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El sector agroalimentario catalán: el plan ante los retos de sostenibilidad de presente y futuro

El sector agroalimentario catalán es un pilar estratégico de la economía, pero su viabilidad futura dependerá de su capacidad para adaptarse a los cambios

Un payés sostiene dos tomates con la mano | iStock
Un payés sostiene dos tomates con la mano | iStock
Alba Reguant | VIA Empresa
Coordinadora de Osona Biocircular
Ricard Carreras | VIA Empresa
Veterinario y doctor en Producción Animal
11 de Junio de 2026 - 04:55

El sector agroalimentario catalán es uno de los pilares fundamentales de la economía del país, tanto por su peso en el PIB como por su capacidad de generar empleo, especialmente en zonas rurales donde la lucha contra la despoblación constituye uno de los principales retos demográficos. Más allá de su valor económico, se trata de un sector estratégico para la seguridad y la soberanía alimentaria, ya que reduce la dependencia de importaciones y garantiza el acceso a alimentos de proximidad.

 

Como alerta el reciente informe de IPES-Food, nos encontramos ante una "nueva geopolítica de la comida", donde la ruptura de las cadenas de suministro globales y la inestabilidad de los mercados industriales hacen que la apuesta por la soberanía sea un imperativo para la autorresiliencia del territorio. Paralelamente, el sector juega un papel clave en la prestación de servicios ecosistémicos esenciales: la agricultura y la ganadería extensiva contribuyen a la configuración del mosaico paisajístico y a la gestión del sotobosque, favoreciendo la prevención de incendios forestales, una de las amenazas más críticas para los territorios rurales de Catalunya.

Es precisamente para contribuir a garantizar que este sector estratégico continúe siendo competitivo, resiliente y alineado con los retos de futuro que este artículo analiza de manera detallada las principales oportunidades y desafíos ambientales y de sostenibilidad a los que se enfrenta. A menudo, estos elementos se analizan de forma fragmentada o por compartimentos estancos; sin embargo, siguiendo el llamamiento de organismos internacionales a repensar la gobernanza alimentaria ante los choques sistémicos, es imperativo adoptar una visión global e integrada. Esta mirada debe permitir identificar sinergias y potenciar la circularidad en toda la cadena de valor, garantizando así una transformación realmente eficaz.

 

Un trabajador vierte la cosecha dentro de un tractor en Rabós | Gerard Vilà / ACN

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Esta visión de conjunto se hace más necesaria que nunca si consideramos que, paralelamente a sus beneficios, la actividad del sector también puede generar una serie de externalidades negativas que pueden comprometer su sostenibilidad a largo plazo. Ante estos retos, y en un mundo donde la comida se utiliza cada vez más como una herramienta de presión política, es imprescindible avanzar hacia modelos de producción más sostenibles que minimicen los impactos. Es necesario asegurar el equilibrio entre productividad, resiliencia climática y conservación de los recursos naturales para construir un sistema capaz de soportar futuras crisis externas sin colapsar.

Los tres grandes ejes del desafío ambiental del sector agroalimentario

Estos desafíos crecientes se pueden clasificar en tres grandes categorías estratégicas que marcarán la agenda del sector en los próximos años:

  1. Retos relacionados con la mitigación del cambio climático. Incluyen la reducción imperativa de emisiones de gases de efecto invernadero (como el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso) mediante una mejor gestión de la alimentación animal y de las deyecciones ganaderas, el incremento de la bioeconomía circular, la implementación de prácticas agronómicas sostenibles y la sustitución de los combustibles fósiles por fuentes de energía renovable.
  2. Retos vinculados a la resiliencia y adaptación al cambio climático. En un contexto de escasez hídrica, es necesario mejorar la eficiencia del uso del agua a través de tecnologías de riego de precisión y digitalización, incrementar la materia orgánica de los suelos para mejorar su capacidad de retención de humedad y desarrollar cultivos más resistentes a temperaturas extremas y a la sequía.
  3. Retos que afectan a los ecosistemas y la biodiversidad. Con implicaciones directas en la salud ambiental y humana (concepto One Health). Esto incluye, entre otros, mejorar la gestión de la fertilización para reducir la contaminación por nitratos de los acuíferos, fomentar el uso de productos biológicos para el control de plagas y reducir las emisiones de amoníaco derivadas de la ganadería intensiva que afectan a la calidad del aire.

Para comprender mejor la realidad de cada ámbito, a continuación se exponen de manera individualizada los principales retos y oportunidades de la agricultura, la ganadería y el sector agroalimentario.

Retos y oportunidades de la agricultura 

La agricultura catalana destaca por su gran diversidad, desde cultivos extensivos de secano y regadío hasta cultivos leñosos como la fruta, la viña y el olivo.

En cuanto a la mitigación, el principal desafío es reducir el uso de fertilizantes nitrogenados derivados del gas natural, sustituyéndolos por biofertilizantes de origen orgánico y circular. También es clave eliminar la dependencia de fuentes de energía fósil en la maquinaria e instalaciones, apostando por la electrificación y la energía solar o eólica.

Es vital implementar sistemas de riego de precisión con la ayuda de sensores e inteligencia artificial para optimizar cada gota de agua

En cuanto a la resiliencia, incrementar la salud de los suelos y su materia orgánica debe permitir una mejor adaptación de los cultivos a las altas temperaturas y a la escasez hídrica. Esta mejora de la calidad del suelo se asocia a un aumento de la captura de carbono, y proporciona un servicio ecosistémico que puede convertirse en una nueva vía de rendimiento económico para el sector. Asimismo, es vital implementar sistemas de riego de precisión con la ayuda de sensores e inteligencia artificial para optimizar cada gota de agua.

Finalmente, para la conservación de los ecosistemas, es imprescindible reducir significativamente el uso de plaguicidas, herbicidas y fertilizantes sintéticos que pueden alterar los equilibrios ecológicos. Es necesario fomentar la investigación y el uso de bioplaguicidas y bioestimulantes como alternativas más compatibles con la biodiversidad.

Retos y oportunidades de la ganadería

La ganadería, con un peso predominante de la producción intensiva (porcina, avícola y vacuna), afronta retos singulares en materia climática.

En el ámbito de la mitigación, una de las principales fuentes de emisiones proviene de la fermentación entérica de los rumiantes, especialmente de las vacas, donde el proceso digestivo genera metano, un gas con un potente efecto invernadero. Para reducirlo, se trabaja en aditivos alimentarios que actúan sobre la microbiota del rumen y en la mejora genética. También es necesario gestionar mejor las deyecciones ganaderas (purines y estiércol) implementando estrategias de alimentación multifase y de precisión, mejorando las técnicas de almacenamiento y los sistemas de aplicación en el campo mediante inyección para reducir la emisión de gases.

Es necesario mitigar el impacto de la fabricación de piensos (a menudo ligada a la deforestación por la soja importada) promoviendo la producción local de proteína vegetal o alternativas como los insectos

La digestión anaerobia se presenta como una tecnología clave en infraestructuras centralizadas: permite tratar estos residuos para reducir emisiones a la vez que se genera biogás (energía renovable), impulsando así biorrefinerías, bioindustrias e, incluso, biopolígonos. Además, es necesario mitigar el impacto de la fabricación de piensos (a menudo ligada a la deforestación por la soja importada) promoviendo la producción local de proteína vegetal o alternativas como los insectos.

En cuanto a la adaptación, el gran reto es el uso eficiente del agua de bebida y de limpieza, así como la mejora de los sistemas de refrigeración de las naves para garantizar el bienestar animal ante las olas de calor, utilizando energías renovables.

En cuanto al impacto sobre los ecosistemas, el reto es garantizar una gestión adecuada de las deyecciones para evitar la contaminación de los acuíferos por nitratos. Hay que aplicarlas en la cantidad y momento óptimos, y en zonas con exceso, tratarlas para exportar los nutrientes a zonas con demanda. Al mismo tiempo, hay que seguir reduciendo el uso de antibióticos y fomentar la ganadería extensiva por su servicio vital en la prevención de incendios forestales gracias al pastoreo.

Retos y oportunidades de la industria alimentaria

La industria, donde el sector cárnico lidera con diferencia, se enfrenta también a la necesidad de descarbonizarse.

En mitigación, la prioridad es sustituir combustibles fósiles por energías renovables en los procesos industriales. Más allá de la energía fotovoltaica, clave en esta transición energética, la producción de biometano a partir de los mismos residuos orgánicos de la industria puede convertirse en una alternativa viable al gas natural y contribuir al fomento de la bioeconomía circular.

Un trabajador vierte la cosecha dentro de un tractor en Rabós | Gerard Vilà / ACN

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En adaptación, el gran reto es la reducción drástica del consumo de agua. Hay que aplicar estrategias de gestión precisa y, sobre todo, la recuperación y reutilización de agua regenerada para cerrar el ciclo hídrico dentro de la misma industria. 

Finalmente, en cuanto al impacto sobre los ecosistemas, una mejor valorización de los residuos orgánicos permitirá reducir el desperdicio alimentario y transformar subproductos en nuevos recursos de valor.

Conclusiones: barreras y oportunidades estratégicas de futuro

El sector agroalimentario catalán es un pilar estratégico de la economía y del territorio, pero su viabilidad futura dependerá de su capacidad para adaptarse a los efectos del cambio climático, incrementar la sostenibilidad de sus procesos y garantizar su competitividad en un contexto de transformación constante. Esta necesidad de transformación no es solo una pulsión local, sino un mandato global. Como afirma Janusz Wojciechowski, comisario europeo de Agricultura: “La agricultura del futuro debe ser smart y sostenible. No se trata de producir menos, sino de producir de manera diferente: protegiendo la biodiversidad y asegurando que los agricultores sean los guardianes de nuestro entorno natural.”

Para afrontar estos desafíos y alinearse con la visión europea, que nos recuerda que el camino hacia la resiliencia pasa por la innovación y la circularidad, es imprescindible impulsar con carácter prioritario la digitalización y la innovación tecnológica. Es necesario asegurar que la investigación de los centros universitarios se transfiera de forma efectiva al tejido productivo y se apliquen las innovaciones desarrolladas. Paralelamente, la bioeconomía circular representa una gran oportunidad para el sector, transformando residuos orgánicos en nuevos recursos de valor, reduciendo emisiones y abriendo las puertas a nuevos modelos de negocio basados en la sostenibilidad.

La bioeconomía busca generar valor econòmic a partir de recursos biològics renovables | iStock
La bioeconomía busca generar valor económico a partir de recursos biológicos renovables | iStock

Sin embargo, la transformación se ve limitada por barreras como la competencia en un mercado globalizado con menores exigencias ambientales y los obstáculos legales que dificultan la implementación de soluciones como la valorización energética de residuos. Superarlo requiere una acción coordinada entre la administración, el sector privado y la academia para crear un ecosistema de innovación sólido. En este contexto, se hace evidente que se necesitan políticas firmes que defiendan este progreso hacia un modelo de sostenibilidad integral, facilitando la adaptación normativa y la creación de incentivos que premien el esfuerzo hacia prácticas más sostenibles.

Precisamente, iniciativas territoriales como Osona Biocircular se convierten en el mejor ejemplo del modelo a seguir. Son la prueba tangible de que, cuando la visión global de las instituciones internacionales se aplica con coherencia en el territorio, se generan soluciones reales que lideran la transición agroalimentaria del futuro.

En definitiva, esta transición no es solo una necesidad ambiental, sino la mejor oportunidad estratégica para fortalecer la soberanía alimentaria y la revitalización de las zonas rurales de Catalunya.