Politóloga y filósofa

Que vuelva el realismo mágico

02 de Septiembre de 2026
Arianda Romans | VIA Empresa

Siempre se habla del estoicismo como una respuesta a los tiempos de crisis. La obsesión occidental por sus directrices y mantras ha llegado tan lejos que incluso mi profesor de la autoescuela se pone vídeos de TikTok con frases de supuestos maestros que te ayudan a tomarte la vida de una manera más resiliente. Como pasó hace unos años con Aristóteles o Platón, si juntamos todas las frases que se han adjudicado a nombre de Marco Aurelio muy pronto podremos ver que habrías tenido que vivir tres siglos para poder pronunciar cada una de sus letras.

 

El caso es que ante los tiempos de crisis, de las situaciones complicadas de la vida o de tiempos en que la conciencia y la moral colectiva parece estar más agitada que las calles, las personas tendemos a buscar refugios. Y un señor diciéndote que tú tienes el poder dentro de ti para vivir de manera más resiliente, para resistir las adversidades, para desarrollarte en la mejor versión de ti mismo, es muy goloso. Por mucho que algunas personas se las den de que esto no va con ellas, todas hemos caído en alguna forma de autoayuda o de creencia para superar un momento complicado. Bien sea empezar a seguir con más fidelidad el horóscopo, interesarse por los proverbios de una religión o mirar vídeos sobre situaciones de superación puede traernos el confort que no conseguimos encontrar ante la situación paralizante.

Con esto no quiero decir que estos vídeos de autoayuda pseudofilosóficos sean un recurso recomendable, pero existen y son un refugio para muchas personas. Yo incluida en algunas circunstancias, a pesar de que no me haga mucha ilusión aceptarlo. Pero creo que hay un recurso que hace algunas décadas que minusvaloramos que esconde el balance necesario entre análisis y confort, entre la proximidad interior y no dar la espalda al mundo. Hablo, claro, del realismo mágico.

 

A pesar de ser una corriente filosófica y llevar tiempo en la categoría de clásicos, el realismo mágico latinoamericano nos ha brindado algunas de las obras más importantes de la literatura del siglo veinte. Una de las más excepcionales, sin embargo, es Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Hace unas semanas que he conectado con esta lectura que hicimos en el instituto con su adaptación a Netflix (altamente recomendable), y me ha hecho pensar de qué manera la crítica social, la resolución de los conflictos, los mensajes de esperanza y las metáforas de las crisis, los tiempos malos y las injusticias se tratan desde el realismo mágico.

"El realismo mágico nos permite llevar al extremo de la imaginación las situaciones que nos generan dolor y las pinta de una manera que se magnifica, pero también permite ver los detalles"

Lejos de ser un recurso evasivo, el realismo mágico nos permite, con elementos exagerados, coloridos y de fantasía, llevar al extremo de la imaginación las situaciones que nos generan dolor y las pinta de una manera que se magnifica, pero también permite ver los detalles. En tiempos de recesión, los recursos que nos permiten explicar la realidad desde otros puntos de vista nos reconfortan y recuerdan que las cosas malas, como las buenas, no duran para siempre.

El realismo mágico nos permite llevar las cosas al extremo para verlas con perspectiva y regresar a una realidad que necesitamos exagerar para poder entender. Dejando volar la imaginación, evadirnos en medio del bullicio y, volver a una realidad donde ya habíamos perdido toda esperanza para tratar de discernir la belleza que aún yace debajo de las piedras.

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