Con unos beneficios netos de 402 millones de euros en 2025, un 156% más que en 2024, y mejoras en la calificación crediticia de agencias como Standard & Poor’s (S&P), Fitch o Moody’s Ratings, Grifols afrontaba el inicio de 2026 con un optimismo renovado. El caso de Gotham City, aunque continúa abierto en los tribunales, queda lejos; la inversión de 160 millones de euros en la nueva planta de Lliçà de Vall demuestra confianza a largo plazo, y una cabecera como Forbes recoge la multinacional catalana como una de las 100 compañías con mejor reputación empresarial en el Estado en 2025.
Pero entre sonrisas y rostros aliviados, una preocupación permanece inalterada: la deuda. La gran causa de la debacle económica de la firma de hemoderivados años atrás, cuando se llegó a alcanzar una ratio de apalancamiento del 6,7x, es todavía hoy la prioridad máxima del consejo ejecutivo liderado por Nacho Abia. “Ahora mismo, la situación financiera de Grifols es delicada”, confirma el director del Máster Universitario en Finanzas y Banca en la UPF Barcelona School of Management (UPF-BSM), Xavier Brun. En el ejercicio de 2025, la empresa redujo la ratio del 4,6x al 4,2x gracias al incremento de ingresos y a la reducción de los costes financieros, pero la cifra continúa muy por encima de los baremos recomendados. Es así que, junto con una refinanciación de 2.000 millones de euros de dos préstamos que vencían en 2027, Grifols ha anunciado este marzo el gran movimiento: la salida a bolsa de una “participación minoritaria” del negocio de Biopharma en los Estados Unidos. Y no es poca cosa: hablamos del gran núcleo del negocio de la compañía catalana en su principal mercado mundial.
La misma compañía ya dejaba claro en su comunicado la intención principal de esta decisión: captar grandes volúmenes de capital que puedan utilizarse para reducir la deuda e incrementar la inversión en “mercados clave” para la autosuficiencia. Para Brun, este movimiento puede suponer un “punto de inflexión en la situación financiera” de Grifols, ya que permitiría “aliviar el endeudamiento”. Y no solamente, sino también los costes financieros, porque una deuda menor ayudaría a “mejorar las valoraciones de las agencias de rating”.
No es la primera vez que una compañía internacional del sector de la salud hace un movimiento similar: en 2013, la farmacéutica estadounidense Pfizer independizó su filial de salud animal, Zoetis, con una oferta pública de venta (OPV); diez años más tarde, Johnson & Johnson replicaría la estrategia con la salida a bolsa de la antigua división de productos farmacéuticos de consumo, ahora conocida con el nombre de Kenvue. Ambos movimientos lograron un efecto adicional: impulsar la valoración de la nueva compañía escindida, ahora más enfocada en un sector concreto y sin el lastre de la deuda que cargaban las matrices.
En esta línea, Brun defiende que la OPV ayudaría a revalorizar el negocio en Estados Unidos, y como la intención es que Grifols mantenga un control alto de la nueva filial (el experto calcula que se podría poner en el mercado entre un 20% y un 25% de la compañía), también daría impulso a la cotización de la matriz. El profesor de la UPF-BSM lo compara con el caso de Ferrari del año 2015, cuando el grupo Fiat Chrysler Automobile (FCA) decidió sacar a bolsa la marca italiana para elevar su valoración a valores reales. “Es pura aritmética”, asevera Brun.
Estados Unidos, el mercado por antonomasia
La decisión de limitar la salida a bolsa solo a Estados Unidos responde al peso que este país tiene dentro del negocio de Grifols en particular y dentro del sector a escala internacional. Y es que los EEUU son el gran suministrador mundial de plasma, con un 60% de las reservas internacionales, un hecho que tiene una doble explicación detrás. “En Estados Unidos, un ciudadano americano solo puede tomar proteínas plasmáticas si su origen es americano”, remarca Brun. A esta condición -que no se replica en Europa, donde los países sí que pueden importar plasma del extranjero- se le suma un segundo factor: “Estados Unidos es uno de los pocos países, junto con Alemania, en que al donante de plasma se le paga dinero”. Con un pago de entre 50 y 80 euros por donación y la capacidad de poder acudir cada dos semanas, los incentivos para sacarse un sobresueldo se multiplican en el país norteamericano.
Este contexto, en el que se incentivan profundamente las donaciones de plasma y en el que el consumo debe ser autóctono, es la razón por la cual, de acuerdo con Brun, Grifols identificó a Estados Unidos como mercado prioritario para su negocio. “Vieron que no podían quedarse atrás”, subraya el experto, quien identifica la compra de Talecris Biotherapeutics por 2.800 millones de euros en 2011 como el momento clave de la compañía catalana en el país, donde se convirtió en primera operadora del sector. Una posición que se refleja en los estados contables: de acuerdo con los resultados de 2025, Estados Unidos y Canadá proporcionaron unos ingresos netos a cambio constante de 4.390 millones de euros, el 56,88% del total de ingresos netos de Grifols. La Unión Europea en conjunto representa un 20,92%, con 1.614,37 millones, mientras que el resto del mundo es el responsable de otro 22,2%, con 1.713,36 millones.
Solo en Estados Unidos, Grifols controla más de 300 centros de donación de sangre y de plasma en 40 estados, responsables de más del 70% de la capacidad de recogida que tiene la compañía en el país. En el ámbito de la producción, la multinacional catalana tiene dos grandes plantas de fabricación en Clayton (Carolina del Norte) y Los Ángeles (California) -la primera de ellas celebró el 50º aniversario en 2024-, que por sí solas representan el 65% de la capacidad mundial de fraccionamiento y purificación de plasma de la empresa. Sumados a los equipos comerciales, Grifols tiene un modelo de negocio totalmente integrado verticalmente en Estados Unidos, capaz de operar de manera autónoma con una plantilla que supera los 14.000 trabajadores.
Grifols tiene un modelo de negocio integrado verticalmente en EE.UU, con dos grandes plantas de producción, más de 300 centros de donación de sangre y plasma y más de 14.000 trabajadores
Evidentemente, esta infraestructura no ha surgido de la noche a la mañana. Los primeros contactos de la empresa de hemoderivados con el país norteamericano comienzan en 1960, año en que los entonces llamados Laboratorios Grifols cerraron un acuerdo con la empresa Dade Reagents, dirigida por el hematólogo John Elliot, para comercializar los productos de la catalana en EEUU. Este fue el punto de inicio de una historia con importantes hitos: en 1995, Grifols se convirtió en la primera empresa española en conseguir una licencia de la Food and Drug Administration (DFA) con la albúmina; en 2002, amplificó su capacidad de recaudación con la adquisición de SeraCare -hoy llamada Biomat-, que controlaba 43 centros de donación de plasma, y el año siguiente, con la compra de los activos de Alpha Therapeutic Corporation-Mitsubishi, sumó la planta de fraccionamiento de plasma de Los Ángeles. En 2009, la multinacional puso en marcha en Glendale (Arizona) la Grifols Academy of Plasmapheresis para formar trabajadores en el sector del plasma, y en 2011, con la ya mencionada compra de Talecris Biotherapeutics, comenzó a cotizar en el Nasdaq y se convirtió en el tercer fabricante mundial de medicamentos derivados del plasma.
El predominio del negocio de Biopharma
Pero más allá del entorno geográfico donde se producirá la OPV, también cabe destacar que el movimiento se limitará al área de negocio de Biopharma, una de las cuatro divisiones principales del organigrama de Grifols. En concreto, Biopharma, es la unidad que se encarga de la investigación, el desarrollo, la producción y el marketing de los productos farmacéuticos derivados del plasma, el sector donde la firma reina como tercer productor mundial. La división de Diagnóstico, en cambio, se enfoca principalmente en la medicina transfusional, los servicios de análisis y el diagnóstico clínico, soluciones que se ofrecen principalmente a hospitales, farmacias y profesionales de la salud. La tercera área es Bio Supplies, que es la encargada de recolectar los materiales de los centros de donación de sangre y de plasma que la firma tiene en Europa y en Estados Unidos, y que son los que utilizan las secciones de Biopharma y Diagnóstico. Finalmente, la última división es la de Healthcare Solutions, en la cual se confeccionan y comercializan productos y servicios para hospitales, como soluciones intravenosas, tecnología de automatización, formulaciones de nutrición clínica o dispositivos médicos diversos.
Sin embargo, de todas ellas, Biopharma es, con gran diferencia, el núcleo del negocio de Grifols. En el año 2025, esta área reportó unos ingresos netos a cambio constante de 6.658 millones de euros, un 86,27% de la facturación de la compañía. El área de Diagnósticos, la siguiente con más volumen de ventas, registró 654 millones (8,47%), mientras que Bio Supplies anotó 154 millones (2,07%) y la sección “Otros e intersegmentos” se quedó en 245,98 millones (3,18%).
La división de Biopharma es responsable del 86,27% de los ingresos netos a cambio constante de Grifols en 2025, con 6.658 millones de euros
Si entramos más en detalle, encontramos que Grifols comercializa a través de Biopharma toda una serie de productos desarrollados a partir de los componentes biológicos que se extraen del plasma de la sangre. Las soluciones aprobadas varían en función del país: en el Estado español, Grifols puede comercializar 21 productos, mientras que en los Estados Unidos tiene aprobados dieciocho.
De las varias áreas médicas donde se pueden aplicar estas soluciones, la más prolífera es la hematología, la rama que estudia enfermedades de la sangre. Aquí, Grifols comercializa medicamentos para tratar hemofilias (deficiencias genéticas que impiden que la sangre coagule correctamente), la trombocitopenia inmune (un trastorno autoinmunitario que hace que el propio cuerpo destruya por error las plaquetas) o deficiencias hereditarias de antitrombina (la proteína que previene el exceso de coágulos sanguíneos).
Las inmunoglobulinas (Ig) recogidas en el plasma son el componente principal de los tratamientos de inmunología, un campo que busca ayudar a personas con sistemas inmunitarios debilitados que no pueden combatir correctamente las infecciones. En concreto, el uso de Ig hiperinmunes ayuda a dar protección inmediata en casos de exposición a enfermedades como la rabia, el tétanos, la hepatitis A o la hepatitis B. Por su parte, la albúmina, que es la proteína más abundante en el plasma, se utiliza en hepatología y cuidados intensivos para recuperar el volumen circulatorio de la sangre y la pérdida de proteínas en casos como la cirrosis hepática, la insuficiencia cardiocirculatoria, los traumatismos o las quemaduras graves.
Los productos derivados del plasma de Grifols se enfocan en áreas médicas diversas como la hematología, la inmunología, la hepatología, la neurología o la neumología
Ambos componentes tienen aplicaciones también en el campo de la neurología: las inmunoglobulinas, para tratar la polineuropatía desmielinizante inflamatoria crónica; y en el caso de la albúmina, se está investigando si puede ser útil en el tratamiento del alzhéimer. Finalmente, en el campo de la neumología, el inhibidor de la proteinasa alfa-1 antitripsina (AAT) se usa en trastornos genéticos que provocan su déficit, una de las causas principales de afecciones como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).
Revalorización del negocio y enjugar la deuda
Así, se suman la principal área de negocio de Grifols en su mercado prioritario, los Estados Unidos, en el que dispone de una infraestructura plenamente integrada verticalmente. Una triple combinación que eleva las perspectivas económicas de la nueva compañía, que ya se ha avanzado que tendrá un consejo de administración, equipo directivo y estructura de gobierno corporativo propios. Mientras tanto, la empresa matriz continuará cotizando en el Estado español y gestionará las operaciones en España y en el resto de países donde está presente -en los resultados de 2025 ya se remarcaba especialmente “la autosuficiencia” de los modelos de negocio en Canadá y Egipto-.
¿Las incógnitas? Conocer el porcentaje de participación que cotizará en la bolsa estadounidense -que Brun sitúa en torno al 20% al 25%-, la valoración económica que se hará -la deuda que se quiere enjugar es de 4.000 millones de euros- y el calendario que lo regirá todo. Una macrooperación que, si tiene éxito, se convertirá en una verdadera panacea para el dolor de cabeza crónico que la empresa ha sufrido en el último lustro.