es tan importante sentir que hay alguien que te entiende, que te comprende, que sabe por qué pasas cuando ni siquiera te lo puedes explicar.

Por esta razón, creo que es importante que, aunque a mí me dé mucha pereza este relato de “la primera mujer que”, es fundamental no solo para tener una buena documentación de todo lo que nos ha precedido, sino para tener un espacio de confianza y de calma en caso de desasosiego, de referencia en caso de pérdida, de ternura cuando necesitamos, de una manera inexplicable, sentirnos en casa.