Hablar de juegos de mesa hoy en día puede parecer hacer referencia a un pasatiempo de épocas pretéritas, pero nada más lejos de la realidad, porque estos tipos de juegos constituyen un mercado que no solo mueve grandes cantidades de dinero en todo el mundo, sino que además en los últimos años está experimentando un gran crecimiento. La implantación masiva de las pantallas en nuestras vidas a lo largo de las últimas dos décadas ha sustituido a algunos de los hábitos arraigados desde siempre, como por ejemplo el de leer el diario en papel. Pero la realidad también nos indica que los bits no han conseguido vencer en todos los campos, y ámbitos como la lectura de libros demuestran que el papel aún tiene mucha vida por delante.
Como decíamos, otro caso claro de resistencia son los juegos de sobremesa, que, más allá de salir indemnes del tsunami electrónico, no han dejado de progresar desde hace años. A juzgar por el retroceso de las pantallas en ámbitos como el educativo, existen motivos para pensar que este tipo de juegos aún tienen mucho campo por correr ante el cada vez más evidente empacho de pantallas. De la misma manera que no es lo mismo mantener una reunión profesional cara a cara que hacerla a través de videoconferencia, tampoco tiene nada que ver jugar alrededor de una mesa que hacerlo delante de un monitor con los compañeros de juego al otro lado de la fibra óptica. Afortunadamente, el comportamiento humano no es nada fácil de predecir y los libros en formato físico tienen más salud que nunca, mientras que los e-books muestran unas cifras de ventas muy inferiores a las de sus abuelos de celulosa.
Antes del Catan se publicaban unos 200 juegos anualmente, mientras que después de su aparición esta cifra se ha incrementado hasta llegar a las 4.000 novedades, veinte veces más
Centrémonos en lo que nos ocupa, que es la realidad presente de los juegos de mesa. El punto de inflexión en el mercado de este tipo de entretenimiento se produjo en la temporada 1994/95, momento en que se publicó Catan, un juego que provocó un terremoto sectorial. Su aparición inició un boom y desde entonces el mundo de los juegos no deja de crecer con un gran vigor. Para hacernos una idea, antes del Catan se publicaban unos 200 juegos anualmente, mientras que después de su aparición esta cifra se ha ido incrementando de manera continuada hasta llegar a las 4.000 novedades, veinte veces más.
Eso sí, de todo este volumen de juegos de nueva hornada, los que llegan a consolidarse internacionalmente son aproximadamente el 5%. Como sucede en muchos otros mercados, la primera potencia en creación de productos son los Estados Unidos, que fácilmente puede proporcionar el 30% de las novedades de todo el mundo. Pero no muy lejos están los dos grandes motores europeos, Alemania y Francia con el 25% del mercado cada uno. Esto en un sector que supera los 13.000 millones de dólares de facturación y que crece a ritmos anuales alrededor del 10%.
En Cataluña tenemos una de las empresas que más ruido está haciendo en el mercado: Devir, con sede en Barcelona, pero nacida en Brasil. El negocio tiene ocho socios, dos de los cuales son catalanes y, precisamente, fue uno de ellos, Joaquim Dorca Bis, quien en el año 2000 inició la rama catalana de una empresa que se había montado poco antes en Brasil. El proyecto inicial de Dorca consistía en distribuir cartas coleccionables, pero muy pronto pivotó para centrarse en los juegos de mesa. Los iniciadores de todo ello habían sido unos informáticos brasileños que estaban hartos de su trabajo y que hicieron un cambio osado: dejaron la multinacional donde trabajaban para crear una pequeña empresa que importaría cómics desde los Estados Unidos, aquello que era su verdadera pasión.
Los contactos iniciales con Dorca y con otro de los socios iniciadores de la filial catalana, Xavier Garriga, sirvieron para modificar el rumbo de la empresa y enfocarla a los juegos de mesa a través de licencias de terceros. Sin abandonar la distribución de cartas (que ahora mismo representa un 80% del negocio) se enfocaron también en la tarea de encontrar juegos interesantes que salieran al mercado para conseguir la licencia y traducirlos al castellano, al catalán y al portugués (el objetivo era distribuirlos por toda la península). Uno de estos juegos fue el Catan -éxito asegurado- y otro fue el Carcassone -no tan conocido, pero también muy exitoso- y hoy ambos todavía suponen un 30% de los ingresos totales de la compañía.
Con la estructura consolidada, decidieron dar un paso más y empezar a producir juegos propios, lo cual ha permitido que en la actualidad un 20% de la facturación por juegos de mesa proceda de creaciones de Devir. Este 2026 también han abierto una línea de distribución de cómic, un terreno que ya habían pisado en los comienzos de la empresa, pero que cerraron en 2008. El objetivo es que llegue a suponer un 10% de los ingresos totales. El 24% del negocio lo tienen en el Estado y el resto repartido entre México, Estados Unidos, Brasil y Portugal. También venden a otros países de Iberoamérica, pero a mucha distancia de los mencionados. En 2025 superaron los veinte millones de euros de facturación solo en el Estado, mientras que en el global del grupo alcanzan los 114 millones.
Aunque no es nada extraño que reciba ofertas para vender la compañía, la realidad es que de momento Devir no tiene ninguna intención de hacerlo y la única voluntad es seguir creciendo
Aunque no es nada extraño que reciban ofertas para vender la compañía, la realidad es que de momento no tienen ninguna intención de hacerlo y la única voluntad es seguir creciendo. De hecho, el año pasado Devir adquirió una compañía rival, la andaluza Maldito Games, que le ha aportado diez millones de euros de facturación. Más allá de Devir, la otra gran empresa ubicada en la península es Asmodee, filial de una compañía francesa que, según la última información pública (2021), tiene una facturación por encima de los 25 millones de euros.
No parece una quimera que el mundo de estos tipos de juego cumpla las grandes expectativas que hay depositadas. El empacho de pantallas al que hacíamos referencia unas líneas más arriba debe ser uno de los argumentos que lo permitan.
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