Sobre el asalto de Estados Unidos a Venezuela para capturar a Nicolás Maduro ya se ha escrito demasiado, sin saber casi nada. Los opinadores echan humo por la lengua -un órgano que hace años ya tienen amortizado-. Por lo tanto, opiniones sólidas, pocas. Más bien, preguntas, a la espera de los acontecimientos.
En mi opinión, la principal inquietud económica es la referente al petróleo. Y no por la parte que este producto pueda beneficiar a Estados Unidos -un país con excedente de esta materia-, sino por el perjuicio que se pueda generar a terceros.
La desconfianza entre China y Rusia ha sido siempre una constante. Es lógico. Una frontera de casi 4.200 kilómetros. Vigilarla no es sencillo. Uno entiende la magnitud del tema cuando visita esa línea en cualquiera de las poblaciones que se despliegan a lo largo del río Amur, que separa ambos países a lo largo de la mayor parte de la frontera. A pocas decenas de metros de Rusia, al otro lado del río, se pueden observar, con prismáticos, los detalles de la valla desplegada para que los chinos no huyan. También los barcos patrulleros. Además, hay que añadir un hecho demográfico evidente. Rusia tiene unos 140 millones de habitantes. China tiene 1.400. Diez veces más.
Pero hete aquí que, por aquello de los enemigos comunes (Occidente), se ha establecido una alianza forzada entre estos dos países. Un entendimiento que podríamos llamar “alianza energética”. China necesita el carbón y el gas rusos, y Rusia necesita clientes. La mayoría de los ingresos del estado ruso provienen de la venta de estos recursos. No se mantiene el país más extenso del mundo con los exiguos impuestos que se cobran a 140 millones de personas
"Sin el petróleo venezolano, China es todavía más dependiente de Rusia, algo que no debe hacerle demasiada gracia"
Los potenciales cambios en Venezuela tienen dos efectos en el otro extremo del mundo: Rusia y China. Sin el petróleo venezolano, China es aún más dependiente de Rusia -algo que no debe hacerle demasiada gracia-. Por otro lado, Rusia pierde un 'regulador' de petróleo en la zona latinoamericana, ya que el gobierno de Maduro seguía las consignas de Moscú al respecto.
Estos hechos -meramente económicos- tendrán repercusiones políticas, sin duda. Si se levanta el bloqueo económico a Venezuela, la situación cambia. De momento, la OPEP -de la que Rusia no forma parte, pero Venezuela sí- no parece demasiado preocupada.
En resumen, podemos estar tranquilos en cuanto al precio de las materias primas. Y podemos estar perfectamente intranquilos con respecto a las consecuencias geopolíticas.