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Acemoglu y Robinson contra Piketty (II)

Acemoglu y Robinson refutan sin paliativos los planteamientos de Piketty: sostienen que la evolución del capitalismo no ha seguido ni sigue ninguna ley general

Una pila de billetes de cien dólares | iStock
Una pila de billetes de cien dólares | iStock
Narcís Mir | VIA Empresa
Ingeniero y economista
26 de Enero de 2026 - 04:55

En el artículo anterior expuse las tesis de Thomas Piketty en relación con el proceso de acumulación y concentración de capital. Las presentó en el año 2013 en su libro *El capital en el siglo XXI* (traducido al catalán y publicado por RBA). Las obtenía después de analizar un conjunto de series históricas que van desde el siglo XIX hasta el año 2010.

 

Dos años más tarde, en 2015, Acemoglu y Robinson, Premios Nobel de Economía en 2024, publicaron un largo artículo con el título Auge y caída de las leyes generales del capitalismo, en la revista Journal of Economic Perspectives. Finalmente, en 2025, este artículo se publicó en formato de libro, con el mismo título, por la editorial Página Indómita (versión solo en castellano).

Acemoglu y Robinson refutan sin paliativos los planteamientos de Piketty. Sostienen que la evolución del capitalismo no ha seguido ni sigue ninguna ley general. En este conjunto incluyen las leyes de Thomas Malthus, de David Ricardo y de Karl Marx. Las dos primeras pronosticaban el estancamiento del crecimiento económico y, la de Marx, el colapso del sistema económico y social.

 

En el caso de Malthus, el estancamiento provenía a consecuencia de una tasa de crecimiento de la población superior a la tasa de crecimiento de los recursos. Para Ricardo, la acumulación de capital conduciría al estancamiento económico y a la desigualdad, a medida que los terratenientes obtuvieran una proporción cada vez mayor de la renta nacional.

Después de más de 200 años, los datos se han encargado de mostrar el incumplimiento de estas dos leyes. El factor que lo ha impedido ha sido el crecimiento de la productividad a consecuencia del progreso tecnológico. Piketty se concentra en verificar lo que ha pasado, 150 años después de los pronósticos de Marx, con la acumulación del capital y la distribución de la propiedad del capital y de las rentas. Estos resultados son los que expone en su libro y que he resumido en el primer artículo

Acemoglu y Robinson afirman que buscar unas leyes generales del capitalismo solo puede conducir al error, ya que ignora unas fuerzas clave que determinan el funcionamiento de la economía

Acemoglu y Robinson afirman que buscar unas leyes generales del capitalismo solo puede conducir al error, ya que ignora unas fuerzas clave que determinan el funcionamiento de la economía, y que no se pueden predecir: la evolución de la tecnología, que consideran endógena; las instituciones (los dos economistas pertenecen a la corriente institucionalista), que son piezas clave del desarrollo; y las fuerzas políticas que dan como resultado un equilibrio que afecta a la tecnología, al funcionamiento del mercado y a la distribución de las rentas económicas.

Para desmontar la existencia de una ley general de acumulación y concentración del capital (y, por tanto, de desigualdad), Acemoglu y Robinson utilizan, fundamentalmente, dos argumentos. El primero es que los datos históricos contradicen lo que predice la ley. Y el segundo, que el motor explicativo que utiliza Piketty como causante de la acumulación y concentración del capital, que es la persistencia histórica de una tasa de rendimiento del capital superior a la tasa de crecimiento de la renta nacional, es inconsistente.

En cuanto al primer argumento, efectivamente, los mismos datos que ofrece Piketty no muestran un proceso sostenido de acumulación y concentración del capital. Y en cuanto al segundo, insisten una vez más en el hecho de que esta desigualdad fundamental (r-g) es claramente insuficiente como variable explicativa, ya que deja fuera las instituciones y la política. Parecería que estos dos argumentos serían suficientes para desmontar los planteamientos de Piketty.

Conclusiones

Yo no lo veo tan claro, y trataré de explicarlo. En primer lugar, Piketty dice que la acumulación y concentración del capital no sigue una ley inexorable y hace referencia claramente a los límites del modelo y al papel de las instituciones. Es por este motivo que plantea la existencia de unos factores de convergencia y la aplicación de unas políticas para hacer frente a este proceso de concentración. Empecemos por los datos. En el artículo anterior vimos una evolución en forma de U y, por tanto, el incumplimiento de una ley persistente de acumulación y concentración de capital. Pero el hecho de que no observemos esta persistencia no significa que la ley no se cumpla.

El hecho de que simplemente no se puedan observar los efectos del planteamiento de Piketty no deja de estar presentes las causas

Para justificarlo, propongo al lector un ejercicio, por analogía. Supongamos una persona que aguanta con la mano una piedra de un kilo a un metro del suelo. Si abre la mano, la piedra caerá hasta llegar al suelo. Esto no producirá ninguna sorpresa a la persona que sostenía la piedra. Si se pregunta por qué ha pasado esto, hoy sabemos la respuesta (con una certeza popperiana): es la fuerza de la gravedad.

Supongamos ahora que interponemos entre la piedra y el suelo una mesa de un metro de altura. La persona, cuando abra la mano, observará, también sin ninguna sorpresa, que la piedra no se mueve y se queda sobre la mesa. ¿Podemos decir, por esta observación, que no se cumple la ley de la gravedad? Pues no. El campo gravitatorio sigue presente. Lo que ha pasado es que la mesa, y precisamente debido a la existencia de la fuerza gravitatoria, ha generado una fuerza de reacción, de igual magnitud y sentido contrario, siguiendo la tercera ley de Newton. Pues bien, este ejercicio -admito que es necesario que solo sea utilizado como reflexión- podría servir para poner en duda las refutaciones de Acemoglu y Robinson: por el hecho de que simplemente no se puedan observar los efectos del planteamiento de Piketty, no dejan de estar presentes las causas.

Analizamos la diferencia entre la tasa de rendimiento del capital y la tasa de crecimiento de la renta. Si realmente esta diferencia persistiera en cualquier situación, no habría duda de que sería motivo de esta acumulación y concentración del capital. Pero el mismo Piketty nos muestra la caída abrupta de estos indicadores, que se produce entre 1910 y 1950. La explicación que da es el gran choque exógeno que representaron las dos guerras mundiales y la Gran Depresión de 1929. Se trató de una destrucción física del capital y de una destrucción financiera.

Hay leyes sobre las cuales, con el estado disponible de la tecnología, los humanos no podemos alterarlas. Procuramos descubrirlas y las aceptamos. Por ejemplo, la trayectoria de la tierra alrededor del sol. Pero hay otras que el estado de la tecnología nos permite la modificación de sus efectos. Sería el caso de la gravedad. Hoy somos capaces de separarnos de la tierra y marchar de su influencia. Pero eso no quiere decir que dejen de existir.

¿Y si existiera esa ley general del capitalismo, de acumulación y concentración del capital, y que las instituciones y la política aparecieran precisamente como reacción a la existencia de esa ley?

Por lo tanto, podemos preguntarnos: ¿y si fuera el caso que existiera esta ley general del capitalismo, de acumulación y concentración del capital, y que las instituciones y la política (representando el papel de la mesa) aparecieran precisamente como reacción a la existencia de esta ley? Personalmente, no me atrevo a afirmar la existencia de leyes generales del capitalismo. No obstante, los argumentos de Acemoglu y Robinson no son convincentes para negarlo. De todas maneras, sea con ley general o sea sin ella, lo que podemos observar es que a partir de la década de 1970-1980 se está produciendo un proceso sostenido de concentración de capital, medido por la reserva de capital en relación con la renta nacional, un proceso de concentración de la propiedad del capital, y un proceso de concentración de las rentas, en este último caso por la acumulación de las rentas del capital y por los salarios de los llamados superejecutivos de las grandes compañías.

Lo que podemos observar es que a partir de la década de 1970-1980 se está produciendo un proceso sostenido de concentración de capital

Este proceso se observa con especial intensidad en los países anglosajones y, especialmente, en los Estados Unidos. No solo se observa esta concentración de capital, sino que adopta una forma monopolista, como es evidente con las grandes empresas tecnológicas.

Este es un fenómeno que traspasa la esfera económica y afecta la esfera política y social. Ayuda, y mucho, a explicar el mundo de hoy. Esta base material exige una institucionalización política, es decir, unas formas de Estado incompatibles con los Estados de derecho, democráticos y sociales.

Pero esto trataré de explicarlo en un próximo artículo.