• Economía
  • De Calcuta a Hong Kong: los riesgos de la densificación en Barcelona

De Calcuta a Hong Kong: los riesgos de la densificación en Barcelona

El problema real no es construir viviendas, sino crear ciudad; y eso es mucho más complejo y caro

El 2025 Barcelona recibió dieciséis millones de turistas | iStock
El 2025 Barcelona recibió dieciséis millones de turistas | iStock
Enric Llarch | VIA Empresa
Economista
Barcelona
21 de Abril de 2026 - 04:55

El president Illa ha declarado que la vía para generar nueva oferta de vivienda en los plazos más rápidos posibles pasa por densificar las zonas urbanas ya existentes de la Región Metropolitana de Barcelona. La arquitecta jefa de Barcelona, Maria Bohigas, también se ha apuntado a la tesis para la capital. Sostiene que Barcelona ya había llegado en su día a 1,9 millones de habitantes y que ahora, con 1,73, todavía le queda margen para recuperarlos.

 

El mal recuerdo de las remontas de Porcioles

Vista aérea del Raval | Wikimedia Commons
Vista aérea del Raval | Wikimedia Commons

Durante muchos años, al final del franquismo e inicios de la democracia, era un lugar común sostener que en el Raval -entonces distrito V- había una densidad de población más elevada que en Calcuta. Veníamos de unas décadas en que el porciolismo se había dedicado a aumentar la edificabilidad del Eixample y a generalizar las remontas y las nuevas construcciones de nueve pisos, con ático y sobreático, para que desde la calle no se notara tanto. Planta y nueve pisos fue el nuevo estándar de la ciudad, aunque hubo casos puntuales en que se superaron estas alturas, como en las nuevas edificaciones de la Meridiana. 

El Plan General Metropolitano (PGM) de 1976 puso freno a este aumento de densificación, sobre todo en calles estrechas de las tramas urbanas de los antiguos municipios del plan de Barcelona. Sin embargo, durante años aún se construyeron grandes moles de edificaciones que se acogían al hecho de que habían obtenido licencia antes de la aprobación del PGM. Con estos antecedentes de la historia más cercana, hablar de densificación provoca, al menos de entrada, cierta angustia.

 

La densificación amable europea

Cabe decir que dentro del debate europeo sobre cómo abordar la generalizada crisis de la vivienda, la iniciativa de aumentar la densidad de las zonas urbanas ya existentes no es nueva. El líder laborista Keir Starmer ya incluyó la gentle densification (densificación amable, podríamos decir) en el programa electoral con el que ganó las últimas elecciones británicas. La densificación de Starmer consistiría en incrementar la edificabilidad pasando de dos o tres pisos hasta cinco o seis en zonas de casas adosadas -tan comunes en Inglaterra-, antiguas instalaciones industriales en desuso, casas de pueblo y permitiendo la partición en dos zonas independientes de casas unifamiliares aisladas. No tenemos noticia de que Starmer haya avanzado mucho en este sentido, porque se trata de procesos complejos, a menudo de pequeñas dimensiones, y el premier laborista parece que tiene retos sociales y políticos más urgentes. Pero, en cualquier caso, se trata de una medida de gobierno formalmente validada.

El estudio 'La población metropolitana, 2011-2041' constata que en los últimos quince años el saldo migratorio de la ciudad de Barcelona ha sido negativo

A pesar de la reticencia inicial que este tema de la densificación provoca, la problemática de la vivienda es bastante grave y la necesidad de oferta nueva bastante evidente para que no podamos desechar la propuesta socialista sin analizarla con cierto detenimiento. 

Un tercio de los barceloneses que se van al área metropolitana buscan espacios menos densos

Empecemos por este propósito de recuperar los 1,9 millones de habitantes en la capital que se alcanzaron en 1979, coincidiendo con la elección de los primeros ayuntamientos democráticos. Desde entonces, la cifra fue bajando con un mínimo en el año 2000, con poco menos de 1,5 millones. Desde entonces ha habido una recuperación continuada que coincide con las grandes oleadas migratorias del siglo XXI y que hace que la ciudad en 2025 alcance 1,73 millones de habitantes.

Durante este período de recuperación demográfica, los nacidos en el extranjero se han multiplicado por siete, hasta llegar al 35,4% de la población total. Un aumento que no queda compensado, sin embargo, por el descenso de los nacidos en el resto del estado, que pasan del 20 al 12%. Por lo tanto, la primera pregunta que debemos hacernos es ¿más vivienda para quién?

Un estudio reciente del Área Metropolitana de Barcelona (La población metropolitana, 2011-2041) constata que en los últimos quince años el saldo migratorio de la ciudad de Barcelona ha sido negativo, con la totalidad de los 35 municipios restantes del AMB. Incluso con Badia del Vallès, prácticamente el único municipio metropolitano que ha perdido población en términos absolutos. Barcelona experimenta un saldo negativo con los municipios del AMB de más de 50.000 habitantes durante estos tres lustros. Aproximadamente un 30% del saldo migratorio de Barcelona en el entorno metropolitano se dirige a municipios caracterizados por desarrollos urbanísticos de media o baja densidad, lo cual pone en evidencia que, aunque una parte mayoritaria de la población se marcha buscando precios de la vivienda más económicos, otra parte significativa lo hace para mejorar la relación calidad-precio, asociada a densidades más reducidas y a quien seguramente no convencerá de quedarse la propuesta de una ciudad más densa. 

Menos habitantes, pero más congestión

Balcones con ropa tendida en una calle de Barcelona | Jordi Borràs (ACN)
Balcones con ropa tendida en una calle de Barcelona | Jordi Borràs (ACN)

Pero es que, a diferencia del año 1979 y los 1,9 millones de habitantes, en 2025 Barcelona recibió dieciséis millones de turistas, con una carga media diaria, según Barcelona Turisme, de 160.000 personas. En el año 2000 solo llegaron una cuarta parte de los turistas actuales y en 1979 eran casi inexistentes. Teniendo en cuenta, además, que aunque no tan acusados como en destinos no urbanos, hay también períodos punta y los turistas se caracterizan por un uso intensivo de la ciudad -sobre todo del transporte público y de espacios centrales y puntos de interés muy específicos- el nivel de congestión adicional que genera solo el turismo equivale al menos a alcanzar una ciudad de 1,9 millones de habitantes hoy mismo.

En 2025 Barcelona recibió dieciséis millones de turistas, con una carga media diaria, según Barcelona Turisme, de 160.000 personas

Pero no son solo los turistas los que densifican la ocupación y el uso de la ciudad. En este período, la ciudad de Barcelona ha polarizado gran parte del crecimiento de los puestos de trabajo -personas que cotizan a la Seguridad Social-, que en 2024 llegan a 1,21 millones de personas. Entre el año 2000 y el 2024, la ciudad de Barcelona ha aumentado un 20% el número de puestos de trabajo, lo cual también refuerza el aumento de la utilización de la ciudad.

Sin embargo, el número de residentes que hoy trabajan es de 751.000. Es decir, cada día hay medio millón neto de no residentes que entran en la ciudad a trabajar, quizás algunos menos si se tiene en cuenta el teletrabajo. A todos estos desplazamientos aún deberíamos añadir los derivados de los estudios y de la movilidad no ocupacional (compras, ocio, servicios) que aumentan en un 150% los viajes por trabajo.

En todo caso, cabe remarcar que todo ello cuestiona la idea de que la densidad funcional de una ciudad como Barcelona se pueda medir exclusivamente en términos de población. Barcelona está mucho más utilizada a estas alturas que el año 2000. Añadir población residente todavía aumentaría mucho más la congestión y la pérdida de calidad de vida que se deriva de ello.

Un área metropolitana más densa que Madrid capital

Según el estudio que mencionábamos más arriba, diez de los municipios del área metropolitana ya tienen más del 20% de población nacida en el extranjero.

El saldo de barceloninos que se instalan en el resto del área metropolitana solo explica poco más del 30% del crecimiento poblacional. Teniendo en cuenta que el crecimiento natural -nacimientos menos defunciones- es negativo, el aumento de más de 150.000 personas entre el 2011 y el 2025 en los municipios metropolitanos -excluida Barcelona- también se explica mayoritariamente por la inmigración extranjera. Cabe decir que si en el año 2000, la proporción de puestos de trabajo era de 60-40 a favor de Barcelona, ahora estas proporciones se han igualado. En este contexto, ¿qué margen tienen los municipios metropolitanos para el crecimiento poblacional?

Para hacernos una idea, el AMB dispone de 636 km2 de superficie, si bien casi una cuarta parte corresponde a zonas agroforestales y de montaña. Solo Collserola ya tiene 111 km2. La ciudad de Madrid tiene 604 km2 de terreno casi exclusivamente plano. La población del conjunto del AMB es de 3,45 millones de habitantes y la de la ciudad de Madrid, de 3,53 millones. Por  tanto, no parece que haya mucho margen para densificar el AMB, aunque los autores del estudio mencionado hablan de que en 2041 la población del AMB puede aumentar entre 100.000 y 260.000 personas más. Es una estimación conservadora, sobre todo si asumimos, como lo hace acríticamente el mismo presidente Illa - que nos encaminamos hacia los diez millones de habitantes -1,85 millones más que ahora- en el horizonte de 2050. 

La Región Metropolitana como reserva de espacio 

Si la escala del área metropolitana parece que no puede dar mucho más de sí como acogedora de residentes y de nueva oferta de vivienda, nos queda la región metropolitana, a la cual seguro que hay que añadir las comarcas de la veguería del Penedès y otras como la Osona y la Anoia. Dejaremos para otra ocasión analizar en profundidad la problemática y las posibilidades de estas comarcas. Solo hay que añadir, como declaraba la misma Bohigas, que ahora mismo, con el desastre de Rodalies, parece un poco inverosímil hablar de convertir el resto de la Región y las comarcas mencionadas en una alternativa habitacional para quienes trabajan en el núcleo metropolitano. Ni ahora ni en los próximos diez años, aunque todo fuera muy bien en Rodalies.

¿Se puede aplicar la gentle densificaction aquí?

En el caso de la ciudad de Barcelona, todo hace pensar que el margen físico y sobre todo la funcionalidad de la ciudad no hace muy posible, ni mucho menos deseable, aumentar las densidades residenciales. A no ser que no queramos convertir Barcelona en un nuevo Hong Kong, que según Buhigas no es su propósito. 

En el resto del territorio del área metropolitana, se pueden explorar actuaciones puntuales y de reducidas dimensiones. A pesar del convencimiento de Illa de que el planeamiento ya está aprobado y de que todo se podría tramitar más deprisa, toda actuación de remodelación -a menudo asociada inevitablemente a la rehabilitación- es lenta y compleja, mucho más intensiva en mano de obra, con muchas más distorsiones en la vida ciudadana si mayoritariamente se produce en núcleos habitados. Y los promotores -y más en una época en que la financiación se concede mucho más escasamente y que con la crisis de Irán podría encarecerse de forma significativa-, lo que les va bien son obras de un mínimo de dimensiones por economías de escala y rápida materialización si tienen que recurrir a la financiación bancaria. Todo lo que propone el presidente es mucho más complejo y laborioso para ser muy atractivo y viable para los promotores privados.

Se puede estudiar la flexibilización de alguna normativa, como la de convertir una vivienda unifamiliar en dos pisos diferentes, en el contexto del cambio generacional de los propietarios, pero son soluciones necesariamente puntuales y de poco alcance cuantitativo. Se podría pasar de edificios nuevos de planta y cuatro pisos a planta y cinco, como hicieron en Sant Cugat, con la vana esperanza de que disminuirían los precios en vez de aumentar los márgenes de los promotores. 

En el caso de la ciudad de Barcelona, todo hace pensar que el margen físico y sobre todo la funcionalidad de la ciudad no hace muy posible, ni mucho menos deseable, aumentar las densidades residenciales

Quizás lo que tiene más posibilidades es el de ir reconvirtiendo suelo e instalaciones industriales obsoletas en vivienda. Todo el mundo se lanzó a promover suelo industrial en los años ochenta y noventa y mucho ha quedado solo parcialmente ocupado. La mayoría de industrias ya no generan tantas incompatibilidades con los usos residenciales como hace unas décadas, y esta podría ser una vía de cierta relevancia. Ahora, hacer pisos encima de bibliotecas, teatros o centros de asistencia sanitaria como decía Illa, es meterse en un avispero con rendimientos marginales.

Finalmente, y volviendo a las zonas industriales, una gran reivindicación estos últimos años ha sido la de disponer de transporte colectivo para que los trabajadores no se vean obligados a usar el coche. Esto solo es una muestra de cómo es imposible crear mucha nueva vivienda si en paralelo no se construyen los equipamientos públicos y no se dota de transporte colectivo las áreas de nueva generación o las que significativamente pudieran llegar a densificarse. 

Como ya hemos dicho algunas veces, el problema real no es construir viviendas, sino crear ciudad. Y eso es mucho más complejo y caro, y no debe extrañar que por estas y otras razones de cohesión social, muchos municipios descarten cualquier crecimiento significativo de su oferta residencial. Esta última es otra barrera para que ningún proceso de densificación llegue a ser lo suficientemente amable para que ayuntamientos y residentes acepten asumirlo.