Con el artículo de la semana pasada, primera parte de esta reflexión sobre la fiscalidad del turismo, analizábamos el Informe sobre España de la Comisión Europea, que advertía del coste presupuestario que comporta mantener los tipos reducidos de IVA en el sector turístico. El informe se apoya en un estudio de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), que concluye que estos beneficios fiscales no siempre cumplen una función redistributiva efectiva, ya que tienden a beneficiar en mayor medida los hogares con rentas más altas, especialmente en conceptos de gasto como la restauración y la hostelería.
El tipo reducido del IVA constituye el beneficio fiscal con un impacto en términos de coste de recaudación más elevado de todo el sistema tributario. Según el informe de la AIReF, el IVA reducido representa el 30% del coste total de los beneficios fiscales y el 50% de los trece beneficios que analiza. La dimensión del coste en recaudación de los tipos reducidos es, además, significativamente superior a la del resto de países de la eurozona: el importe que deja de recaudar España consecuencia de la aplicación del tipo reducido y superreducido del IVA equivale a un 2,1% del PIB mientras que la media europea se sitúa en el 1,2% del PIB. En términos cuantitativos, los tipos reducidos del IVA constituyen el beneficio fiscal más copioso de todos, en concreto la pérdida de recaudación (el equivalente al 2,1% del PIB) es una cifra que representa casi una tercera parte de toda la recaudación obtenida a través del IVA (aproximadamente un 6% del PIB).
La justificación para mantener tipos reducidos es diferente según la categoría de bien o servicio afectado. Así, para compensar el carácter regresivo del impuesto, se aplican tipos reducidos a los bienes y servicios de primera necesidad y de carácter social o cultural, como son la alimentación, la sanidad o la vivienda. En cambio, la justificación del tipo reducido aplicable al turismo y a la restauración es principalmente económica y responde a su peso estratégico en la economía española. Por ello, si este carácter estratégico se pone en cuestión, es inevitable que también se reabra el debate sobre la conveniencia de mantener el tratamiento fiscal privilegiado.
Hay un aspecto especialmente interesante en relación con las bebidas alcohólicas. En la práctica totalidad de los países de la eurozona, el alcohol tributa al tipo general de IVA. España e Italia constituyen una excepción, porque cuando las bebidas alcohólicas se venden en establecimientos comerciales se gravan al tipo general, pero cuando se consumen en el sector de la hostelería y restauración se benefician del tipo reducido. España es de los pocos países que no aplica tipos diferenciados por productos en la hostelería en función del producto consumido y mantiene el alcohol a un tipo reducido.
Pero ¿qué hacen el resto de estados con el IVA del turismo? La mayoría tienen también tipos reducidos para la hostelería y la restauración, si bien en los últimos años se han observado movimientos en direcciones opuestas. Alemania, por ejemplo, acaba de rebajar de manera permanente el IVA aplicable a los alimentos consumidos en restaurantes, bares y cafeterías del 19% al 7%, y ha mantenido las bebidas al tipo general. Bélgica, en cambio, ha incrementado desde el 1 de marzo el IVA aplicable a hoteles, restaurantes y actividades de ocio del 6% al 12%. En los Países Bajos, el IVA de los servicios de alojamiento ha pasado del 9% al 21% desde el 1 de enero de 2026. Mientras que Lituania ha incrementado del 9% al 12% el tipo reducido aplicable a los alojamientos, transportes y determinadas actividades culturales y artísticas, Irlanda sigue manteniendo un tipo reducido del 9% en buena parte de los servicios de restauración y hostelería.
La recomendación europea a España no responde a un objetivo de armonización del IVA, sino que se enmarca en una lógica de eficiencia recaudatoria y de equidad distributiva
La recomendación europea a España no responde a un objetivo de armonización del IVA, sino que se enmarca en una lógica de eficiencia recaudatoria y de equidad distributiva. Es decir, las situaciones de los estados miembros son diferentes y, por tanto, la recomendación de subir el IVA se enmarca no en un contexto de armonización de IVA en el ámbito europeo, sino con el objetivo de aumentar la recaudación sin perjudicar a los contribuyentes de rentas salariales más bajas.
Ahora bien, los representantes de los sectores turísticos recuerdan que las experiencias internacionales no siempre avalan este planteamiento. Tanto Portugal como Irlanda aplicaron después de la crisis financiera de 2008 políticas de incremento del IVA en la restauración y la hostelería, siguiendo recomendaciones similares. En el caso portugués, el tipo aplicable a la restauración llegó al 23%, pero antes de dos años lo redujo al 13% ante los efectos que la medida tenía sobre el consumo. Irlanda también acabó rectificando y recuperó el tipo del 6% después de subirlo al 13,5%.
El ataque directo al IVA reducido de la hostelería conecta directamente con uno de los temas que también abordó el Dr. Oliver en su conferencia, el cambio de orientación estratégica que vive la Unión Europea (UE) hacia la mejora en la competitividad. En septiembre de 2024, Mario Draghi presentó el informe The Future of European Competitiveness, llamado Informe Draghi. Este documento es probablemente el documento económico más influyente que ha producido la UE en los últimos años, y la tesis central es que Europa está perdiendo competitividad respecto a Estados Unidos y China, y si no actúa decididamente entrará en una etapa de declive económico progresivo.
En este contexto, el Dr. Oliver explicó cómo Catalunya se ha convertido progresivamente en una economía de servicios, con una pérdida continuada del peso de la industria en el empleo que ha cedido más de veinte puntos porcentuales desde mediados de los años ochenta. La idea de fondo coincide con el diagnóstico de Draghi: hay que apostar por la industria, promover sectores tecnológicos avanzados y dar el salto de actividades con contenido tecnológico medio o bajo hacia la tecnología avanzada de alto valor añadido.
Catalunya, a pesar de todo, sigue siendo hoy un país más industrializado que Francia o que los Países Bajos
Es un hecho que en las últimas décadas la economía catalana ha crecido más rápidamente que las de su entorno. Pero este crecimiento acompañado de un aumento sostenido de la población, ha hecho que el PIB per cápita haya crecido muy lentamente. En todo caso, el mismo Informe Fénix matiza el diagnóstico cuando destaca que si bien hay una pérdida de peso relativo de la industria, también en el PIB, esta tendencia no es excepcional en el contexto de las economías industrializadas del entorno. De hecho, el Informe subraya que Catalunya, a pesar de todo, sigue siendo hoy un país más industrializado que Francia o que los Países Bajos.
No pretendo analizar el Informe Fénix en detalle, ni entrar en las implicaciones del concepto, tan discutido, del turismo como “sector altamente subvencionado”, una cuestión que ya ha sido objeto de un intenso debate entre sus autores, patronales turísticas y numerosos economistas de prestigio. Me limitaré a decir que, a mi parecer, la principal virtud del informe es haber conseguido situar en el centro de la discusión el debate sobre el modelo económico que queremos para el futuro de Catalunya, y eso ya es un éxito. Y este, es exactamente el mismo debate que Europa tiene abierto en este momento, tal como tuvimos ocasión de debatir en profundidad hace unos días en la IV Trobada de Dones Economistes celebrada en Vila-seca, donde también había una representación destacada de mujeres del sector turístico. Entre las ponentes intervino Choni Fernández, COO & CSO de PortAventura World, que aportó su visión sobre los retos de competitividad, sostenibilidad y transformación que afronta actualmente el sector.
Si tuviera que formular una petición a los autores del informe Fénix, sería precisamente en este sentido: incorporen mujeres a los equipos de trabajo e integren la perspectiva de género en el análisis económico. No solo por una cuestión de representatividad formal, sino porque condiciona de manera significativa los resultados. El informe sostiene con un análisis riguroso que los salarios bajos en algunos sectores ponen en riesgo la sostenibilidad del estado del bienestar porque generan más receptores netos que contribuyentes netos (sobre todo receptoras). Y, como ocurre a menudo, no se tiene en cuenta el trabajo de cuidados no remunerado que mayoritariamente realizan las mujeres, especialmente aquellas con rentas más bajas.
Si las mujeres no asumieran ninguna carga de trabajos de cuidado adicional, el coste de los servicios públicos necesarios se dispararía y podría hacer insostenible el sistema
El estado de bienestar español es parcialmente sostenible porque externaliza una parte de su coste en forma de trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Si las mujeres no asumieran ninguna carga de trabajos de cuidado adicional, el coste de los servicios públicos necesarios se dispararía y podría hacer insostenible el sistema. Cualquier análisis que pretenda medir la contribución efectiva de las personas al bienestar colectivo debería incorporar también el valor económico del trabajo de cuidados no remunerado que asumen mayoritariamente las mujeres.
Si algo he aprendido de mi hermana es que los tabúes sobreviven porque nadie se atreve a cuestionarlos. Ojalá en el siguiente Congreso de los Economistas toque abrir nuevos debates, porque estoy convencida de que a los economistas todavía nos quedan unos cuantos tabúes por romper.
Este artículo es la segunda parte de un especial de dos entregas de Rosaura Jiménez sobre la fiscalidad del turismo.