Me parece haber escrito aquí que el efecto Trump, como todos los otros populismos de derechas y de izquierdas que están apareciendo, no son otra cosa que la representación de un cambio de época, de paradigma. No hay un Trump líder y otros políticos mundiales que lo siguen. Si no hubiera aparecido Trump en América, habría aparecido alguien otro, similar. En Europa y en Rusia, también. Y es que el mundo cierra un capítulo: el fin de la Segunda Guerra Mundial. Y todo tiene que cambiar -esperemos que para mejor-. De momento estamos en transición y, como siempre en estos casos, vamos despistados. Uno no puede ver con perspectiva una situación cualquiera -y, por lo tanto, aplicarle alguna solución plausible- cuando está inmerso totalmente en el problema. Hay que tomar distancias, o dejar pasar el tiempo.
Una de las distancias a tomar siempre es intentar conocer la realidad. Y en el caso de Venezuela es saber ver que la distancia que hay entre lo que Trump dice y la realidad que tendrá lugar es enorme y nada tiene que ver con lo que Trump dice. Un hombre errático y, por tanto, imprevisible. Este es el difícil elemento con el que tienen que jugar los líderes europeos. Trump dice una cosa y después no la hace. O bien no dice una cosa y, de repente, va y la lleva a cabo. El gran problema no es tener un populismo de derechas, o de izquierdas, en el poder -en España, en la medida de lo que somos, lo sufrimos, también-; el verdadero problema del populismo en el poder es la incertidumbre en la que se vive permanentemente. Incertidumbre política y legal.
En el caso de Trump estamos, además, ante un narcisista. Un showman que no sabe vivir sin la aclamación y los aplausos del público -por eso fue, y será, un problema enviarlo a casa el día que el electorado americano se harte de él-. No puede vivir sin el glamour de la farándula.
Con Venezuela estamos inmersos en este show. Concretamente con el tema del petróleo. Miremos.
Un dato para empezar. Venezuela tiene un PIB de unos 120.000 millones de dólares. Esto en la más optimista de los datos, pues las dictaduras tienen el problema de generar unas estadísticas falsas. La realidad es que China le dio 60.000 millones en préstamos blandos a cambio de petróleo barato. La cuestión, ahora, es que si el petróleo que vendía Venezuela a China se detiene o cambia de precio, la cosa se pondrá peluda. En cualquier caso, el préstamo a devolver será responsabilidad de los que gobiernen a partir de ahora. ¡La mitad del PIB, como mínimo!
Chevron es la única empresa que ha mostrado alegría ante la posibilidad de poder extraer petróleo de Venezuela en cantidad ilimitada
Hasta hoy, solo había una empresa americana extrayendo petróleo en Venezuela: Chevron. Tenía una autorización especial del gobierno norteamericano para hacerlo y no estar sometida al embargo dictado para las empresas americanas. Es la única empresa que ha demostrado alegría ante la posibilidad de poder extraer petróleo de Venezuela en cantidad ilimitada.
La razón es sencilla: no tiene que hacer casi nada adicional a lo que hacía. Por el contrario, las acciones en bolsa del resto de petroleras no variaron a raíz de la noticia del raid americano sobre Venezuela. La razón es, también, sencilla. Empezar a extraer petróleo en Venezuela es una tarea ingente.
A largo plazo harán falta años y sumas colosales de dinero para devolver la producción venezolana a su nivel máximo. La producción se ha desmoronado literalmente durante las dos últimas décadas. Venezuela extraía más de tres millones de barriles al día de su subsuelo a principios de los años 2000. Hoy, apenas produce 900.000, menos del 1% del suministro mundial. Incluso, si se hiciera una transición ordenada, Venezuela podría, en un plazo de tres a cinco años, producir aproximadamente 500.000 barriles adicionales al día.
Harían falta entre 60.000 y 70.000 millones de dólares para que Venezuela volviera a los más de dos millones de barriles al día
Después se entraría en unos costes marginales enormes (económicos, pero también técnicos y logísticos) para cualquier aumento adicional de extracción. Muchos están trabajando para intentar cuantificar el coste de modernizar la industria, y harían falta entre 60.000 y 70.000 millones de dólares para volver a más de dos millones de barriles al día. Alrededor de 10.000 millones de dólares anuales durante diez años -cifras del Instituto Baker, de la Universidad Rice de Houston (especialistas en el tema), y de los analistas del banco de inversiones Jefferies-.
Las estimaciones pueden parecer sorprendentes, pero no lo son si consideramos lo que cuesta arrancar un negocio -simplemente un tema sin complejidad como construir un edificio, por ejemplo-. Estas estimaciones reflejan el alcance del trabajo necesario para reparar infraestructuras completamente deterioradas. Las plataformas han sido abandonadas, los sitios de perforación saqueados y muchos de sus equipos vendidos por piezas en el mercado negro. Bloomberg informa que las instalaciones portuarias venezolanas están tan deterioradas que se tardan hasta cinco días en cargar los buques petroleros que ahora envían el petróleo a China, el principal cliente del crudo venezolano. Este tipo de operación solo tardaba un día hace siete años. El país, Venezuela, ha sido saqueado por los gobernantes y el pueblo. Todo lleva años de desgobierno y anarquía.
Adicionalmente, la necesidad de invertir no encaja demasiado con la situación actual de los mercados del petróleo. La oferta es significativamente excesiva y los precios se mueven cerca de sus niveles más bajos en cinco años. Este entorno está afectando la rentabilidad de las compañías petroleras, varias de las cuales ya han anunciado planes de reducción de costos. Para agravar la cosa, el petróleo venezolano parece caro de producir. Si bien Venezuela posee las reservas más grandes de petróleo del mundo, sus crudos son muy pesados, ricos en azufre y metales. Su extracción requiere procesos complejos y energéticamente intensivos. Su alta intensidad de carbono fue, de hecho, el argumento invocado por otras petroleras no americanas cuando abandonaron el país en 2021 -por ejemplo, Total Energies-.
En conclusión, la propaganda Trump choca, una vez más, con la realidad. Hay una buena dosis de propaganda en cualquiera de sus comunicados. Lo necesita. En noviembre hay elecciones en los Estados Unidos. Importantísimas: se renueva la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. Y un showman que vive del espectáculo, necesita la publicidad -ni que sea falsa- como el agua de lluvia.