Negre, el verso libre de la sociedad civil catalana

El expresidente de la Cambra influyó en el destino de la Fira, amenazada por IFEMA y las luchas internas entre Generalitat y Ayuntamiento

Antoni Negro y Villavecchia, presidente de la Cámara de comercio, Industria y Navegación de Barcelona entre 1991 y 2002 Antoni Negro y Villavecchia, presidente de la Cámara de comercio, Industria y Navegación de Barcelona entre 1991 y 2002

Barcelona y Catalunya son empresas colectivas en las que todo el mundo pone lo que buenamente puede. Pero es muy cierto que hay personas que, ya sea porque lo han querido o porque se lo han encontrado, dejan una huella más o menos positiva en aquello que hacen. Una huella, que miraremos de describir en esta sección, que no es mucho de homenaje, pero tampoco de desgarrarlo todo. Al fin y al cabo, todo el mundo hace lo que puede, y el que hace todo lo que puede no está obligado a más.

Antoni Negre y Villavecchia, presidente de la Cambra de Comerç, Indústria y Navegació de Barcelona entre 1991 y 2002, siempre ha sido un verso libre en la sociedad civil catalana. Retirado de la vida activa debido a un desafortunado accidente doméstico que le tuvo en estado de coma inducido durante más de tres meses, influyó decisivamente en el destino de la Cambra, de quién malfiaban las patronales, y en el de la Fira, amenazada por IFEMA y por las luchas internas entre dos instituciones que querían dominarla: la Generalitat de Catalunya de Jordi Pujol, y el Ayuntamiento de Barcelona de Pasqual Maragall.

"Intereses generales no quiere decir "patronales", subrayaba Negre. Y "público" no quiere decir político"

La Cambra, decía Negre, es una institución privada de derecho público que tiene la obligación legal de velar por los intereses generales de la economía y la obligación moral de hacerlo desde la más absoluta independencia. "Generales" no quiere decir "patronales", subrayaba. Y "público" no quiere decir político."

Un mal día, Negre tropezó mientras bajaba la escalera con un jarrón valioso en las manos. Estaban de mudanza. La mujer se lo había pedido y él había aceptado la responsabilidad. Y cuando el presidente aceptaba, lo hacía hasta las últimas consecuencias. Una misión, una vez iniciada, no se abandona. Por lo tanto, el jarrón no se rompió.

Negre es abogado, economista e hijo de una antigua alcurnia de agentes de Cambio y Bolsa de mucho nombre en la Barcelona de los años cincuenta y sesenta. Su hermano Pau, diez años más mayor que Antoni, fue uno de los principales impulsores del hockey hierba en Catalunya. Muerto prematuramente, el estadio de Montjuic lleva su nombre, en homenaje permanente a su legado. Y Pau fue el modelo a seguir.

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Llegado a los sesenta años, y teniendo ya bastante completos sus objetivos como presidente de la química Abelló Linde, Negre consideró la posibilidad de lograr alguna responsabilidad pública. No quería dedicarse a la política, había desestimado presentarse a las elecciones a la presidencia del Barça y tampoco quería quedarse en casa escuchando su magnífica colección de música mozartiana. Consultó su amigo Pere Duran Farell, consultó la familia, consultó probablemente su director espiritual y finalmente decidió presentarse a las elecciones a la presidencia de la Cambra de Barcelona, en un primer intento que resultó fallido.

El motivo fue dramático. A su hija Myriam, la dulce Myriam, se le había declarado una leucemia. Y los Negre se pusieron en marcha. Hoy en día Myriam es una magnífica profesional de la fotografía artística; Cristina, la otra hija, gestiona el patrimonio familiar; Totó Masià (tía de Ramon Masià) cuida del marido y de todo el mundo, y el mundo dispone de una magnífica fundación, Enriqueta Vilavecchia, que proporciona alojamiento y apoyo en Barcelona a las familias de niños y niñas con cáncer. Enriqueta Villavechia es el nombre de la madre de Antoni Negre, muerta de cáncer a los cuarenta años, cuando Antoni todavía era un niño pequeño y desconsolado.

La segunda, una vez Myriam estuvo totalmente recuperada, fue la buena. Negre contra el mundo. A comienzos de los años noventa, el mundo barcelonés estaba dominado por cuatro o cinco personalidades públicas, que incluso mantenían un cierto tira y afloja con el poder político, entonces representado por dos gigantes de la historia política reciente del país: Pujol y Maragall. Eran finales del año 1990. Josep Maria Figueras había presidido la Cambra desde 1979; Josep Lluis Núñez presidía el Barça desde el año 1978; y Enric Reina había presidido la Fira desde 1978, por delegación del presidente de la Cambra. Los tres eran empresarios de éxito del todopoderoso sector de la construcción. Los tres, eran amigos muy cercanos de Enrique Lacalle y Joan Gaspart, el empresario hotelero que se enfrentaba a Negre en aquellas elecciones en la Cambra de abril de 1991. Algunos, hablaban de lobby.

"A comienzos de los 90, el mundo barcelonés estaba dominado por cuatro o cinco personalidades públicas, que incluso mantenían un cierto tira y afloja con el poder político, entonces representado por Pujol y Maragall"

En el juego de las apuestas, Antoni Negre y Villavecchia tenía pues más letras en el apellido que no posibilidades reales de acceder al cargo. No representaba los intereses de las patronales; no era un hombre del Círculo de Economía; no militaba ni en Convergència, ni en Unión Democrática, ni en ninguna parte; no era constructor; tampoco era del Opus a pesar de que alguien lo hacía correr; Pujol se lo miraba más bien con desconfianza (Negre había sido presidente de Banca Catalana, una vez intervenida); Maragall sólo compartía con él cierta ciudadanía sarrianenca...

Aquel hombre, a pesar de las dudas que despertaba en el periodismo más militante (dividido, como todo el país, entre pujolistas y maragallistas), era inclasificable. De hecho, quién le apoyaba? En su equipo, como candidatos a vicepresidentes, Enric Crous y Joan Rosell, un exdirector de Fira de Barcelona de perfil democratacristiano, y un futuro presidente de Fomento y de la CEOE, podían dar tal vez algunas pistas. Pero Rosell acabó renunciando a la candidatura como vicepresidente y conformándose con una vocalia y Negre era amigo de todo el mundo pero no se casaba con nadie. Y como decía Carles Güell de Sentmenat, cuando Negre se propone una cosa, es mejor rogar para que lo logre cuanto antes, mejor.

Organizó un equipo potente de campaña, profesionalizó el reto, y así fue, contra todo pronóstico y contra el grupo de empresarios más poderoso de toda la historia reciente de Barcelona, como aquel exalumno super galardonado de los Jesuitas de Sarrià, aquel melómano que a las séis de la mañana ya estaba levantado y en marcha, mucho antes que amigos y enemigos se hubieran quitado el sueño de las orejas, ganó unas elecciones que tenían que cambiar radicalmente el panorama cameral. Por un solo voto de diferencia, es cierto, pero las ganó. Y las volvió a ganar, esta vez con holgadas mayorías, en 1994 y en 1998. En la última, su oponente, el industrial Josep Maria Pujol (Ficosa), públicamente vinculado al Opus Dei, sólo consiguió 8 escaños de un total de 60. Quedaba claro que Negre no era del Opus.

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Bajo su primer mandato, y con la ayuda inestimable de un director general excomunista que acabó siendo yerno de Pere Duran Farell y director del Fòrum de les Cultures, Negre consiguió consolidar la Cambra como actor relevante del mundo económico catalán.

Una de sus principales victorias desde el punto de vista patrimonial fue obtener el reconocimiento de la propiedad de una de las principales joyas del gótico civil catalán, la Casa Llotja de Mar, hasta entonces legalmente considerada res nullius, sede oficial de la Cambra de Comerç, Indústria i Navegació de Barcelona y utilizada parcialmente por la Academia de Bellas Artes Sant Jordi, donde había estudiado Picasso, que todavía está, y la Bolsa de Barcelona, que entonces presidía Joan Hortalà, que se acabó yendo al Paseo de Gràcia. Para conseguirlo, Negre y Jordi Oliveras se hicieron cargo durante dos años de los gastos del palacete, ante la inacción complacida de los dirigentes de la Bolsa, que se debían pensar que había alguien despistado

Más difícil fue conseguir que los rifirrafes entre Generalitat y Ayuntamiento de Barcelona no acabaran perjudicando seriamente el futuro de Fira de Barcelona. El recinto de Montjuic había quedado antiguo y pequeño. Las Instituciones madrileñas, todas bajo mando del Partido Popular, remaban sin reposo a favor del crecimiento de IFEMA. Y mientras tanto, en Barcelona, la Generalitat luchaba para ampliar la Fira en terrenos del Mas Blau, cerca del aeropuerto de Barcelona, y el Ayuntamiento a favor del Polígono Pedrosa, en terrenos de l'Hospitalet de Llobregat.

"Más difícil fue conseguir que los rifirrafes entre Generalitat y Ayuntamiento de Barcelona no acabaran perjudicando seriamente el futuro de Fira de Barcelona"

La batalla duró años y cerraduras, hasta que el pleno de la Cambra decidió invertir en el Hospitalet, y la Generalitat no se incorporó a los órganos de gobierno de Fira hasta septiembre de 2000, cuando gracias a un pacto histórico entre Pujol y el alcalde Joan Clos, la institución se profesionalizó, la Cambra renunció al poder que tenía, y el empresario Jaume Tomàs, consensuado por todo el mundo, pasó a presidir el nuevo consejo de administración que sustituía el antiguo Comité Ejecutivo.

Junto con Jaume Tomàs, gente de peso como José Manuel Lara, Jordi Clos, Josep Blanchart, Salvador Gabarró, Miquel Valls o Pere Vicens (Vives), contribuyeron a la refundación y, de hecho, a la salvación de una Fira en horas bajas, que hoy en día es uno de los principales motores económicos de Barcelona y el magnífico marco donde celebramos, por ejemplo, el Mobile World Congress. Una renuncia de Negre y la institución que presidía, que resultó providencial.

Antes de esto, Negre y Gaspart, los dos grandes rivales de las elecciones del 91, habían encontrado la forma de hacer las paces, creando una plataforma de promoción económica bastante relevante, Turismo de Barcelona, dependiente en un 45% de la Cambra, otro 45% del Ayuntamiento y un 10% de la Fundación Barcelona Promoción, que a su vez estaba controlada en un 100% por la Cambra de Comerç de Barcelona. Presidente, Joan Gaspart que todavía no había probado el gusto agridulce de la presidencia del Barça, donde tenía que sustituir brevemente a su amigo Josep Lluís Núñez. Como resultado, la institución, comandada por Raimon Martínez Fraile y Pere Duran Vall-Llosera, atrajo un importante volumen de negocio turístico vacacional y de negocios a la ciudad.

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Negre, que también fue presidente del Consell de Cambres de Catalunya y presidente de Eurochambres, la plataforma que reúne unas 1.200 cámaras europeas de Comercio consiguió mantener durante sus tres mandatos la cuota cameral obligatoria, que permitía financiar sin dependencias una importante tarea de apoyo en todo el tejido empresarial, y sobre todo en las empresas más vulnerables. "La principal función de la Cambra es la de redistribuir los recursos generados entre todos", solía repetirme.

Pero en este mundo todo se acaba, y el largo periodo de 12 años de mandato de Negre se vio sustituido por otro largo periodo de 17 años de su muy respetable sucesor Miquel Valls.

 

"Que quede claro que a Negre, cuando le confiaban un jarrón valioso, nunca lo dejaba caer"

Otros tiempos, otros retos y otros problemas.

Pero quede claro que a Negre, cuando le confiaban un jarrón valioso, nunca lo dejaba caer.

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