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48 horas para crear una empresa: Europa empieza a simplificar

Hoy, una empresa puede encontrarse con más de 60 formas societarias diferentes en Europa, lo que dificulta crecer y operar a escala europea

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, durante el discurso sobre el estado de la Unión Europea | Cedida
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, durante el discurso sobre el estado de la Unión Europea | Cedida
Oriol Amat | VIA Empresa
Economista, UPF BSM y Observatorio de la PIME
25 de Marzo de 2026 - 04:55

Europa ha construido un gran mercado interior, pero todavía funciona como 27 mercados diferentes. Este es uno de los principales frenos de su competitividad. El exceso de regulación —y a menudo su baja calidad— se traduce en más normas, más trámites y más tiempo para hacer lo que en otras economías se resuelve con más agilidad y menos costes. Este diagnóstico no es nuevo. El informe Draghi sobre competitividad europea (2024) advirtió que la Unión Europea (UE) está perdiendo peso frente a Estados Unidos y China, en parte por un entorno regulador complejo que frena la iniciativa empresarial y la innovación.

 

En paralelo, el informe Letta (2024) sobre el mercado interior señaló que las barreras administrativas continúan fragmentando el mercado europeo y dificultando el crecimiento de las empresas. El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que las barreras existentes dentro del mercado único europeo equivalen a un arancel del 110% en el caso de los servicios. Dicho de otra manera, operar dentro de la UE puede llegar a ser, en términos regulatorios, tan costoso como exportar a un mercado fuertemente protegido. El mensaje es claro: es urgente simplificar, y mucho, el marco regulador.

Esta realidad se hace aún más evidente en España y Catalunya, y VIA Empresa se ha hecho eco muy a menudo. Hace pocos días, la Síndica de Greuges de Catalunya ha vuelto a poner el foco en esta cuestión, y ha destacado que una parte relevante de las quejas que recibe están vinculadas a retrasos y exceso de trámites administrativos. Es un diagnóstico compartido. Por ejemplo, según Pimec, la burocracia es uno de los principales obstáculos para la actividad empresarial: las pymes destinan en promedio unas 500 horas al año a trámites burocráticos y cerca de un 70% de los documentos que se les exigen ya se encuentran en poder de la Administración.

 

En la misma línea, entidades como la Cambra de Comerç de Barcelona, el Col·legi d'Economistes, Foment del Treball, Cecot, FemCAT, el Cercle d'Economia o Comertia, han alertado reiteradamente de la pérdida de competitividad que provocan la complejidad normativa y la lentitud de los procedimientos. A este clamor se añaden iniciativas como el Foro de Entidades para la Reforma de la Administración (FERA) que coinciden en la necesidad de una simplificación profunda. Por suerte, esta prioridad ya está en la agenda pública: se están impulsando medidas de simplificación normativa, digitalización y ventanilla única empresarial. Sin embargo, en el pasado, iniciativas similares no han dado los resultados esperados. Por eso, el reto ahora es que estas medidas funcionen de manera efectiva y se traduzcan en resultados tangibles y sostenidos, a la altura de los países más competitivos.

La EU Inc. de la UE no es un cambio menor: no sustituye las legislaciones nacionales, sino que añade un nuevo marco europeo simplificado

En este contexto, la UE ha empezado a reaccionar. En el último año se observa un cambio de tendencia: más revisión crítica de la regulación y más apuesta por la simplificación. Uno de los ejemplos más claros es la propuesta anunciada hace pocos días por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, para crear empresas en un máximo de 48 horas en toda la UE. No es un cambio menor. Es una reforma con vocación transformadora. Se conoce como el 28º régimen o EU Inc. y no sustituye las legislaciones nacionales, sino que añade un nuevo marco europeo simplificado. Las empresas podrán elegir operar bajo este sistema y evitar la fragmentación actual. Hoy, una empresa puede encontrarse con más de 60 formas societarias diferentes en Europa, lo que dificulta crecer y operar a escala europea.

El objetivo es claro: pasar de un modelo fragmentado y lento a un sistema digital, integrado y eficiente. La creación de empresas será íntegramente en línea, sin trámites presenciales. La identidad digital europea permitirá validar a los emprendedores de manera segura en todos los estados miembros. También se fijarán requisitos básicos comunes para reducir la dispersión normativa. Esto facilitará operar en diferentes países e, incluso, permitirá crear una empresa en cualquiera de los 27 estados de la UE.

El coste de crear una empresa también se reducirá de manera significativa, con un límite inferior a los 100 euros

Otro cambio clave es la interconexión de los registros mercantiles. Los datos circularán entre administraciones y se evitará pedir repetidamente la misma información. En esta línea, se aplica el principio de “solo una vez”: la Administración no puede pedir datos que ya tiene. El coste de crear una empresa también se reducirá de manera significativa, con un límite inferior a los 100 euros, y se establecen plazos claros: en los casos más simples, una empresa se podrá crear en 48 horas.

En esta primera fase, el sistema será opcional. Pero puede convertirse en un fuerte incentivo para que muchas iniciativas empresariales se queden en Europa en lugar de deslocalizarse. Los principales beneficiarios serán las pymes y las startups, pero el impacto puede ir mucho más allá: más inversión, más actividad y más capacidad para competir en sectores innovadores. En definitiva, facilitar la creación de empresas en 48 horas no es solo simplificar trámites. Es mejorar la competitividad y reforzar el funcionamiento real del mercado único europeo.

El precedente peligroso de las SAE

Las banderas de España y la Unión Europea ondean a media asta en la sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo | Parlamento Europeo
Las banderas de España y la Unión Europea ondean a media asta en la sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo | Parlamento Europeo
 

De toda manera, cabe recordar que no es el primer intento de armonizar el derecho societario europeo. La Sociedad Anónima Europea (SAE) aprobada en 2001, por ejemplo, no tuvo el impacto esperado: era compleja, poco orientada a pymes y, sobre todo, no eliminaba la dependencia de las regulaciones nacionales. El resultado ha sido limitado: con poco más de 1.300 empresas registradas en una Unión con más de 20 millones, y solo una parte con actividad real, se ha consolidado como una figura minoritaria y poco transformadora. De hecho, en algunos países, como la República Checa, se llegaron a crear cientos de SAE sin actividad ni trabajadores, concebidas simplemente para ser vendidas posteriormente a terceros.

Es significativo que más del 60% de todas las SAE se concentraran en este país, mientras que en economías como la española apenas se crearon una veintena. Esta realidad ilustra hasta qué punto el modelo no respondió al objetivo inicial de facilitar la creación y el crecimiento de empresas reales.

El resultado de las SAE ha sido limitado: hay poco más de 1.300 empresas registradas en una Unión con más de 20 millones de compañías

El reto ahora es diferente: diseñar un sistema útil, ágil y accesible para emprendedores y pymes; y no caer en los errores de otras experiencias anteriores como la de la SAE. La propuesta, sin embargo, apenas comienza su recorrido. Deberá ser debatida y aprobada por el Parlamento Europeo y el Consejo, y posteriormente negociada hasta un texto definitivo. La Comisión Europea quiere que sea aprobada antes de finales de 2026, dentro de una estrategia más amplia para reforzar el mercado único con el objetivo de construir, de cara a 2028, una Europa que funcione realmente como un solo mercado.

Pero esta iniciativa debe ser solo el comienzo. Europa necesita una revisión profunda de todo su marco regulador. Menos complejidad, menos duplicidades y más eficiencia. La regulación debe facilitar la actividad económica, no dificultarla. Porque, en el fondo, la cuestión es muy clara: sin un mercado realmente único, Europa no podrá competir con economías que operan como una sola.